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viernes, 28 de septiembre de 2018

ONTOCRACIA UNA CARTA LARGA (CARTA DE RESPUESTA)


Por: Johanna Alexandra Pineda Quintero

Querido amigo:

Ciertamente este corto texto no es un ensayo, un resumen y mucho menos una crítica, seguramente ya sabe qué clase de texto es este desde que repasó las primeras dos palabras, siendo así ya debió haber entendido la intención del mismo. Desde tiempos remotos en la historia y según mi propia formación y juicio he aprendido que una carta no puede ser respondida con menos que con un texto de su mismo carácter, entonces ya que tengo la fortuna de que el emisor del texto Ontocracia. Una carta larga. se convierta ahora en el receptor de este escrito, espero que entienda mi necedad al no elaborar la recomendada “recensión”. Según entiendo y sacándole provecho a la característica que permite la ex-sistencia, por medio de esta forma de impresión del lenguaje, primero me veo en la necesidad de agradecerle porque está claro que la investigación fue elaborada con esmero, dedicación, paciencia y amor, algo que por desgracia hace falta en los tiempos  actuales cuando el mundo se viene abajo y parece que a nadie le importa; ahora entiendo que insinúa cuando habla de “humanización” y cómo con el pasar de los días se ve agotada en sí; ahora más que nunca se hace notar la indiferencia en el mundo, donde los “humanos”, sí, agregaré estas comillas al igual que usted a la palabra pero no por la misma razón. Para mi sorpresa al leer el libro y ahora para la suya al enterarse de la razón, la palabra “humano” hace unos años causó intriga en mí, al escuchar una reconocida frase de una campaña política; “Bogotá Humana” atribuida a Gustavo Petro y decidí hacer una corta pero, en ese momento, suficiente investigación para mi edad, sobre a que se pretende hacer referencia cuando se usa dicho término. Encontré que la palabra “humano” según la Real Academia de La Lengua Española significa entre muchas otras cosas “comprensivo, sensible a los infortunios ajenos” y fue entonces cuando me di cuenta de que por desgracia un porcentaje significativo de los “humanos” carecen de eso, de sensibilidad y del mismo modo, si llevo la corriente de la idea por usted propuesta, la animalidad parece no pasar desapercibida.

Evidentemente este es un tiempo de crisis, donde la conciencia colectiva es un elemento que parece no importar en la sociedad en la que se vive. Los adultos piensan en trabajar más para ganar más, para vivir en un barrio de más estrato, para tener una casa más grande, un carro más nuevo, una pareja más agraciada y un perro más perro (le parecerá rara la expresión, le confieso que a mí me causó un poco de gracia cuando la escribí, consideré eliminarla, pero reconsideré no hacerlo pues me parece ahora apropiada para entender la gravedad de la situación). Los jóvenes están interesados en algo para ellos más relevante, la unión; la unión de una pantalla de 5.8 pulgadas con 1125 x 2436 pixeles, 3GB de memoria RAM, una cámara de 12MP y una memoria interna entre 64GB y 256GB, la cual entre más capacidad tenga mejor, para navegar por las redes sociales y descargar más memes y menos libros. Los adultos mayores se preocupan por un fenómeno importante en su edad, el perdón, pero no el perdón de sus hijos por haberlos herido, maltratado o abandonado, no el perdón a su familia por haber estado trabajando toda su vida y no haber compartido nada con ellos, no el perdón a su vecino por haber sentido envidia de su casa por ser más grande, no. Los adultos mayores buscan el perdón de dios; pero afirmar que es por convicción, sinceridad o por arrepentimiento sería como meter las manos a una chimenea encendida al rojo vivo porque no es un secreto que el temor a la “furia de dios”, al “infierno”, al “diablo”, o como deseen llamar a eso que podría ser todo excepto sensibilidad a los infortunios de sus allegados, es lo que hace suplicar perdón. Ya que se habla de dios, “que sea lo que dios quiera”, es una expresión que sin lugar a dudas para mí explicaría aquello a lo que usted hace referencia “la misma lengua que crea lo denuncia en su lugar de víctima y evasión de la responsabilidad sobre sus acciones” (Báez, 2017). “Que sea lo que dios quiera”, es con antelación y prevención culpar a dios de la desgracia que puedan traer consigo los actos cometidos, o por el contrario darse poco crédito y atribuir los frutos del esfuerzo y dedicación a otro, para finalmente cerrar la etapa con un “gracias a dios”, pero no sé si en este preciso momento la memoria me esté jugando una mala pasada pero hasta el día de hoy no he escuchado a una sola persona que cuando las cosas no salgan como esperaban digan “gracias a dios”. Más bien como usted propone, huir de la responsabilidad sobre su propio proceder y de un futuro incierto es una aventura cómoda, segura, confortable, conveniente, pero sobre todo peligrosa, pues estas ideas como la religión y la “razón”, desde tiempos remotos tienen una practica y extensiva experiencia en el arte de la represión y el control; es allí donde la supuesta libertad presumida como premio característico de la “humanidad” es evidentemente “atrapada por el lenguaje”, si hago uso de sus términos.

En este punto, si en mi intento por hacer uso de la palabra, en medida mínima me estoy encontrando con mi nombre propio, ya debe saber a qué parte de su carta decidí responder y aunque es muy poco probable que no lo sepa, si no lo sabe con certeza, me aventuro al huir de mi responsabilidad y culpo rotundamente a la palabra por su pobre calidad significativa que no me permite dar fe de mi existenciariedad. Ahora bien, devolviendo su halago, también sé que le gusta leer y sabrá a que fragmento especifico de su escrito estoy tratando de dar respuesta y del mismo modo se preguntará en que parte haré presente ese término que con tanta insistencia remarcó para definir las raíces de la palabra, le pido un poco de paciencia pues me parece pertinente hacer uso del mismo en el momento apropiado.

