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viernes, 15 de agosto de 2014

SUSTENTO EPISTEMOLÓGICO PARA UN PROGRAMA DE PSICOLOGÍA EN COLOMBIA

Por: Jairo Báez

Esta propuesta curricular que ha previsto la imposibilidad actual de unificar la psicología en torno a un solo discurso, asume entonces que la crítica ha de ser el único derrotero. Tal como ha sido el legado de Kant, si hay lugar para la poner en evidencia la importancia de la razón pura, es en el ejercicio de la práctica humana. La razón, en su dictamen ético, será la que decida finalmente, si un discurso psicológico cualquiera ha de imponerse a los demás o si, en lo prematuro de una ciencia nueva como lo es la psicología, los debates racionales y la reflexión continua sobre lo hecho, deben ser la guía ineludible para sostener y encontrar una práctica que cumpla con el postulado de un imperativo categórico. 

En el imperativo categórico, como ideal que debe concretizarse en una práctica, el bien individual habrá de identificarse con el bien social; pues, no es posible pensar un acto ético de un sujeto, que se precie humano, que pueda causar daño siquiera a uno solo de los implicados en los actos de humanización. Por ello, la propuesta curricular estriba en el desarrollo y cultivo de la razón de la comunidad académica; la razón de cada uno de los sujetos implicados en el acto pedagógico (docentes, estudiantes y personal académico-administrativo). 

Saber razonar, ocasiona un actuar asegurado en la crítica; por tanto, el esfuerzo continuo desde lo formal y lo informal del currículo, para que sea el argumento lógico, en su expresión verbal y escrita, el que proteja el ejercicio profesional del psicólogo que egresa de este programa y el ejercicio de formación de nuevos psicólogos capaces de superar el estado actual de la psicología y las prácticas sociales de un país que ha sido denunciado por sus falencias sociales. En contraposición, las prácticas de fe y del dogmatismo autoritario serán motivo de incesante reflexión y detección, evitando así, el anquilosamiento de un programa que amerita estar siempre al tanto de dar solución a infinidad de problemas y conflictivas que emergen en el seno de las relaciones sociales y la existencia humana.

Soportado el currículo del programa desde el imperativo categórico kantiano, la comunidad académica no solo se precia de mostrar sujetos en su carácter profesionalizante, sino también en su capacidad de crear y actuar como seres íntegros, que respondan  a las exigencias contemporáneas de dar lugar a una sociedad que brinde bienestar a todos los asociados. 

No son los contenidos recitados sino las prácticas devenidas de los discursos, que se imparten en los diferentes espacios académicos, los que se ponderan en esta apuesta para formación de psicólogos competentes para enfrentar las vicisitudes del vivir como sujeto y en comunidad. La perdurable revisión y contrastación de los discursos impartidos en el currículo, tanto al interior como al exterior del mismo y del programa de psicología, motivan el acercamiento a otras disciplinas académicas y prácticas sociales, para así mantener el propósito de sostener una propuesta curricular siempre actual y efectiva con lo acá planteado. Esto dice y señala mucho del espíritu investigativo que debe acompañar la formación de nuevos psicólogos.

