Head

miércoles, 4 de noviembre de 2026

EL DESEO Y LA LITERATURA

Por: Jairo Báez

El deseo es algo inalcanzable con palabras; toda palabra, por más que se busque exacta para trasmitirlo, se quedará corta. El deseo se engancha con elementos del presente; pero, estos jamás podrán dar con la copia precisa para satisfacer lo reprimido. 

Ese instante, que fue relegado al inconsciente por su imposibilidad de realizarse, estará presente en cada uno de los actos sucesivos, con toda la fuerza que le fue impresa de antaño; no obstante, con la imposibilidad de conquistar la conciencia. Todo: los olores, las texturas; todo lo que marcó el encuentro mismo con el imposible, estará presente en todos los futuros actos. La pregunta por el azar del futuro se responde desde la exactitud del pasado. Nadie puede escapar a sus represiones; todos los encuentros que tenga el sujeto en su transcurrir vital, van a estar marcados por ese deseo que se encargará de llevarlo por un proyecto de vida. Desde el siempre inconsciente, nadie vivirá su proyecto, sino el proyecto de vida que le corresponde vivir desde el deseo.

La lucha entre un deber ser y el ser, entre el pasado y el presente, el inconsciente y el consciente, lo lícito y lo ilícito, van a encontrar la posibilidad de concertar, merced a las posibilidades que permiten las pulsiones. El acto sublimatorio, coartar la pulsión, satisfacerla medianamente y a cada instante, dándole el cariz estético, se patenta en estos fragmentos literarios, que remiten a los más recónditos deseos, que por siempre se mantendrán aplazados, nunca serán totalmente dichos, pero aseguran el camino a los mismos. En los fragmentos hay mucho de impúdico e inaceptable, remitiendo a esas represiones de los actos naturales dónde se esconde el máximo placer, según nos lo refiere el psicoanálisis; remisión a la muerte y la agresión, a lo no permitido por las sanas costumbres, a la trasgresión de la norma.

Los fragmentos literarios están cargados de esos elementos edípicos insoslayables: de una madre pura, en tanto portadora del falo, pero, a su vez, única capaz de despertar los más profundos deseos de voluptuosidad. La represión se ha encargado de jugar su juego: la mantiene siempre presente en el inconsciente aunque la esconde siempre a la presión de la conciencia. ¿Quién más, si no la más cercana, en la historia de la formación sexual, será capaz de despertar tanto sensualismo? De nuevo se repite la doble dimensión de la renuncia y la posesión, la castración y la renegación. No solamente la mujer tiene que aceptar su castración y renegarla; el hombre, igualmente, es castrado en la medida que se castra la madre. El hombre, a su manera, encuentra formas de resarcir la pérdida. Se renuncia a ser el ombligo del mundo y se consuela con la posibilidad de alguna vez volverlo a ser.

Con la resolución del Edipo, la madre quedará por siempre escindida en el psiquismo del castrado: la madre dueña de las pasiones que permanecerá en el inconsciente y la madre pura que no abandonará jamás la consciencia. Por cierto, el adagio popular que refiere que ¨madre solo hay una¨ tendría que revaluarse de acuerdo a la lectura que hace el psicoanálisis. Estos fragmentos compaginan mucho con la cotidianidad del hombre que hasta hace muy poco siempre tuvo dos mujeres en su psíquismo: la madre de sus hijos, la esposa, la pura y santa, bondadosa y hacendosa… y la prostituta, la amante, la pasional, aquella con la que se puede llevar al extremo las concupiscencias: la escondida, la innombrable. Extrañamente y maliciosamente, el pensar del hombre y los fragmentos literarios ponen en evidencia la fragilidad de la masculinidad: los hijos se tienen con la madre y no con la mujer.