De nuevo, la última palabra será útil para abordar el tema que ahora quisiera tratar, saber qué es lo apropiado; seguramente será un tema de eterna discusión, pues definir lo apropiado sería como clasificar lo bueno y lo malo y si he logrado entender un poco lo que usted busca mostrarme, la existenciariedad es tan subjetiva que pretender que la “humanidad” se ponga de acuerdo con respecto a las características de un acto bueno o malo es hacer que se hagan objetos en su ex-sistencia de la existenciariedad de otros; he aquí cuando la política hace su aparición. Como es claro, el don de la palabra propio de los “humanos” no es explotado al máximo por todos ellos, algunos, como usted lo plantea, no tienen ni la más mínima idea del poder con el que viven. No se dan cuenta de que “el mundo depende del sujeto del lenguaje” y viven bajo la idea de que el sujeto depende del mundo; quien no usa el poder que tiene su palabra está condenado a ser únicamente objeto y no significante de otro sujeto que haga uso de la palabra; pero hay que recordar que ser sujeto político va mucho más allá de hablar en público y pretender convencer a otros de algo sin aplicar su propia existenciariedad a las palabras; el ser hablante político debe dejar que la angustia le haga hablar y debe ser capaz de escuchar; el “humano” al hacer uso de la palabra bajo su existenciaridad debe saber de antemano que el significado de la palabra puesta en la ex-sistencia se alterará, por ende la existenciariedad de quien la escucha hará que el significativo se vea afectado.

Se me ocurre una manera sencilla de traer al ejemplo lo que intento reiterar; muchos niños entusiasmados con el ánimo de entretenerse y jugar algo divertido y tranquilo juegan al “teléfono roto”, a uno de ellos se le ocurre una palabra, se la dice a otro niño, este a otro, este a uno más y finalmente a otro. Al haber concluido se dan cuenta de que la palabra y la idea dicha por el primer niño ha sido alterada a medida que pasaba por cada uno de ellos. Espero que bajo ese ejemplo haya quedado un poco más claro el punto que quiero mostrar. En la política la existenciariedad de unos pocos sujetos está mínimamente propuesta en la ex-sitencia bajo sus intereses; para que los demás sujetos que no conocen el poder de su palabra se apeguen a ella porque en ningún momento hay una identificación con los otros; ahora comprendo la razón por la que en las iglesias enseñan a las personas a tener miedo, tengo más claro por qué mientras somos el tercer país entre 175 con más niños violentados y el quinto entre 157 con más personas desplazadas. En los colegios se enseña a sumar, a dividir, a hacer filas, a sentarse, a ponerse de pie y a obedecer; percibo el por qué con tanta insistencia nos recalcan la exactitud de la lógica y las supuestas verdades absolutas. Mientras que, si usáramos la palabra como herramienta para la formación y la educación, la subjetividad misma y las relaciones con el otro como significante y como objeto llevaría a la construcción de lazos sociales funcionales. Ontocracia, efectivamente no podría ser un mejor termino para definir lo que pasa. Un ser hablante invadido por la angustia que sepa hacer uso de la palabra, que sepa hacer uso de ese don, que se preocupe por su bienestar, por hacer ex-sistente su existenciariedad, casi de inmediato estaría interesado en el bienestar de los demás, casi de manera accidental ayudaría a otros y por naturaleza haría manifiesta su “humanidad”.

No quisiera cansarlo, ni mucho menos aburrirlo al responder su carta de manera muy extensa. La angustia ya ha cumplido y me ha hecho hablar por medio de esta carta. Finalmente, luego de expresarme me encuentro un poco más tranquila así que en esta ocasión me despido hasta que la angustia me invada y reciba usted una nueva carta.

junio 2018


Referencias

Báez, J. (2017) Ontocracia. Una carta larga. Bogotá: Fundación Universitaria Los Libertadores.

martes, 28 de agosto de 2018

SIDDHARTHA'S GOAL

By: Hermann Hesse

One goal loomed before Siddhartha, and only one: to become empty, to be empty of thirst, of wishing, of dreams --empty all joy and pain. He wanted the Self to die, to no longer be an "I," to find peace with an empty heart. His goal was to stand open to the wonder of thoughts conceived in self-dissolution. When every shred of his self had been conquered and put to death, when every longing and every inclination of the heart had been silenced, then the Ultimate had to awaken, that which was innermost had to come into being, that which was nothing less than the ego, the great secret. 

Taken from: Hesse, Hermann. (1922/2008). Siddhartha. Simmon & Schuter Paperbacks. New York. Pág. 16   

miércoles, 1 de agosto de 2018

viernes, 27 de julio de 2018

PORQUE DIOS EXISTE, TODO ESTÁ PERMITIDO


Por: Jairo Báez

Unas palabras más en torno a lo nunca dicho literalmente, pero de cuya afirmación se cuenta, está en la Obra de Dostoievski, y la cual ha hecho carrera en las disertaciones sobre la moral humana: “Si Dios no existe, todo está permitido”. De entrada, podríamos asumir que todo lo permitido, no necesariamente encara la no existencia de Dios; más aún, sería igualmente valedero, enunciar una contrapartida con igual posibilidad de veracidad: “Porque Dios existe, todo está permitido”. No obstante, intentemos detenernos un poco, antes de avanzar, en la sentencia de marras para mirar algunas conclusiones no tenidas en cuenta.

De inicio, hemos de suponer sin el menor reparo que Dios tiene el control sobre todo lo existente y que, en ese orden de ideas, dictamina lo que debe y no debe hacer el hombre y no solamente en él, sino también en todo lo que puede o no puede existir. Esto, irremediablemente nos llevaría a un Dios bastante curioso y celoso, pues siendo capaz de controlar todo lo existente, permite la existencia del mal, lo cual no sería potestad del hombre sino de Dios mismo. Así nos encontramos ante una gran paradoja y suprema aprensión: Dios tiene la potestad sobre el bien y el mal; igualmente, tiene la potestad sobre el hombre y, sin embargo, permite al hombre ejecutar el mal para luego castigarlo. Se nos antoja curioso y aprensivo, porque si fuera un Dios y realmente tuviera la potestad de permitir al hombre su hacer o no, lo primero que debería no permitirle es ocasionar el mal y así no tendría razón para castigarlo. A menos, y la curiosidad aumentaría, que fuera un Dios ávido de crueldad y obediencia pero quisiera satisfacerse con una víctima inocente. Otra solución, para no castigar al hombre, sería no permitir la existencia del mal; así, ante la libertad que pudiera darle al hombre, éste no se vería compelido bajo ninguna circunstancia a cometer el mal, pues este no existiría.