jueves, 7 de agosto de 2014

A PROPÓSITO DE LOS CUADERNOS DE HIROSHIMA DE KENZABURO OÉ

Por: David Parada
Sin duda cuando uno se enfrenta a una realidad cargada por la guerra y la muerte busca la voz y la mirada que ordenan y aprueban la destrucción sin sentido. Resulta inútil en esta tarea buscar y encontrarlo en los dirigentes de un país, en los noticieros, en las redes sociales o incluso en las víctimas, estas últimas más que querer poner en el espectáculo una escena horrorosa se encuentran atrapadas por la perplejidad y la urgencia de sanar las heridas causadas por el déspota que dejó tan gran herida con cicatrices para toda la vida. En esa medida solo después, mucho después, podrá hablarse de las dantescas escenas que el delirio por el poder deja como sombra sobre el yo, y quienes preocupados por esa oscuridad que habita en el hombre y que cierne sobre sí mismo van a intentar explicarlo, topándose con que hacen un libro sobre ello. A Kenzaburo Oé escritor japonés nacido en 1935 le sucedió con sus Cuadernos de Hiroshima publicados en el 2011.
Este escritor se dedica entre 1964 y 1965 a desenrollar de una gran madeja los hilos para resolver su pregunta sobre los efectos de la bomba nuclear no solo en los japoneses sino en la humanidad entera. Cuerpos pulverizados literalmente, sin cuerpo sobre el cual llorar su muerte es lo que más impacta de las escalofriantes escenas que va relatando Oé, quién aunque intenta respetar el silencio que muchas víctimas han reclamado por su situación y que no quieren que sea politizada, le parece también que el silencio total no es posible sobre todo cuando sabe que su vida personal fue afectada por el fantasma nuclear, uno de sus amigos se suicida por el miedo delirante que le causaba volver a vivir un impacto nuclear.
Cuenta todas las escenas de desesperanza y parálisis que la bomba dejó en los japoneses, un personaje central es aquel médico intentando revertir y curar esa enfermedad llamada bomba nuclear, en la que veía como las células se deformaban, mutaban y provocaban la muerte repentina de las personas sin tener un tratamiento para ello. Se decía que luego de esto la hierba no volvería a crecer durante por lo menos 75 años, y es aquí donde Kenzaburo pone su grito de crítica a los verdugos de este acto; dice que la moralidad del Japón siempre fue y será distinta a la occidental y estadounidense, dice que para el japonés la palabra moralidad en el sentido que se le daba en la antigüedad japonesa traducía: “ comentarista de la vida humana”, y siente que los japoneses son eso, y en cierta medida tiene razón dado que el hecho vivido allí deja en claro que son las víctimas de esta bomba las que pueden dar cuenta de la moralidad humana en un sentido que toca al más vil y falso de los humanismos, que muestra como a la fuerza y bajo el traumatismo, el Otro déspota, intenta inscribir significantes que con el tiempo tomarían el semblante de la energía nuclear, ya no de bomba. Cuenta Oé que los diarios y de por sí el lenguaje caligráfico no lograba inscribir las palabras “radioactividad” y “bomba atómica” para comunicar lo que había caído en Hiroshima, no había letra solo la Cosa. Afortunadamente la hierba volvió a crecer.
Descrito los eventos más ominosos el autor nos deja la duda de sí esta huella nuclear coincide con la locura desbordada de aquellos que decían ser los más dignos ejemplos de humanidad, si es posible con el resistirse a olvidar y no analizar poder aplacar la voz del delito en el nombre del poder, y si es posible mirar hacía un pasado que aún no deja de hablar en los cuerpos de personas que padecen del fantasma de las bomba nucleares, esos monstruos que con su irascibilidad dejaron en la humanidad un tufo de melancolía que se expresa en el poco interés por acceder a un Otro capaz de responder a lo que Kenzaburo Oé se pregunta sin preguntar en el título de uno de sus libros: Dinos como sobrevivir a nuestra locura.

jueves, 24 de julio de 2014

ELLA Y ÉL: AQUELLOS

Por: Sergio Malagón P.

Él

Un día cuando volvía a su casa, por primera vez la vio. Estaba sentada en la sala con las piernas abiertas, llevaba una minifalda y un saco negro, su cara lívida se escondía tras un velo oscuro y sus piernas eran largas y famélicas. No le pareció extraño verla sentada a ella en sala de su casa, siguió a su habitación y luego volvió a la sala pero ella ya no estaba. En la noche se preguntó a si mismo cuál era la razón de no haberle hablado a aquella mujer que lo esperaba la sala y luego pensó que ni siquiera le había preocupado el hecho de una mujer extraña a quien no conocía hubiese podido entrar a su casa. La cual cuando él llego seguía cerrada con llave como cuando salió por la mañana.

Otra tarde, de esas tardes de agosto cuando el viento juega con los árboles y las hojas se estremecen hacia el suelo con vehemencia, la volvió a ver, esta ella sentada en la sala de su casa, en la misma posición de la vez pasada, con su velo que le cubría toda la cara, esta vez quiso hablarle pero apenas pronuncio un simple “hola” ella lo miro como si no hubiera nada, como mirando a través de él. En ese instante el semblante de él cambio y temió importunarla con sus palabras así que se calló y siguió a su habitación pero cuando volvió a la sala ella ya no estaba.

Días pasaron persiguiéndose siempre con la misma cara larga y otra vez más la volvió a ver. En el retrovisor de su carro cuando él se disponía a volver de su trabajo a la casa. No le preocupo preguntarse cómo había entrado ella al carro, incluso se alegró de tener compañía camino a casa. Él se armó de valor para invitarla a pasar a su casa pero cuando volvió a mirar el retrovisor ella ya no estaba,  solo había una rosa negra con pétalos  inmarcesibles en el asiento trasero.