“Pensaba en pinturas antiguas que viera en los museos sin haber comprendido mucho. (...) Esperaba algo sorprendente, que aún no había acaecido, un espectáculo terrible, del que no era capaz de imaginar nada, algo de una sensualidad tremenda, animal, que debía cogerlo como con zarpas y desgarrarlo, una experiencia que, de alguna manera todavía no clara, relacionaba con las sucias batas de las mujeres, con sus toscas manos, con la vulgaridad de sus dormitorios, con... la suciedad de las inmundicias de los patios y corrales. Las palabras no podían expresarlo. No es lo que las palabras pueden decir; se trata de algo mudo..., una estrangulación del cuello, un pensamiento que apenas se insinúa cuando uno trata de decirlo con palabras, pero que entonces se aleja más todavía, algo parecido a lo que sucede con las ampliaciones. De todos modos, era algo como para avergonzarse”. (Musil, pág. 22).

“En medio de mi confusión me invadió una sofocante ola de miedo 'demasiado tarde para llegar a la sinagoga' y aún antes de que decreciera, incluso en el mismo instante, una segunda de absoluta falta de conciencia 'sea como sea, a mí no me concierne'. Y ambas olas se golpearon incontenibles en la primera gran sensación de placer, en la que se mezclaban la profanación de la fiesta, con lo que de alcahueta tenía la calle, que me hizo presumir, por vez primera, los servicios que debería prestar a los instintos que acababan de despertarse”. (Benjamin, pág. 68).

“Lo que ante todo le había deslumbrado era la desnudez de aquel esbelto cuerpo de adolescente. Törless había tenido la impresión de hallarse frente a una muchachita aún muy joven, en la que todavía no se hubieran desarrollado las formas del sexo. Había sido como un avasallamiento, como un ataque por sorpresa. Y la pureza que en última instancia había en ese estado era lo que animaba aquellas relaciones con un sentimiento maravillosamente nuevo, inquieto. Todo lo demás contaba poco. Lo otro, el deseo, hacía ya mucho que estaba presente. Lo estaba en casa de Bozena y aún mucho antes. Era la misteriosa y melancólica voluptuosidad sin objeto, que no se refería a nadie (…) Aquello le había abierto de golpe una puerta a la vida”. (Musil, pág 164).

“Pero ya en aquella época, cuando mi madre me regañaba por mi hosquedad y mi modo de andar soñoliento, sentí la posibilidad confusa de librarme más tarde de su dominio, en unión de estas calles, en las que aparentemente no me orientaba. En todo caso, no cabe duda de que la sensación - engañosa, por desgracia- de abandonarla a ella, a su clase y a la mía, era la causa del impulso sin igual de dirigirme a una prostituta en plena calle”. (Benjamin, pág. 147).

“ (...) ¿por qué no surgía un abismo que mostrara que nada en común había en una y otra? Esa mujer es para mí una maraña de todas las concupiscencias sexuales, y mi madre una criatura que hasta ahora pasó por mi vida sin nubes, inaccesible, clara y sin sombras, como un astro que está más allá de toda codicia. (...) Con los ojos, Törless se impregnaba de la imagen de Bozena y mientras tanto no podía olvidar a su madre. A través de él, las dos estaban de alguna manera relacionadas. Pero como los afanes por quitarse aquello de encima eran vanos, la relación fue cobrando una terrible, imprecisa significación, que acompañaba todos sus esfuerzos como una pérfida sonrisa”. (Musil, pág. 45).

“Cuando hubo dejado atrás los acontecimientos de su adolescencia, Törless se convirtió en un muchacho de espíritu refinado y sensible. Entonces fue uno de esos seres de naturaleza estético-intelectual, a los cuales, la observancia de la ley, e incluso, en cierta medida, de la moralidad pública, ofrece tranquilidad y serenidad, pues así se ahorran el tener que reflexionar sobre cosas groseras y sobre todo lo que se halle lejos de los estados espirituales más exquisitos”. (Musil, pág. 167).




Referencias:

Benjamín, W. (1992). Infancia en Berlín hacia 1900. Barcelona: Círculo de Lectores.