 Al ser de este modo, todo lo permitido no está determinado por la existencia de Dios, sino por su propia voluntad. Y esto llevaría a la sana y prematura conclusión que esbozamos de principio: “Porque Dios existe todo está permitido”. Pues es Dios, todo poderoso, quien lo permite, no su existencia; en otras palabras, la condición de que todo esté permitido es la voluntad de Dios y para ello, necesariamente debe existir.  Aún más, Dios es imprescindible; sea lo que sea, al fin y al cabo, es lo único que hasta ahora ha sido asumido como causa original. Sea que exista para quienes dicen creer (teósofos) y no exista para quienes dicen no creer (naturalistas), Dios existe, pues no se trata de un cuerpo cierto sino de una suposición indispensable para poder dar una explicación a lo existente.

Por lo tanto, se hace más que imprescindible, para actualizar la discusión sobre la sentencia de marras, no confundir, la causa no causada, con la antropomorfización de la misma. Si Dios (causa no causada) es asumido en las mismas condiciones en que se asume la existencia del hombre, se estaría dando por hecho que esa causa actúa a voluntad y libre albedrío; (doble paradoja, pues se sabe que hasta ahora a quien se le supone libre albedrío, nunca lo ha tenido a plenitud). No obstante, si Dios, es asumido en rigor, compelido por unas leyes que están más allá de su voluntad y libre de todo razonamiento, se tendrá que aceptar que Dios es el culpable de todo lo existente y que, en ese orden de ideas, toda aquella variedad en el proceder del hombre en torno al bien y el mal, es absoluta y clara causa suya.

Si lo pensamos de nuevo, tenemos que afirmar que a Dios no se le puede declarar inmortal o mortal, pues eso sería demeritarlo y reducirlo a la misma condición del hombre. Dios es; por tanto no muere ni nace y por lo mismo, ha de ser el único causante de todo lo existente pero nunca culpable; pues no se le podría probar dolo en tanto no tiene voluntad, sólo es. Dios es causa de que el mal exista y de la existencia misma del hombre, pero no tuvo el libre albedrío ni la voluntad para la existencia o no existencia de ninguno de los dos. Que exista lo uno o lo otro son consecuencias de su propia existencia, no de su voluntad ni su razón. Antes bien, que Dios sea la causa del mal y del hombre es una consecuencia de la voluntad y razón del hombre.

Por otro lado, a pocos se les ha ocurrido detenerse en detalle en la contraparte; esto es, que Dios no sea bueno ni propenda por el bien en sí mismo sino que sea malo y se apasione por el mal. El mal, que hasta ahora ha sido delegado a uno de sus hijos, al más díscolo; pero también podría ser, una de las estrategias de Dios para allegar al mal, poner como chivo expiatorio de su legítima voluntad a su propio hijo. Y de la misma manera que hemos dicho, que si ha permitido al hombre cometer el mal, esta vez, si permite a su hijo caído incentivar el mal, es de su absoluta responsabilidad y voluntad lo que ocasionen los suyos. Empero, si volvemos a la sentencia de marras aducida a Dostoievski y ante la presencia del mal, nuestra sentencia sigue igualmente incólume: Porque Dios existe, todo está permitido. Y en su defensa, volveríamos a insistir, que no se trata la existencia o no de Dios, pues esta es insalvable, sino de la ausencia o presencia de voluntad y razón en él. Dios no tiene voluntad ni razón, solo es; por tanto, tampoco es culpable de lo que hagan sus consecuencias.

Si Dios no tiene voluntad, ni razón, error es intentar dialogar con él. Dios no entiende ni comprende y menos actúa a libre albedrío en la condición de sus consecuencias, sea este el hombre, su hijo o todas y cada una de sus consecuencias. Dios, en tanto causa no causada, es indiferente a la compresión, el entendimiento y las acciones que su emanación produzcan. Siendo más factible, concebir o Dios sin voluntad y sin razón y no obstante todo poderoso, no queda más al hombre que aceptar sus efectos. O en consecuencia, con tal deducción tan lapidaria, negar todo posibilidad de una causa no causada y asumirse cada hombre, en sí mismo, no como un Dios, sino como un ente capaz de ocasionar sus propias consecuencias y responsabilizarse de todos y cada uno de sus efectos y resultados.

sábado, 21 de julio de 2018

LOS FALSOS POSITIVOS

Por: Jairo Báez

Los falsos positivos no son más que una consecuencia lógica de un perverso sistema de administración mal llamado moderno y efectivo; ese, que también es conocido popularmente como Administración por Objetivos. Este retorcido sistema que, en Colombia, si bien ha mostrado lo más horrendo y ominoso, al mostrar que cuando se trata de publicar objetivos cumplidos, la vida de un ser humano es lo de menos, no es extraño a ninguna de las prácticas más cotidianas en esta actualidad de la cual nos ufanamos de ser la más adelantada y moderna, producto único de una racionalidad intencional positiva. Este sistema, precisamente, es el que ha demostrado limpiamente que la realidad se puede falsear; que los datos (pruebas), pueden ser invenciones creadas artificialmente para probar una realidad que no existe en absoluto o hacer pasar por existente una realidad jamás experimentada.

Los falsos positivos no pueden señalarse solamente a una estrategia militar necesitada de logros para demostrar que la guerra se está ganando; donde aquellos civiles inocentes,  alejados de un conflicto, son vestidos con prendas militares y ataviados con armas que nunca usaron, son asesinados impunemente y así entregados ante los ojos, como bajas hechas al enemigo. No. Los falsos positivos son producto de una mentalidad desquiciada que puso el dato por encima del valor. Aquella racionalidad que se ufanó de que un dato ¨empírico” sería la forma diáfana como se le podría poner fin a toda especulación nada favorable a los intereses de un bienestar subjetivo y social: ponerle fin a la mentira. Poner la garantía en los sentidos ha sido su gran desacierto, pues intentando mostrar una cosa logró revelar otra totalmente diferente. Nada más frágil que la mirada, nada más fácil de engañar que el oído y, en extensión, nada más débil que todos aquellos sentidos que, nos enseñaron, captan una realidad externa, existente per se.  Cuando se puso con condición, la comprensión centrada en los sentidos (mal entendido empirismo), para el buen entendimiento, tal y como lo hace ese monstruo llamado Administración por Objetivos, la misma comprensión y el mismo entendimiento humano, fueron sacrificados.