Ella

Un día cuando volvía a su casa, por primera vez lo vio. Estaba sentado en la sala con las piernas cruzadas, llevaba un pantalón  y un saco negro, su cara lívida se escondía tras un sombrero oscuro y sus piernas eran largas y delgadas. No le pareció extraño verlo sentado a él en sala de su casa, siguió a su habitación y luego volvió a la sala pero él  ya no estaba. En la noche se preguntó a si misma cuál era la razón de no haberle hablado a aquel hombre que la esperaba la sala y luego pensó que ni siquiera le había preocupado el hecho de un hombre extraño a quien no conocía hubiese podido entrar a su casa. La cual cuando ella llego seguía cerrada con llave como cuando salió por la mañana.

Otra tarde, de esas tardes de agosto cuando el viento juega con los árboles y las hojas se estremecen hacia el suelo con vehemencia, lo volvió a ver, estaba él sentado en la sala de su casa, en la misma posición de la vez pasada, con su sombrero que no permitía ver los rasgos de su cara, esta vez quiso hablarle pero apenas pronuncio un simple “hola” él la miro como si no hubiera nada, como mirando a través de ella. En ese instante el semblante de ella cambio y temió importunarlo con sus palabras así que se calló y siguió a su habitación pero cuando volvió a la sala él  ya no estaba.

Días pasaron persiguiéndose siempre con la misma cara larga y otra vez más lo volvió a ver. En el retrovisor de su carro cuando ella se disponía a volver de su trabajo a la casa. No le preocupo preguntarse cómo había entrado él al carro, incluso se alegró de tener compañía camino a casa. Ella se armó de valor para invitarlo a pasar a su casa pero cuando volvió a mirar el retrovisor él ya no estaba, solo había una rosa negra con pétalos inmarcesibles en el asiento trasero.

Aquellos

Él soñó con el cuerpo de ella, ella con el cuerpo de él, nunca se habían visto a la cara pero se imaginaban, divagaban sobre sus rasgos y nunca se les pasó preguntarse porqué se aparecían de traje negro.

Ella como tentando al destino esa noche, cogió una de sus cajas de antidepresivos, saco todos los que habían y con una copa de whiskey se los mando adentro.

Él como tentando al destino esa noche, cogió una de sus cajas de antidepresivos, saco todos los que había, los contempló, no cabían en su puño, sin tomar nada se los tragó uno por uno.

Ella saco de su armario un viejo vestido que había usado en el entierro de su madre, era una minifalda negra con una blusa negra,  un saco y un velo.

Él abrió su closet busco entre toda su ropa algo elegante, se encontró un viejo traje que había usado para el entierro de su padre, este traje era negro con pantalón y chaqueta y un sombrero que tapaba los rasgos de su cara.

Mientras aún tenían consciencia aquellos salieron de sus casas, tomaron sus autos, llegaron a algún bar y se esperaron sin nunca llegar. Cuando la campana de la iglesia marco las doce fueron al puente más cercano. Se detuvieron, miraron la luna como si nunca la hubieran mirado, sintieron  ganas de aullarle, estaba excelsa en el firmamento, pusieron algo de buena música en sus carros quizá  Blues y miraron la luna por alguna extraña razón sintieron París. Luego de un rato miraron al fondo. Un caudaloso rio de imponte caudal se abalanzaba debajo, miraron por todos lados, la noche estaba fosca y no había nadie, pensaron aquellos de pronto en el silencio que respiraban los árboles, la noche y la ciudad. Nadie preguntaría por aquellos así que decidieron saltar.

Al otro día un titular de un periódico que yo estaba leyendo decía: “Pareja se  ha suicidado”.

Leí la noticia sin mucha atención  y decía algo así:

Esta mañana oficiales encontraron en la orilla del rio dos cadáveres. Se presume que aquellos eran una pareja. La autopsia revelo agua en sus pulmones y además una cantidad elevada de antidepresivos en sus estómagos. No se tiene ningún dato de quienes eran aquellos, no poseían ningún documento de identificación y no había registro alguno de sus huellas digitales.


¡Ah! Y además decía que junto con ellos se encontró una extraña rosa de color negro que abría sus pétalos a la vida.

viernes, 4 de abril de 2014

LA MUJER Y EL SISTEMA DE PRODUCCIÓN

Por: Jairo Báez

¿Qué hay en la mujer, que termina siendo, definitivamente, el imperio y decisoria de los imperios?; esto es, quien define todo el proceder humano. Ningún sistema de producción es ajeno al imperio de la mujer sobre el poderoso, sobre aquel que tiene facilidad de acceso a lo preciado y el deseo de los necesitados en cualquier sistema de producción; la mujer, en convergencia directa con eso indescifrable, la belleza, termina por ser eso fundamental que decide en todo sistema de producción hasta ahora concebido. 