Musil, R. (1984). Las tribulaciones del estudiante Törless. Barcelona: Seix-Barral.

miércoles, 28 de octubre de 2026

EL NIÑO PERVERSO POLIMORFO

Por: Jairo Báez

Para Freud el niño será perverso y polimorfo en la construcción de su sexualidad; perverso en la medida que está obligado por una pulsión que no acepta normas y polimorfo porque cualquier forma tomará finalmente su sexualidad acabada. En la obligatoriedad de la perversión, el niño trascurre por sus fases de desarrollo, (oral, anal, fálico); allí, las contingencias acentuarán ciertas manifestaciones, las que finalmente se canalizarán en un objeto y un fín preciso. A pesar que todos los sujetos tienen un mismo punto de partida, el resultado final es diferente para cada sujeto, acorde con las vicisitudes por las que haya pasado. El ser perverso no tiene para Freud implicaciones morales; con esto solo señala el comportamiento libidinal; igual, el polimorfismo solo definiría la unicidad de la sexualidad de cada sujeto.




martes, 20 de octubre de 2026

El FALO, LA FASE.

Por: Jairo Báez

Esta fase se va a caracterizar por la supremacía del falo, (devenida del pene en tanto significante). El tener o no tener pene implica un lugar en el concierto de las relaciones, de los simbolismos y los imaginarios que acompañan la realidad psíquica, no obstante las implicaciones directas en el ser social y cultural. En la fase fálica se dirime el lugar en la triada y, por extensión, en la sociedad que va a habitar y los objetos con los que se va a relacionar el sujeto. El tener o no tener el falo, el ser o no ser el falo, (castración), ocasionará el lugar que por siempre irá a definir un proceder constantemente presente y envolvente. La fase fálica no solo brinda un lugar y una función genital sino, también, la relación sexual por excelencia. (Más allá de lo que comúnmente se reconoce como sexual pero que apunta a lo mismo: la satisfacción en la relación).





miércoles, 14 de octubre de 2026

NEUROSIS Y PERVERSIÓN

Por: Jairo Báez

En la constitución del sujeto viene inscrita, merced a la potencialidad y cualidad pulsional, la predisposición a la perversión sexual; esto es, a la saturación o no limitación por lo establecido, a no acogerse a ninguna norma. El conflicto del neurótico viene dado precisamente por la obligatoriedad a la que se doblega allí donde más difícilmente puede someterse. El neurótico es el sujeto que lucha contra su perversión, con la acentuación de su deseo, y la dificultad para mantenerlo dentro de los estandares establecidos. Paradójicamente, desde la conciencia parecería que gana la batalla a la perversión; pero desde el inconsciente, se descubre, que la lucha ha sido inútil.




martes, 6 de octubre de 2026

EL NIÑO, LA MADRE Y LO SEXUAL

Por: Jairo Báez 

Al niño se le dificulta aceptar a su madre como sujeto con deseo sexual porque esto implicaría renunciar a ser el único deseo de la madre. Una madre con deseo sexual desplaza al niño de su lugar fálico, preocupación que ya queda evidenciada cuando hace uso de sus teorías sexuales. Al aceptar el deseo sexual de la madre, el niño estaría siendo objeto de una mujer no digna de detentar el poder debido a su lascivia; si la madre no es digna, el tampoco lo será; por tanto, el desplazamiento copernicano estaría dado, cosa que el niño, en su imaginario, no va a aceptar de buenas a primeras.




miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL NIÑO Y SUS TEORÍAS SEXUALES

Por: Jairo Báez

La función de las teorías sexuales en el desarrollo del niño es restaurar y, a la vez, propiciar los placeres que le son vedados. Esto es, mediante una teoría sexual el niño sublima sus deseos sexuales y, también, logra controlar la angustia que le acarrea la culpa y los temores subyacentes a los mismos. De ahí que las teorías sexuales del niño tengan como primeros objetos de discernimiento el origen de los niños, la diferencia de los sexos, la castración, el acto sexual etc.; todos estos, problemas directamente relacionados con su propia constitución sexual. A posteriori, las teorías sexuales de los niños van a mostrar la potencialidad que le imprimen al deseo de saber general que está presente en todos pero, que va a ser llamativo en unos más que en otros.