Los falsos positivos están a la orden del día en toda nuestra realidad. Ese mal llamado empirismo nos ha enseñado que todo se puede falsear y cómo hacerlo pasar como una prueba innegable de que un hecho existió o existe. Desde el más ilustrado al menos letrado; y en cualquier campo de interacción social, se encontrarán fácilmente los lastres de dicha perversión. Contundentes pruebas que en absoluto, prueban lo que dicen probar. Las famosas evidencias son hoy una insolencia para el entendimiento humano; por supuesto, también perjuicio para el bienestar mismo del hombre y su sociedad. A un científico o un académico, le importa un rábano introducir información sobre hechos nunca existidos con el único ánimo de afectar la gráfica de una curva estadística de tal manera que vaya con sus propios intereses de logro; un político o administrador público cualquiera, muestra infinidad de formatos diligenciados con información ficticia haciéndolos pasar por prueba ineludible de hechos que nunca ocurrieron; un estudiante trae una tarea que nunca hizo, al profesor, y la hace pasar como suya;  un cualquiera, es capaz de afirmar en un juicio que vio u oyó cosas y palabras jamás vistas ni expresadas. Y a todo esto, se le tiene como pruebas incontrovertibles. Todo esto y sobre todo, para demostrarle al “Gerente” y los entes de control, que lo hecho fue una realidad innegable y por supuesto, que los objetivos se cumplieron.

Cuando el valor le dio el lugar al dato, la forma más infame para distorsionar toda realidad se hizo real. Si todo radica en demostrarle al otro y no a uno mismo que la realidad existe, infinidad de formas emergen para engañar al incauto y al mismo sistema. Se falsifican documentos, se entrega información falsa, se construyen seudo-hechos, se edita la información, se niega la información verídica, se dice lo que se quiere escuchar y no lo que se ha de escuchar, etc.  En síntesis, la información es ahora un relato ficticio de un hecho jamás existente, pero necesariamente justificado para poder responder al mandato feroz de un “Gerente” insaciable de hechos y poder pasar la censura de un ente de control incapaz de refrendar que ciertamente lo son. Hoy tenemos máquinas y procesos potentísimos para contar falsedades haciéndolas pasar por verdades (estadística); procesos para el procesamiento de información ficticia al que nadie dedica el más mínimo tiempo para verificar su autenticidad (evidencias empíricas). Nunca antes habíamos vivido una realidad tan artificiosa, y esto lo hemos logrado gracias a ese deseo terco y desatinado de querer lograrlo solamente a partir de los sentidos y negándole su lugar a quien realmente debería ser su rector: la razón y en entendimiento crítico.
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jueves, 12 de julio de 2018

A PROPÓSITO DE LA GUERRA, DEL FASCISMO Y DE LOS ETERNOS PROBLEMAS DE OCCIDENTE

Por: Jairo Báez




Que nos hemos perdido en las seguridades que nos brinda un mundo tangible mediante los sentidos y olvidamos que somos seres de lenguaje, es una proposición que invita de nuevo a la reflexión. Desechamos ese logo tan perfecto de ¨seres hablantes¨ que por antonomasia nos corresponde, para asumir ilusamente que existen seres iluminados que no hablan sino que logran captar la realidad y describirla mediante la creación de un lenguaje depurado, capaz de trasmitir las verdades reveladas. En esa ilusión se la ha pasado occidente, denigrando de la condición de hablante, que hace aparecer un mundo mediante actos de lenguaje, pero, que en nada asegura el absoluto acceso a una realidad por siempre revelada. Perdido en la búsqueda de verdades finales, el hombre de occidente perdió el camino que le brinda esa condición, para hacer mundos mucho más acordes con una convivencia y aceptación de la multiplicidad de realidades que permitan una existencia dispar pero respetable. Sin aceptar que su consabida perfección de compresión e intelección de la realidad es un ¨palabrerío¨ más, aquel que lo produce y aquellos que se acogen a él, se asumen los únicos portadores de la verdad y así, combatientes inmisericordes contra todos esos que den lugar y compartan otros ¨palabreríos¨. Precisamente, así es como en la historia del occidente se puede ver que el palabrero pagano es combatido por el palabrero religioso y este, a su vez, combatido por el palabrero filosófico y, este último, combatido por el palabrero científico; esto, sin mencionar, que a su interior, se puede comprender lo mismo: un palabrero religioso, combate otro y así en cualquiera de los campos mencionados.

En occidente, advenimos fascistas al mundo y la gran lucha, que ha de encarar cada ser hablante, es exactamente esta, dejar de imponer nuestros criterios a los demás hablantes y permitir que cada uno se autoimponga su criterio; ya con eso es suficiente. Si a cambio de querer imponer nuestros criterios al otro, - desvalorizando la necesidad de imponer los propios a nuestro sí mismo-, promulgamos por ser coherentes con lo que enunciamos, el problema de lo occidente sería otro; no sería ese mismo que ha ocupado su hacer durante tantos milenios. La hegemonía no se impone, la hegemonía debe emerger espontáneamente, si aquella, en alguna parte de lo real yace. Por eso se debe insistir, la lucha, la única lucha que se ha de encarar es contra el fascismo que quiere homologar a todo ser hablante bajo un mismo saber y una misma práctica.

Si los auto-denominados investigadores y los amantes de la verdad de occidente, confesaran que sus grandes aportes y descubrimientos se dan más en las relaciones que establecen entre ellos en los pasillos, las cafeterías, los bares y las camas y que más bien nada, en las aulas de clase, los laboratorios y en los refinados experimentos, tal vez, el avance hacia una depuración de tanta palabrería que llaman ciencia podría tener un mejor futuro. De igual manera, si confesáramos que es más el narcisismo y el amor propio lo que nos mueve hacia la gloría intelectual y para nada el deseo de un bien social o, mínimamente, el bien hacia otro que no sea el sí mismo, las relaciones entre esos sujetos hablantes serían más auténticas; por tanto, más productivas para el bienestar de cada uno.