Los hombres, en su condición de portadores y sostenedores del sistema, sucumben ante el poderío de la mujer que atrae con su belleza; belleza que, muy y a pesar de lo que se ha dicho y se diga, en términos de la subjetividad que la concibe, pueda ser ubicable en toda mujer y por el hecho de ser mujer; no se está enunciando acá la feminidad, la sexualidad, ni tampoco la maternidad que acompaña a la mujer, sino la esencia misma de la mujer y cuyo único referente es su belleza.

 Esencia de la mujer que hasta ahora se opone a todo lo demás existente y le da su calidad de objeto a, para todo hombre y nadie ni ningún objeto puede usurpar; esencia de la mujer que hace mantener un sistema de producción o desintegrarlo lenta o rápidamente.  Esa belleza solamente propia de ella y de la cual Platón solo dio los primeros pasos en su ubicación y concepción.


¿Cuál es, por excelencia, la esencia misma de la mujer? La pregunta apunta a la atracción que ejerce sobre el hombre y que lo obliga a arriesgar su vida y la vida misma de la mujer, en su afán de posesión. Necesariamente, esa atracción o esencia ha de superar el deseo sexual y la aptitud a la maternidad pues estas quedan rápidamente rebasadas y puestas en entredicho como lo fundamental de lo que implica el ser mujer. 

Se podría pensar en la belleza; pero en una belleza muy singular y muy propia a ella que se mantiene aún en total misterio. Sin embargo, decir belleza y decir atracción sería lo mismo y, en tal sentido, todo objeto cuenta con su belleza particular y hoy, lo que nos convoca es la atracción única y propia de la mujer.

Qué sea el remanso del sufrimiento del hombre, el aquietamiento del mal sufrido queda en vilo, pues se podría decir que la atracción de la mujer pasa por el sufrimiento redivivo de él. Podría acaso ser su volubilidad en el carácter que la hace cambiar tan rápidamente de opinión y proceder, pasando del amor al odio, de una acción a otra totalmente contraria; señalar los defectos menos sospechados de alguien o algo para luego ensalzarle en determinadas condiciones, no fácilmente discernibles, acentuados dotes que difícilmente otro pueda detectar.

Si es veraz que del amor al odio no hay sino un paso, en el caso de la mujer solo existe medio.  

martes, 25 de marzo de 2014

ÉL/LA MUERTE

Por: David Parada


Precipitadamente viene a la cabeza un cuerpo tendido en el pavimento paralizando el ritmo de un tráfico denso. 

Ella era, fue, estuvo, no está, a donde irá?

Precipitadamente viene a la visión un cuerpo anciano, cansado y  sentado sobre una silla.

Él era, fue, estuvo, no está, a donde irá?

Precipitadamente viene  al cuerpo mismo  el terror de fragmentación de un doble, un espejo, otro.

¿Era yo en él, a dónde podría irse, dónde estaba, ya no está, a dónde irá?

Ahora disminuye su afán y se me va mostrando como un elogio a otro cuerpo, uno momificado, enaltecido como ídolo de lo inmortal.

¿Éramos todos puestos en él, fue rey, estuvo en un altar, está y no está ahora, irá?

Con la misma velocidad  se prende la imagen quieta y discreta de una calavera, con sus dientes burlones y la vacía bóveda craneana que ya no sostiene aquella redondez carnosa que miraba.

¿Era su mirada, fue anónima ahora, estuvo mirando no sé qué, ya no está mirando, dónde irá su mirada?

Toma ritmo este discurrir, ya no precipitadamente pero tampoco con la velocidad que lo caracterizaba, entonces él y la se unen en  élla, pero ello también se manifiesta  y se parece a un humo negro que se opone  al blanco humo del palo santo que élla trae.
 
Se esfumó, fue olor también, estuvo a la mirada y se tornó invisible, ¡no está!, ¿dónde irá?

Ahora tiene tiempo para seducir a un hombre  a punto de vaciar con una ráfaga de pólvora  su cabeza, se torna lenta, parsimoniosa, y la tensión de la escena  solo rescata ese encuentro entre él y élla en un beso.

Era el beso de la muerte, fue también el beso de la liberación, estuvo en bocas de carne que ya no están, ¿a dónde irá ese beso sin un cuerpo que lo sustente? 