martes, 22 de septiembre de 2026

INSTINTO Y PULSIÓN

Por: Jairo Báez

En términos clásicos lo que hace la diferencia entre el sujeto humano y otro animal es su actuar pulsional, diferente a lo instintual. El instinto tiene su objeto y su fin definidos mientras la pulsión no. La pulsión es la fuerza que busca anclarse a un objeto y lograrlo mediante diferentes manifestaciones (catexias). Así, la pulsión, siendo la misma, puede tener como objeto, cualquier cosa y llegar a él de diferente manera. Se supone que entre la pulsión y el objeto se establece una relación de placer: al catectizar el objeto y lograr su fin habría una descarga energética que denominamos placer; la descatectización provocaría la recarga y con esta, la búsqueda del objeto y, de nuevo, el fin; esto puede ser interpretado en términos de displacer. No obstante, la primera relación entre la pulsión, el objeto y el fin, es determinante para futuros encuentros.




martes, 15 de septiembre de 2026

EL TIEMPO EN EL INCONSCIENTE

Por: Jairo Báez

Freud encuentra una lógica del tiempo no lineal o la atemporalidad en  el psiquismo inconsciente. El ejemplo tomado de la neurosis es muy didáctico: en la construcción psicosexual del sujeto, éste ha pasado por ciertas vicisitudes que en el momento mismo no tienen ninguna implicación traumática pero que ocasionan o hacen su aporte traumático cuando un evento futuro se hace presente. El mismo paso de lo real a lo fantasioso ilustra el mismo principio: para el psiquismo el deseo pretérito se actualiza ante el encuentro con una contingencia del presente que lo desencadena: v. g. el amor de transferencia: no es un recuerdo es una realidad que se vive.




martes, 8 de septiembre de 2026

FALSOS ENLACES EN EL ANÁLISIS

Por: Jairo Báez

Para el tratamiento analítico es importante el descubrimiento de las lagunas o los falsos enlaces porque allí se esconde el principio mismo de la cura; en las lagunas y los falsos enlaces se manifiesta la defensa, la resistencia y represión original que dio lugar al trauma. En la medida que éstos permiten ubicar el origen traumático, las conexiones entre lo inconsciente y lo consciente se establecen ocasionando la cura. Siendo consecuentes, no se puede hablar de falsos enlaces, sino de enlaces distorsionados, porque en ellos está la fuerza misma del trauma o del inconsciente, pero presentados de tal manera que pueden acceder a la conciencia franqueando las represiones.



viernes, 28 de agosto de 2026

LA DANZA EN EL PSICOANÁLISIS

Por: Jairo Báez & Rosendo Rodríguez

Nos preguntamos: ¿Qué es la danza? Y a partir del interrogatorio que formulamos a los textos freudianos logramos aproximarnos en una medida no desdeñable a dilucidar esta cuestión.