Una posición ética es lo que se necesita; una posición que arrastre a otros seres hablantes a su cumplimiento. Pero no mediante la imposición violenta y grosera sino mediante la seducción propia de quien se convierte en objeto de deseo del otro. La posición ética, esa que conlleva imaginar y simbolizar un real imposible para desde allí actuar, es lo que debería preocupar y ocupar a occidente; la anexión de otros a esa posición, total o parcial, en poca o gran medida, no debe ser ningún motivo de intencionalidad intrusiva y policiva; el despertar el deseo en el otro, al hacer evidente la forma como ese ser hablante actúa, imagina y piensa, será lo mucho, lo poco o nada esperado. Con sostenerse en una dicha posición ética es más que suficiente para garantizar el lazo social.

jueves, 14 de junio de 2018

SOBRE CREADORES

Por: Rosendo Rodríguez Fernández

A propósito de la muerte de Daniel

Un viejo inventor, hizo el vacío, mucho antes de Boyle. El alfarero, según un brillante orador, creó el objeto que organiza la experiencia de llenar-vaciar. El cuenco, la jarra, aquello que de cualquier forma remite al agujero, es tomado por el verbo, y se tiene una teogonía.

Un tiempo de significar, de contemplar el vacío, de llenar la jarra, de vivir y de morir, como en el bello verso de la escritura antigua. Tiempo de nacer…

Es en la amistad en que hay encuentro, muchas veces no significado. A distancia de La Cosa, se hace el recorrido, y los objetos median esa… ¿Relación? Claro, los objetos se colocan allí. Elegantemente, el narrador habla de una elación del objeto a ese lugar.

Tal es el esquema más sencillo que puedo plantear de la espiritualidad lacaniana, con respecto al nacimiento y la muerte de Dios. Diré, una vez más, como lugar común, que, tomado de Freud, antes de Dios estuvo el padre. Elevado al lugar de La Cosa, el padre muerto se convierte en palabra, en significante que se llena de Ley, y se vacía con el goce.

Un amigo a veces es padre, hermano, compañero. Por esas cosas ya tantas veces dichas, de las metáforas y las metonimias, el vacío que deja luego de entrar, por vía de la muerte, al lugar de La Cosa, reaparece más real que nunca. Vive entonces, a pesar nuestro, causa otro goce, el de la despedida, el del adiós, el del panegírico, y quedamos entonces frente a ese cuenco vacío.

Están los otros amigos, que, con sus palabras, insinúan esta misma pequeña teogonía. Un momento para ser Dios, estar con Dios, y morir con Dios. Cronos, a propósito de dioses, es quizá el único que sobreviva a la lógica y las matemáticas. No es padre de nada, sino solo es tiempo que pasa, y esto es ya una metáfora.

El ánfora se rompe, por el influjo de sus propios componentes, que, en las reacciones químicas de su historia particular, tiene este desenlace. Una y otra vez lo que se hace cuerpo, envejece. No es tampoco que el tiempo haga envejecer el cuerpo. Es que eso toma tiempo, y el tiempo se vuelve objeto, y se eleva a ese lugar donde estaba el padre antaño.

Es mejor decirle a Tolkien, desde aquí, a su fantasma literario, que el padre no debe regresar. Colombia no deja ir a tanto padre bueno que hace cosas demoniacas. También a nuestro querido Piero que el viejo no puede perdonar al tiempo. Y a Cruise, que no hay tiempo del olvido. Es solamente memoria que nace y se va, como el jarrón del alfarero.

Por supuesto, Nietszche puede ser elevado al lugar de donde inexorablemente debía partir el feroz dios judeo-cristiano, pero es necesario aprender del ocaso de los ídolos. Así que adiós Federico, con tu dios muerto que te bendice en boca de ignorante.

Y adiós, querido amigo que no me puedes escuchar desde tu inexistencia real, que solamente escuchas mi dolor que acompaña una simbolización porque tu muerte me coloca cerca de La Cosa, el núcleo del goce real. No en vano los religiosos creen que estás gozando. Quien goza es el vivo que va camino del baile, mientras tu cadáver ya es huella.

Y, por si fuera poco, estas palabras se dirigen no a ti, fantasma querido, sino a mis amigos que a su vez así me consideran. Es su panegírico, y es el mío también.

Es una palabra de adiós que acompaña brevemente la efímera soledad, previa a la nada, que es la muerte. Es una lástima que no se le pueda realmente sonreir, señor Ridley Scott, ni se le pueda abrazar. Y en mi agnosticismo, reconozco que estas no son más que palabras que me vuelven a colocar a distancia conveniente de La Cosa, mientras mi cuerpo muere, lo que toma tiempo. 

martes, 15 de mayo de 2018

ARE YOU A LAMB?

By: George Orwell

1. You are prepared to give your live?

[Yes]    [No]

2. You are prepared to commit murder?

[Yes]    [No]

3. To commit acts of sabotage which may cause the death of hundreds of innocent people?

[Yes]    [No]

4. To betray your country to foreign powers?

[Yes]    [No]

5. You are prepared to cheat, to forge, to blackmail, to corrupt the minds of children, to distribute habit-forming drugs, to encourage prostitution, to disseminate venereal diseases -to do anything which is likely to cause demoralization and weaken the power of the Party?

[Yes]    [No]

6. If, for example, it would somehow serve our interests to throw sulphuric acid in a child's face -are you prepared to do that?

[Yes]    [No]
 
7. You are prepared to lose your identity and live out the rest of your life as a waiter or a dock worker?

[Yes]    [No]
 
8. You are prepared to commit suicide, if and when we order you to do so?

[Yes]    [No]
 
9. You are prepared to separate and never see your loved being?

[Yes]    [No]

It's taken from: Orwell George. 1984. Signet Classics. New York.

sábado, 28 de abril de 2018

THE SHORTEST FABLE

By Friedrich Nietzsche


In some remote corner of the universe that is poured out in countless solar sistems, there once was a star on which clever animals invented knowledge. That was the most arrogant and the most untruthful moment in "world history" -yet indeed only a moment. After nature had taken a few breaths, the froze over and the clever animals had to die.

The end.