Por fin llega a un  estado de parálisis y la escena que viene a cobrar ese lugar paralitico es un corazón, el sagrado corazón de Jesús, que en él sigue bombeando, lo único en movimiento, vivo, que se siente como tal hasta que la epifanía se hace El/la, se divide y las manos abiertas de Jesús se vuelven piernas con una gran herida en el centro  atravesada por una llama flameante que le recuerda su falo, cuando condensa esta imagen,  élla como muerte le revela la verdad de  la vida, reconociendo que alguna vez era un viviente plenamente, que fue atravesado por un artificio de un brujo del don y que de ahí en adelante estuvo condenándolo a su pérdida,  condena en la que ya no quiere estar  e irá hacía élla, la muerte, con la sospecha de que allí se reencontrará con lo perdido como respuesta al sufrimiento de vivir.

lunes, 10 de febrero de 2014

CARTA DE RENUNCIA DE UN ESTUDIANTE DE POSGRADO

Por: Gene Bunin

Tomado de la Revista : LA HOJA DE ARENA


Querida Escuela Politécnica Federal de Lausana:

Les escribo para decirles que después de cuatro años de duro pero agradable trabajo de doctorado en esta escuela, tengo la intención de abandonar mi tesis en enero, tan sólo a unos meses de terminarla. Originalmente había pensado dirigir esta carta sólo a mis tutores. Sin embargo, mientras la escribía me di cuenta de que el mensaje de ésta puede ser pertinente para cualquier persona involucrada en la investigación y así he ampliado su alcance un poco. En concreto está dirigida a estudiantes de posgrado, investigadores postdoctorales, investigadores de alto nivel y profesores, así como para la gente en los más altos niveles de la administración de la escuela.

Les escribo para decirles que después de cuatro años de duro pero agradable trabajo de doctorado en esta escuela, tengo la intención de abandonar mi tesis en enero, tan sólo a unos meses de terminarla. Originalmente había pensado dirigir esta carta sólo a mis tutores. Sin embargo, mientras la escribía me di cuenta de que el mensaje de ésta puede ser pertinente para cualquier persona involucrada en la investigación y así he ampliado su alcance un poco. En concreto está dirigida a estudiantes de posgrado, investigadores postdoctorales, investigadores de alto nivel y profesores, así como para la gente en los más altos niveles de la administración de la escuela.

Antes de continuar quiero ser muy claro acerca de dos cosas. En primer lugar, no todo lo que voy a decir aquí es de mi experiencia de primera mano. Mucho también se basa en las conversaciones que he tenido con mis compañeros, con gente fuera de la EPFL y refleja tanto sus experiencias como la mía. En segundo lugar, ninguna de las declaraciones negativas que hago en esta carta deben ser tomadas como ataques personales por ninguno de sus lectores. No es mi intención demonizar a nadie, ni apuntar a individuos específicos. Voy a añadir que, tanto aquí (en la EPFL) como en otros lugares, he conocido a algunas personas excelentes y no me atrevería – ni ahora ni en cien años – a acusarlos de lo que escribí en el párrafo anterior. Sin embargo, el miedo y la sospecha es que estas personas son pocas, y que son ellas quienes están siendo marginadas por un sistema, que alimentándose de nuestras debilidades humanas innatas, se está saliendo rápidamente fuera de control .

No sé cuántos de los estudiantes de doctorado que leen esto han entrado en sus programas de doctorado con el deseo de realmente aprender y de alguna manera contribuir a la ciencia de una manera positiva. Personalmente yo sí lo hice. Si tú también lo hiciste, entonces probablemente compartes por lo menos alguna de las frustraciones que voy a describir a continuación.

Academia: No es ciencia, es negocio

Voy a comenzar con la suposición de que el objetivo de la ciencia es la búsqueda de la verdad para mejorar nuestra comprensión del universo que nos rodea y de alguna manera utilizar ese entendimiento para llevar al mundo hacia un futuro mejor. Al menos esa es la propaganda con la que hemos sido alimentados desde jóvenes y esa es por lo general la propaganda que las universidades que hacen investigación emplean para ponerse en un terreno moral elevado, para decorar sus páginas web y para reclutar a jóvenes ingenuos como yo.