El primer paso es la ubicación de la danza como medio que proporciona la tan anhelada felicidad al individuo. Esta felicidad, la veía Freud, como la meta última de la vida, a la cual se consagran las acciones que el hombre emprende. Seguidamente, al cuestionamiento sobre la felicidad, nos encontramos con que ésta remite al goce de la belleza, la cual despierta emociones embriagadoras que indemnizan al sujeto, del sufrimiento que produce la culturización. No acertamos a definir la belleza pero queda sentado que deriva del terreno de las mociones sexuales coartadas en su fin. También encontramos que la felicidad se puede obtener a través de una satisfacción directa, por medio de las relaciones sexuales genitales, lo cual, indudablemente, no es el caso para la danza. A cambio concluimos que la danza proporciona felicidad a través de la belleza, y más exactamente, por medio de una moción de meta inhibida. Encontramos el lugar de la danza en la cultura respondiendo a los intereses de dos tendencias; por un lado, el anhelo de satisfacción sexual del sujeto y por el otro, el interés por mantenerse dentro de la cultura, la cual reposa sobre represiones que sobre las pulsiones sexuales ejerce. De esta manera la danza pasa a ser un medio de mantenimiento de la cultura que resarce al individuo por su sacrificio pulsional. Luego, indagamos en el ámbito de las pulsiones para dar razón del concepto de pulsión de meta inhibida al que nos remite el significado de felicidad. Dijimos que la pulsión de meta inhibida es un quantum energético cuya descarga procura una satisfacción parcial, dejando un excedente utilizable para el mantenimiento y engrandecimiento de la cultura. La manifestación de una pulsión de meta inhibida entraña algunos procesos que nos esforzamos en describir en torno a la danza. En primer lugar, la energía de las pulsiones elude la represión, al ser la danza aceptada por la cultura, y esta aceptación responde al proceso de sublimación, en virtud del cual la energía pulsional es aprovechada de forma constructiva, en el enaltecimiento del sujeto y el fortalecimiento de la cultura, buscando con ello mejorar las estrategias de superviviencia. La elección por parte del sujeto de un medio como la danza para obtener satisfacción pulsional obedece a la evolución particular que ha tomado su disposición sexual. Siendo la danza, un acto que, en la mayor de las veces, involucra un espectador, nos vimos forzados a hablar de la dinámica que subyace a este fenómeno. Revisamos los destinos de las mociones pulsionales encontrando que en la danza, los implicados, experimentan la satisfacción mediante la posición activa y pasiva en forma simultánea, dada la propiedad que tienen las pulsiones de trastornarse hacia lo contrario y volverse hacia la misma persona. De aquí, vislumbramos cómo el espectador obtiene una satisfacción pulsional derivada de la contemplación en la ejecución; mientras que el danzante obtenía placer al ser contemplado. No siendo suficiente esta explicación para justificar la posición del espectador y la actividad del danzante, la identificación permitió inteligir el mecanismo por medio del cual el espectador se apropia de las acciones del danzante, obteniendo de esta manera las mismas satisfacciones.




Tomado: Báez, J; Rodríguez, R. La danza: una mirada desde el psicoanálisis. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Psicología. 1992.

martes, 25 de agosto de 2026

CRÁTILO (PLATÓN) Y EL PSICOANÁLISIS (FREUD).

Por: Jairo Báez 

Al mirar algunos apartes de los documentos que Freud escribió sobre la afasia, encuentro algo que si no esclarece, al menos complica más las indagaciones. Él describe dos categorías de representación: a) representaciones de cosa y b) representaciones de palabra.   Esas representaciones de cosa, se semejan mucho al origen de las palabras que se expresa en el Crátilo de Platón. Aunque todos sabemos que Freud hizo sus modificaciones al respecto, especialmente, cuando se introduce en el estudio del inconsciente, sí es justo reconocer una historia coherente de la representación que aun hoy le compete al psicoanálisis. Las representaciones de cosas se pueden relacionar más fácilmente con las pulsiones directas y las representaciones de palabra con las pulsiones coartadas. El análisis nos podría llevar por las representaciones de palabra hasta el feliz encuentro con la representación de la cosa; pero tampoco así podríamos llegar a saber de qué manera se hace ese encuentro con la cosa, y qué cosa es lo que se encuentra. (Sigo pensando en el Más allá del principio del placer).