It's taken from: Friedrich Nietzsche on Rhetoric and Language. Edited and Translated with a Critical Introduction by Sander L. Gilman, Carole Blair and David J. Parent. New York. Oxford University Press. 1989.

martes, 13 de marzo de 2018

A HORRID SCENE

By: George Orwell



April 4th, 1984

Last night to the flicks. Al war films. One very good one of a ship full of refugees being bombed somewhere in the Mediterranean. Audience much amused by shots of of a great huge fat man trying to swim away with a helicopter after him. First you saw him wallowing along in the water like a porpoise, them you saw him through the helicopters gunsights, then he was full of holes and the sea round him turned pink and he sank as suddenly as though the holes had let in the water. Audience shouting with laughter when he sank. Then you saw a lifeboat full of children with a helicopter hovering over it. There was a middleaged woman might have been a jewess sitting up in the bow with a little boy about three years old in her arms. Little boy screaming with fright an hiding his head between her breasts as if he was trying to burrow right into her and the woman putting her arms around him and comforting him although she was blue with fright herself. All the time covering him up as much as possible as if she thought her arms could keep the bullets off him. Then the helicopter planted a 20 kilo bomb in among them terrific flash and the boat went all to matchwood. Then there was a wonderful shot of a childs arm going up up up right up into the air a helicopter with a camera in its nose must have followed it up and there was a lot  of applause from the party seats but a woman down in the prole part of the house suddenly started kicking up a fuss and shouting they didnt oughter of showed it not in front of the kids they didnt it aint right not in front of kinds it aint until the police turned her turned her out i dont suppuse anything happened to her nobody cares what the proles say typical prole reaction they never.

It's taken from:  Orwell, George. (1949). 1984. New American Library. New York.         

sábado, 17 de febrero de 2018

UN PAÍS AL ALCANCE DE LOS NIÑOS

Por: Gabriel García Márquez

Los primeros españoles que vinieron al Nuevo Mundo vivían aturdidos por el canto de los pájaros, se mareaban con la pureza de los olores y agotaron en pocos años una especie exquisita de perros mudos que los indígenas criaban para comer. Muchos de ellos, y otros que llegarían después, eran criminales rasos en libertad condicional, que no tenían más razones para quedarse. Menos razones tendrían muy pronto los nativos para querer que se quedaran.

Cristóbal Colón, respaldado por una carta de los reyes de España para el emperador de China, había descubierto aquel paraíso por un error geográfico que cambió el rumbo de la historia. La víspera de su llegada, antes de oír el vuelo de las primeras aves en la oscuridad del océano, había percibido en el viento una fragancia de flores de la tierra que le pareció la cosa más dulce del mundo. En su diario de a bordo escribió que los nativos los recibieron en la playa como sus madres los parieron, que eran hermosos y de buena índole, y tan cándidos de natura, que cambiaban cuanto tenían por collares de colores y sonajas de latón. Pero su corazón perdió los estribos cuando descubrió que sus narigueras eran de oro, al igual que las pulseras, los collares, los aretes y las tobilleras; que tenían campanas de oro para jugar, y que algunos ocultaban sus vergüenzas con una cápsula de oro. Fue aquel esplendor ornamental, y no sus valores humanos, lo que condenó a los nativos a ser protagonistas del nuevo Génesis que empezaba aquel día. Muchos de ellos murieron sin saber de dónde habían venido los invasores. Muchos de éstos murieron sin saber dónde estaban. Cinco siglos después, los descendientes de ambos no acabamos de saber quiénes somos.

Era un mundo más descubierto de lo que se creyó entonces. Los incas, con diez millones de habitantes, tenían un estado legendario bien constituido, con ciudades monumentales en las cumbres andinas para tocar al dios solar. Tenían sistemas magistrales de cuenta y razón, y archivos y memorias de uso popular, que sorprendieron a los matemáticos de Europa, y un culto laborioso de las artes públicas, cuya obra magna fue el jardín del palacio imperial, con árboles y animales de oro y plata en tamaño natural. Los aztecas y los mayas habían plasmado su conciencia histórica en pirámides sagradas entre volcanes acezantes, y tenían emperadores clarividentes, astrónomos insignes y artesanos sabios que desconocían el uso industrial de la rueda, pero la utilizaban en los juguetes de los niños.

En la esquina de los dos grandes océanos se extendían cuarenta mil leguas cuadradas que Colón entrevió apenas en su cuarto viaje, y que hoy llevan su nombre: Colombia. Lo habitaban desde hacía unos doce mil años varias comunidades dispersas de lenguas diferentes y culturas distintas, y con sus identidades propias bien definidas. No tenían una noción de estado, ni unidad política entre ellas, pero habían descubierto el prodigio político de vivir como iguales en las diferencias. Tenían sistemas antiguos de ciencia y educación, y una rica cosmología vinculada a sus obras de orfebres geniales y alfareros inspirados. Su madurez creativa se había propuesto incorporar el arte a la vida cotidiana --que tal vez sea el destino superior de las artes-- y lo consiguieron con aciertos inemorables, tanto en los utensilios domésticos como en el modo de ser. El oro y las piedras preciosas no tenían para ellos un valor de cambio sino un poder cosmológico y artístico, pero los españoles los vieron con los ojos de Occidente: oro y piedras preciosas de sobra para dejar sin oficio a los alquimistas y empedrar los caminos del cielo con doblones de a cuatro. Esa fue la razón y la fuerza de la Conquista y la Colonia, y el origen real de lo que somos.

Tuvo que transcurrir un siglo para que los españoles conformaran el estado colonial, con un solo nombre, una sola lengua y un solo dios. 

Sus límites y su división política de doce provincias eran semejantes a los de hoy. Esto dio por primera vez la noción de un país centralista. y burocratizado, y creó la ilusión de una unidad nacional en el soporte de la Colonia. Ilusión pura, en una sociedad que era un modelo oscurantista de discriminación racial y violencia larvada, bajo el manto del Santo Oficio. Los tres o cuatro millones de indios que encontraron los españoles estaban reducidos a no más de un millón por la crueldad de los conquistadores y las. enfermedades desconocidas que trajeron consigo. Pero el mestizaje era ya una fuerza demográfica incontenible. Los miles de esclavos africanos, traídos por la fuerza para los trabajos bárbaros de minas y haciendas, habían aportado una tercera dignidad al caldo criollo, con nuevos rituales de imaginación y nostalgia, y otros dioses remotos. Pero las leyes de Indias habían impuesto patrones milimétricos de segregación según el grado de sangre blanca dentro a cada raza: mestizos de distinciones varias, negros esclavos, negros libertos, mulatos de distintas escalas. Llegaron a distinguirse hasta dieciocho grados de mestizos, y los mismos blancos españoles segregaron a sus propios hijos como blancos criollos.