También voy a suponer que con el fin de encontrar la verdad, el requisito básico es que uno como investigador tiene que ser brutalmente honesto, sobretodo con uno mismo y con la calidad del trabajo propio. Aquí uno se encuentra inmediatamente con una contradicción, pues tal honestidad parece tener un papel muy secundario en la agenda de la mayoría de las personas. A poco tiempo de adentrarse en el mundo académico, se aprende que el ser “demasiado honesto” sobre el trabajo propio es algo malo y que mencionar las deficiencias de tu investigación “muy abiertamente” es un gran paso en falso. En cambio, se te enseña a “vender” tu trabajo, a preocuparte de tu “imagen”, y a ser estratégico en tu vocabulario y donde tienes que utilizarlo. Se da preferencia a una buena presentación sobre un buen contenido – una prioridad que, aunque comprensible a veces, ahora ha ido demasiado lejos. La forma “malvada” de hacer contactos (véase, por ejemplo: click ) parece estar alentada abiertamente. Con tantos aspectos comerciales de que preocuparse, es realmente sorprendente que de hecho algo de investigación se siga haciendo estos días. O tal vez no, ya que son precisamente los aún ingenuos estudiantes de doctorado quienes hacen casi todo.

Academia: “Trabaja duro, joven padawan, para que algún día tú también puedas dirigir tu propio laboratorio”

A veces me resulta tanto divertido como aterrador que la mayoría de la investigación académica en el mundo en realidad se está haciendo por gente como yo, que ni siquiera tenemos un doctorado. Muchos investigadores, de quienes se esperaría que fueran los que empujaran la ciencia hacia adelante con sus décadas de experiencia, hacen sorprendentemente poco y sólo se aparecen para administrar a sus estudiantes, quienes se matan como esclavos en artículos que después son firmados por sus tutores en una especie de “cuota” por haberse tomado el tiempo de leer el documento (a veces, en casos particularmente desesperados, pueden incluso tratar de robar el lugar del primer autor). Rara vez me entero de tutores que realmente revisen todo el trabajo de sus estudiantes con todo rigor y detalle; la mayoría parece haber adoptado el enfoque de “si se ve bien, podemos enviarlo para su publicación”.

Además de sentir la gran injusticia de todo esto – a los estudiantes, quienes hacen el verdadero trabajo, se les paga sorprendentemente poco, mientras que a los tutores se les paga muy bien – el estudiante de doctorado a menudo se queda pensando si sólo está haciendo ciencia hoy para después poder ocupar los puestos administrativos de sus tutores. Lo peor es cuando un estudiante de doctorado que quiere quedarse en la academia acepta esto y comienza a jugar del otro lado de la mesa. Todos los estudiantes de doctorado que lean esto, inevitablemente conocerán a alguien con la mala suerte de haber encontrado un tutor que ha aceptado este tipo de dinámica y que ahora está aplicándola en sus propios estudiantes – obligándolos a escribir artículo tras artículo y a trabajar cantidades ridículas de horas para que el asesor pueda avanzar en su carrera o, como con frecuencia pasa, para obtener la permanencia definitiva. Esto es inaceptable y tiene que parar. Y sin embargo, mientras escribo esto me acuerdo de cómo la EPFL ha establecido su propio sistema de permanencia definitiva no hace mucho tiempo.

Academia: La mentalidad de cabeza

Un aspecto muy triste de todo el sistema académico es la cantidad de autoengaño que ocurre, la cual es una “habilidad ” que muchos de los nuevos reclutas son obligados a dominar desde el principio. Como muchos estudiantes de doctorado no pueden elegir su tema de investigación, se ven obligados a adoptar lo que sus asesores hacen y a crear “algo original” con ello para que algún día eso pueda llegar a convertirse en una tesis. Todo esto está bien y es aceptable cuando el tema es realmente interesante y tiene potencial. Personalmente, tuve la suerte que este fuera el caso para mí, pero también sé de bastante gente que, después de haber recibido su tema, se dieron cuenta de que la dirección de su investigación era de importancia marginal y no tan interesante como les fue vendido por su tutor.

Esto parece dejarle al estudiante un ultimátum desagradable. Obviamente decirle al asesor que la investigación no es prometedora u original no funciona – el asesor ya ha invertido mucho de su tiempo, reputación y trayectoria en el tema y no será convencido por alguien con la mitad de su edad de que ha cometido un error. Si el estudiante insiste él o ella será etiquetado como “obstinado” y si la insistencia es demasiado fuerte no será capaz de obtener el doctorado. La alternativa, por muy desagradable que esta sea, es mentirte a ti mismo y encontrar argumentos para estar moralmente cómodo y con esto de alguna manera convencerte de que lo que estás haciendo tiene un valor científico importante. Para quienes la obtención de un doctorado es un deber inamovible (normalmente por razones financieras) la elección, aunque trágica, es obvia.

El verdadero problema es que este hábito puede fácilmente ser llevado más allá de los estudios de posgrado, hasta que el estudiante mismo llegue a ser como el investigador, con la mentalidad inversa de “es importante porque he gastado muchos años de mi vida trabajando en ello”.

Academia : Donde la originalidad te dañará

La buena y sana mentalidad sería naturalmente trabajar en aquella investigación que consideremos importante. Desafortunadamente, la mayoría de ese tipo de investigaciones está llena de retos y es difícil de llegar a publicar. Además, el sistema actual de publica-o-perece hace difícil el mantener un laboratorio mientras se trabaja en problemas que requieren cuando menos de diez años de trabajo antes de que se pueda reportar el más pequeño de los resultados preliminares. Peor aún, los resultados pueden llegar a no ser entendidos, lo que en algunos casos es el equivalente a ser rechazados por la comunidad científica. Reconozco que esto es difícil, y no me atrevería a criticar a aquellos que han escogido no perseguir tan “arriesgados” problemas.

Idealmente, el sistema académico debería incentivar a aquellas personas que ya están bien establecidas a alcanzar estos retos y estoy seguro que algunos de ellos ya lo hacen. Sin embargo, no puedo evitar pensar que la mayoría de nosotros estamos evitando las verdaderas preguntas y nos conformamos con las pequeñas y fáciles que sabemos que pueden ser resueltas y publicadas. El resultado es una cantidad masiva de literatura científica llena de contribuciones repetitivas y marginales. Esto, en cambio, no es necesariamente algo malo si lo que deseas es obtener un buen currículo.

Academia : El agujero negro del oportunismo en la investigación

De hecho, escribir un montón de artículos de valor cuestionable acerca de un tema popular parece ser una muy buena manera de avanzar en tu carrera académica en estos días. Las ventajas son evidentes : no hay necesidad de convencer a nadie de que el tema es pertinente y es muy probable que seas más citado ya que más personas pueden trabajar en cosas similares. Esto, a su vez, aumentará tu factor de impacto y te ayudará a establecerte como un investigador reconocido, independientemente de si tu trabajo es realmente bueno o importante. Asimismo de esta forma se establece una especie de red en la que otros investigadores (igualmente oportunistas) te dan palmaditas en las espalda mientras tú haces lo propio.

Desafortunadamente, esto no sólo lleva a favorecer la cantidad sobre la calidad, sino que muchos investigadores, habiéndose hecho dependientes de este efecto de arrastre, después necesitan encontrar formas de mantenerlo vivo incluso cuando el campo comienza a estancarse. Los resultados suelen ser desastrosos. O bien los investigadores comienzan a pensar en extensiones creativas pero completamente absurdas de sus métodos para usos para los que no son apropiados, o tratan de inhibir a otros investigadores que proponen alternativas más originales y eficientes (por lo general hacen ambas cosas). Esto a su vez desalienta a los nuevos investigadores a buscar alternativas originales y los anima a “subirse al carro” que aunque se basó en una buena idea, ahora se ha estancado y es mantenido por nada más que la pura voluntad de la comunidad que se ha vuelto dependiente de él . Entonces se convierte en un gigantesco y muy costoso desastre.

Academia: Estadísticas a granel

“Los investigadores con artículos son como niños”, me dijo una vez un investigador. Y, de hecho, parece existir una malsana obsesión entre los académicos al respecto de su número de citas, de su factor de impacto y de su número de publicaciones. Esto lleva a cualquier cantidad de sinsentidos: investigadores realizando “citas estratégicas”, escritura de recomendaciones “anónimas” donde se sugiere a los autores del artículo revisado a citar el trabajo propio y hasta a intercambiar artículos entre colegas con el entendido de “yo-leeré-el-tuyo-si-tú-lees-el-mío”. Si se pregunta, nadie aceptará preocuparse por sus citas, y aún así esas mismas personas con seguridad sabrán de memoria el número de veces que sus artículos han sido citados. Admito que yo mismo he estado en esa posición y me odio por lo mismo.

En la EPFL el rector nos manda un correo electrónico cada año diciendo lo bien que la escuela está ubicada en los rankings. Yo siempre me pregunto cuál es el punto de estos correos. ¿Por qué habría de preocuparle a los científicos si la institución está ubicada en la décima u onceava posición por tal o cual comité? ¿Se trata de elevar nuestros ya hinchados egos? ¿No sería mejor si el rector nos enviara un reporte anual donde se mostrara la forma en que el trabajo de la EPFL está afectando el mundo o como éste ha contribuido a resolver ciertos problemas importantes? En cambio, se nos dan estos estúpidos números que dicen a qué universidades podemos mirar con desprecio y a cuales aún debemos rebasar.