Los mestizos estaban descalificados para ciertos cargos de mando y gobierno y otros oficios públicos, o para ingresar en colegios y seminarios. Los negros carecían de todo, inclusive dé un alma; no tenían derecho a entrar en el cielo ni en el infierno, y su sangre se consideraba impura hasta que fuera decantada por cuatro generaciones de blancos. Semejantes leyes no pudieron aplicarse con demasiado rigor por la dificultad de distinguir las intrincadas fronteras de las razas, y por la misma dinámica social del mestizaje, pero de todos modos aumentaron las tensiones y la violencia raciales. Hasta hace pocos años no se aceptaban todavía en los colegios de Colombia a los hijos de uniones libres. Los negros, iguales en la ley, padecen todavía de muchas. discriminaciones, además de las propias de la pobreza.

La generación de la Independencia perdió la primera oportunidad de liquidar esa herencia abominable. Aquella pléyade de jóvenes románticos inspirados en las luces de la revolución francesa, instauré una república moderna de buenas intenciones, pero no logró eliminar los residuos de la Colonia. Ellos mismos no estuvieron a salvo de sus hados maléficos. Simón Bolívar, a los 35 años, había dado la orden de ejecutar ochocientos prisioneros españoles, inclusive a los enfermos de un hospital. Francisco de Paula Santander, a los 28, hizo fusilar a prisioneros de la batalla de Boyacá, inclusive a su comandante. Algunos de los buenos propósitos de la república propiciaron de soslayo nuevas tensiones sociales de pobres y ricos, obreros y artesanos y otros grupos marginales. La ferocidad de las guerras civiles del siglo XIX no fue ajena a esas desigualdades, como no lo fueron las numerosas conmociones políticas que han dejado un rastro de sangre a lo largo de nuestra historia.

Dos dones naturales nos han ayudado a sortear ese sino funesto, a suplir los vacíos de nuestra condición cultural y social, y a buscar a tientas nuestra identidad. Uno es el don de la creatividad, expresión superior de la inteligencia humana. El otro es una abrasadora determinación de ascenso personal. Ambos, ayudados por una astucia casi sobrenatural, y tan útil para el bien como para el mal, fueron un recurso providencial de los indígenas contra los españoles desde el día mismo del desembarco. Para quitárselos de encima, mandaron a Colón de isla en isla, siempre a la isla siguiente, en busca de un rey vestido de oro que no había existido nunca. A los conquistadores alucinados por las novelas de caballería los engatusaron con descripciones de ciudades fantásticas construidas en oro puro, allí mismo, al otro lado de la loma. A todos los descaminaron con la fábula de El Dorado mítico que una vez al año se sumergía en su laguna sagrada con el cuerpo empolvado de oro. Tres obras maestras de una epopeya nacional, utilizadas por los indígenas como un instrumento para sobrevivir. Tal vez de esos talentos precolombinos nos viene también una plasticidad extraordinaria para asimilarnos con rapidez a cualquier medio y aprender sin dolor los oficios más disímiles: fakires en la India, camelleros en el Sahara o maestros de inglés en Nueva York.

Del lado hispánico, en cambio, tal vez nos venga el ser emigrantes congénitos con un espíritu de aventura que no elude los riesgos. Todo lo contrario: los buscamos. De unos cinco millones de colombianos que viven en el exterior, la inmensa mayoría se fue a buscar fortuna sin más recursos que la temeridad, y hoy están en todas panes, por las buenas o por las malas razones, haciendo lo mejoro lo peor, pero nunca inadvertidos. La cualidad con que se les distingue en el folclor del mundo entero es que ningún colombiano se deja morir de hambre. Sin embargo, la virtud que más se les nota es que nunca fueron tan colombianos como al sentirse lejos de Colombia.

Así es. Han asimilado las costumbres y las lenguas de otros como las propias, pero nunca han podido sacudirse del corazón las cenizas de la nostalgia, y no pierden ocasión de expresarlo con toda clase de actos patrióticos para exaltar lo que añoran de la tierra distante, inclusive sus defectos. En el país menos pensado puede encontrarse a la vuelta de una esquina la reproducción en vivo de un rincón cualquiera de Colombia: la plaza de árboles polvorientos todavía con las guirnaldas de papel del último viernes fragoroso, la fonda con el nombre del pueblo inolvidado y los aromas desgarradores de la cocina de mamá, la escuela 20 de Julio junto a la cantina 7 de Agosto con la música para llorar por la novia que nunca fue.

La paradoja es que estos conquistadores nostálgicos, como sus antepasados, nacieron en un país de puertas cerradas. Los libertadores trataron de abrirlas a los nuevos vientos de Inglaterra y Francia, a las doctrinas jurídicas y éticas de Bentham, a la educación de Lancaster, al aprendizaje de las lenguas, a la popularización de las ciencias y las artes, para borrar los vicios de una España más papista que el papa y todavía escaldada por el acoso financiero de los judíos y por ochocientos años de ocupación islámica. Los radicales del siglo XIX, y más tarde la Generación del Centenario, volvieron a proponérselo con políticas de inmigraciones masivas para enriquecer la cultura del mestizaje, pero unas y otras se frustraron por un temor casi teológico de los demonios exteriores. Aún hoy estamos lejos de imaginar cuánto dependemos del vasto mundo que ignoramos.

Somos conscientes de nuestros males, pero nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan. Nos han escrito y oficializado una versión complaciente de la historia, hecha más para esconder que. para clarificar, en la cual se perpetúan vicios originales, se ganan batallas que nunca se dieron y se sacralizan glorias que nunca merecimos. Pues nos complacemos en el ensueño de que la historia no se parezca a la Colombia en que vivimos, sino que Colombia termine por parecerse a su historia escrita.

Por lo mismo, nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. Semejante despropósito restringe la creatividad y la intuición congénitas, y contraría la imaginación, la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, hasta que los niños olviden lo que sin duda saben de nacimiento: que la realidad no termina donde dicen los textos, que su concepción del mundo es más acorde con la naturaleza que la de los adultos, y que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que le gusta, y sólo en eso.

Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos, Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos, y trabajadores encarnizados, pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil. Tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico. Un éxito resonante o una derrota deportiva pueden costarnos tantos muertos como un desastre aéreo. Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir. Al autor de los crímenes más terribles lo pierde una debilidad sentimental. De otro modo: al colombiano sin corazón lo pierde el corazón.

Pues somos dos países a la vez: uno en el papel y otro en la realidad. Aunque somos precursores de las ciencias en América, seguimos viendo a los científicos en su estado medieval de brujos herméticos, cuando ya quedan muy pocas cosas en la vida diaria que no sean un milagro de la ciencia. En cada uno de nosotros cohabitan, de la manera más arbitraria, la justicia y la impunidad; somos fanáticos del legalismo, pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, o para violarlas sin castigo. Amamos a los perros, tapizamos de rosas el mundo, morimos de amor por la patria, pero ignoramos la desaparición de seis especies animales cada hora del día y de la noche por la devastación criminal de los bosques tropicales, y nosotros mismos hemos destruido sin remedio uno de los grandes ríos del planeta. Nos indigna la mala imagen del país en el exterior, pero no nos atrevemos a admitir que muchas veces la realidad es peor. Somos capaces de los actos más nobles y de los más abyectos, de poemas sublimes y asesinatos dementes, de funerales jubilosos y parrandas mortales. No porque unos seamos buenos y otros malos, sino porque todos participamos de ambos extremos. Llegado el caso --y Dios nos libre-- todos somos capaces de todo.

Tal vez una reflexión más profunda nos permitiría establecer hasta qué punto este modo de ser nos viene de que seguimos siendo en esencia la misma sociedad excluyente, formalista y ensimismada de la Colonia. Tal vez una más serena nos permitiría descubrir que nuestra violencia histórica es la dinámica sobrante de nuestra guerra eterna contra la adversidad. Tal vez estemos pervertidos por un sistema que nos incita a vivir como ricos mientras el cuarenta por ciento de la población malvive en la miseria, y nos ha fomentado una noción instantánea y resbaladiza de la felicidad: queremos siempre un poco más de lo que ya tenemos, más y más de lo que parecía imposible, mucho más de lo que cabe dentro de la ley, y lo conseguimos como sea: aun contra la ley. Conscientes de que ningún gobierno será capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por ser incrédulos, abstencionistas e ingobernables, y de un individualismo solitario por el que cada uno de nosotros. Piensa que sólo depende de sí mismo. Razones de sobra para seguir preguntándonos quiénes somos, y cuál es la cara con que queremos ser reconocidos en el tercer milenio.

La Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo no ha pretendido una respuesta, pero ha querido diseñar una carta de navegación que tal vez ayude a encontrarla. Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética --y tal vez una estética-- para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.

Tomado de Aldana Valdés, E., & Otros. (1996). Colombia: al filo de la oportunidad. Bogotá: Tercer Mundo.

sábado, 27 de enero de 2018

EL HOMBRE, SU CUERPO Y SU LENGUA

Por: Giambattista Vico


Es digno de observación que en todas las lenguas la mayor parte de las expresiones en torno a cosas inanimadas están hechas a base de transposiciones del cuerpo humano y de sus partes, así como de los sentimientos y las pasiones humanas: Como «cabeza», por cima o principio; «frente» y «espaldas», delante o detrás; «ojos» de las viñas y esas que se llaman «luces» como elementos de las casas; «boca», toda apertura; «labio», borde de un vaso o de cualquier otra cosa; «diente» de arado, de rastrillo, de sierra, de peine; «barbas», las raíces; «lengua» de mar; «fauces» o «garganta» de ríos o montes; «cuello» de tierra; «brazo» de río; «mano», para un número pequeño; «seno» de mar, el golfo; «flancos» o «lados», los cantos; «costados» del mar; «corazón», por el medio (llamado «umbilicus» por los latinos); «pierna» o «pie» de países y «pie» para final; «planta» por base, o sea, fundamento; «carne», «huesos» de frutas; «vena» de agua, piedra, mineral; «sangre» de la vid, el vino; «vísceras» de la tierra; «ríen» el cielo, el mar; «silba» el viento; «murmura» la ola; «gime» un cuerpo bajo un gran peso; y los campesinos del Lacio decían «sitire agros», «laborare fructus», «luxuriari segetes»; y nuestros campesinos «enamorarse las plantas», «enloquecer las vides», «llorar los surcos»; y otros ejemplos innumerables que se pueden recoger en todas las lenguas. Todo lo cual se sigue de aquella dignidad de que «el hombre ignorante se hace a sí mismo regla del universo», tal como en los ejemplos citados a partir de sí mismo se ha formado un universo completo. Porque, así como la metafísica razonada enseña que «homo intelligendo fit omnia», así esta metafísica fantástica demuestra que «homo non intelligendo fit omnia»; y quizá sea dicho esto con más verdad que aquello, pues el hombre al entender despliega su mente y comprende las cosas, pero cuando no las entiende hace a partir de sí las cosas y, transformándose en ellas, lo convierte.

Vico Giambattista. (1744/1995). (Introducción, traducción y notas de Rocío de la Villa). Ciencia Nueva. Editorial Tecnos. Madrid.

viernes, 19 de enero de 2018

JACQUES MARIE EMILE LACAN (MINI-BIOGRAFÍA)

Por: Jairo Báez




Jacques Marie Emile Lacan,[1] descendiente de una familia burguesa, recibe una formación clásica y cristiana; aunque se caracterizó por ser buen estudiante, nunca alcanzó el grado de la brillantez; sus maestros le criticaban su arrogancia, su falta de compromiso y organización para con los estudios impartidos. En la adolescencia empieza a mostrar su resistencia a lo enseñado en su crianza, busca sus propios derroteros intelectuales, explora el jansenismo, el dadaísmo y el surrealismo, entre otros. Se asume en contra de las creencias religiosas recibidas, frecuenta los círculos literarios y filosóficos de avanzada, lee a Nietzsche en alemán, también se interesa por la obra de Spinosa. Tiene que vivenciar los horrores de la Primera Guerra Mundial, heridos y mutilados que llegaban al improvisado hospital que hicieran de su colegio. De allí su duda entre optar por la política y la medicina. Como dato anecdótico, conoce primero la obra de Joyce y años después la obra de Freud.



[1] Roudinesco, Élizabeth. (1993/2000). Lacan, esbozo de una vida, historia de un esbozo de pensamiento. Colombia. Fondo de Cultura Económica. Primera Parte. Aparte I.