Academia: La tierra salvaje de los egos gigantes

Con frecuencia me pregunto si mucha gente en la academia viene de infancias inseguras donde nunca fueron los más fuertes o los más populares entre sus compañeros y habiendo estudiado más que ellos, ahora están en busca de venganza. Sospecho que sí, ya que es la única explicación que puedo encontrar para entender porque ciertos investigadores atacan, de mala manera, el trabajo de otros. La manifestación más común de esto tal vez sea el sistema de revisión por pares, donde estas personas abusan de su anonimato para decirte, sin términos ambiguos, que eres un idiota y que tu trabajo no vale ni un montón de estiércol.

De forma ocasional, algunos tendrán el descaro de hacer lo mismo durante conferencias, aunque todavía no he observado personalmente esto último.

Más de una vez he escuchado a investigadores de diferentes campos referirse a los métodos de otros con descripciones tan bellas como “basura” o “porquerías”, algunas veces aún extendiendo estas calificaciones a métodos pioneros cuyo único crimen es ser viejo por algunos años. A veces, estas personas descansarán de hablar mal de la gente de su misma área y cambiará su atención a otros campos – la investigación tecnológica, por ejemplo, algunas veces se burlará de la investigación realizada en las humanidades, ridiculizándola como absurda e inconsecuente, como si lo que ellos hiciera fuera más importante.

Academia: El truco más grande que alguna vez realizó fue convencer al mundo de que era necesaria

Tal vez la pregunta más crucial que la gente en la academia debería preguntarse a sí misma sea esta: “¿Realmente somos necesarios?”. Año tras año, el sistema toma toneladas de dinero vía cualquier forma de becas y subvenciones. Mucho de este dinero después se ocupa en pagar a subvalorados y malpagados estudiantes de posgrado quienes, con o sin la ayuda de sus tutores, producen algún resultado. En muchos casos, estos resultados son incomprensibles para todos excepto para un pequeño círculo, lo cual hace difícil calificar su valor de una forma objetiva. En algunos casos raros, la incomprensibilidad es de hecho justificada. El resultado puede ser tan poderoso, pero puede requerir tanto desarrollo matemático, que realmente se requiera un doctorado para entenderse. En muchos casos, sin embargo, los resultados pueden requerir muchas matemáticas, pero puede llegar a ser inútil en aplicación.

Esto está bien, porque el progreso real es lento. Lo que es molesto es cuantas subvenciones se le pueden sacar a un resultado puramente teórico  antes de que los investigadores se decidan a producir algo útil y práctico. Peor aún, muchas veces parece no haber una necesidad en la gente en la academia de ir y aplicar su resultado, aún cuando esto es posible, lo que probablemente se deba a su miedo al fracaso – se está moralmente a gusto investigando sus propios métodos siempre y cuando estos funcionen en teoría, pero nada lastimaría más que ir y tratar de aplicarlo y aprender que no sirve en realidad. A nadie le gusta publicar artículos que muestren como sus métodos fallan (aunque, desde la perspectiva científica, están obligados a hacerlo).

Estos son sólo algunos ejemplos de las cosas que desde mi humilde perspectiva están mal en la academia. Otras personas probablemente podrían agregar otras y podríamos ir y escribir un libro al respecto. El problema, como lo veo, es que no estamos haciendo mucho para corregir estos asuntos y no hay mucha gente que haya aceptado que “la verdadera ciencia” simplemente es un ideal que inevitablemente desaparecerá con el sistema actual trabajando como lo está haciendo. Entonces, ¿por qué arriesgar nuestras carreras y reputaciones para pelear por una noble causa que la mayoría de la academia no valorará de todas formas?

Voy a terminar esta carta diciendo que yo no tengo la solución a estas cosas. Dejar mi doctorado no es una solución – simplemente es una decisión personal – y no animo a otras personas a hacer lo mismo. Lo que sí quiero fomentar es un tipo de conciencia y responsabilidad. Pienso que hay muchos de nosotros, ciertamente de mi generación, a quienes nos gustaría ver a la academia como un sinónimo de ciencia. Sé que a mi me gustaría, pero he renunciado a que esto suceda así que buscaré a la ciencia verdadera desde otro camino.

Hubo un tiempo en que pensé que me sentiría orgulloso de poner las letras Dr. antes de mi nombre, desafortunadamente esto ya no es así. Sin embargo, nada puede quitarme el conocimiento que he ganado durante estos cuatro años y por eso, EPFL, te estaré eternamente agradecido.

Muchas gracias por haber leído hasta aquí