Suspendo aquí mi soliloquio al respecto, pensando en lo que señala Chomsky con su gramática generativa: la lengua es una sola (propiciada en una filogénesis), el lenguaje es variado (propiciado en la ontogénesis), pero sin el uno no sería posible el otro. A la larga, la naturaleza sabe como hace sus cosas. El mundo psíquico no comenzó con nosotros ni terminará con nosotros.



martes, 18 de agosto de 2026

LA HIPNOSIS Y LA NEUROSIS

Por: Jairo Báez

Al hacer un balance sobre la etiología de las neurosis, se concluye que existen tres factores que se relacionan, como un sistema, para ocasionar dicha entidad. La predisposición orgánica, las causas específicas (niñez temprana) y las causas convergentes (posteriores a la estructuración psicosexual). Esto implicaría una doble dimensión en el tratamiento de la cura; por un lado, la parte psicógena y por la otra, estructural. Así el método hipnótico se mostró efectivo para tratar la parte psicógena que posibilitaba la erradicación de los síntomas manifiestos pero, se mostró incapaz de controlar la producción de los mismos o redimir del trauma que los ocasiona. Esto lleva a concluir que el método hipnótico no afecta la causa sino los efectos de neurosis.



jueves, 13 de agosto de 2026

EL SINTHOME Y LA MUJER

Por: Jairo Báez

Se hacen discernibles otras manifestaciones posibles y mostrables de lazo social ocasionadas en placeres otros que emergen de lalengua que ocasiona el goce femenino, no satisfecho en el Sinthome institucionalizado y, fácilmente, explicable el lazo social como consecuencia de la transferencia, ubicada ésta desde lo inconsciente, pulsional y lo significante. Si la transferencia es primordial y producto de una prohibición que conlleva la condensación y el desplazamiento por la cadena significante, entendible que el lazo social sea otro y solamente entendible en el empuje de lo pulsional, antes no simbolizado ni articulado en el plano del significante. Por tal motivo es de esperar el poder mostrar otra práctica fundada en otro saber y por esto, la necesidad de insistir en lo positivo del síntoma y del placer no contemplado por el Sinthome instituido, pues son aquellos los que ocasionarían nuevas prácticas y nuevos saberes. Me atrevería a enunciar el lugar primordial de la mujer para ocasionar nuevas prácticas sociales y de subjetivación (la política y lo político); solamente ella, la mujer no contemplada en el placer que otorga el Sinthome, podrá hacerlo reventar mediante la instauración de una lalengua.




jueves, 6 de agosto de 2026

LA LOCURA Y EL BURRO

Por: Jairo Báez

Para escuchar la locura se necesitan orejas de burro, decía Erasmo; no tenemos certeza de qué tanto escucha el jumento con sus grandes y puntiagudas orejas pero, éstas le han servido para soportar la tiranía de quien lo esclaviza. Los entendidos en burros aseguran que sus orejas le ha servido para la sobrevivencia y evitar el hacinamiento, haciéndolos solitarios. El burro, aunque leal y trabajador, ha tenido que soportar el endilgo de su torpeza e ignorancia; animal noble, donde la calumnia hace su blanco; pues no es tan claro que sea todo ese peyorativo con el cual se nombra y no justifica tampoco el hecho de su longeva vida. Sea pues el escuchar, algo esencial para poder vivir; y esta sea la razón por la cual Erasmo creía que para escuchar la locura se necesitará orejas de burro. Así, será esencial a quien quiera vivir, escuchar alguna vez la locura. La locura, que mienta Erasmo, habla desde su interior mismo y no adoba su decir con el falso objetivismo del que hace gala el cuerdo saber; y, desde ese interior, dice cosas que no es grato escuchar, porque avergüenza el mismo interior de los cuerdos; les muestra sus fallas, sus inconsistencias, su fantasmagoría, que quiere hacer pasar por la real realidad.




miércoles, 5 de agosto de 2026

LA TEORÍA DE LA SEDUCCION, SEGÚN FREUD.

Freud legitima el trauma sexual en la niñez temprana como la causa específica de la neurosis, dándole un lugar dentro del sistema capaz de desencadenarla. El sistema consta de: las condiciones (herencia), las causas concurrentes (emociones, emociones morales, agotamiento, intoxicaciones, accidentes traumáticos, entre otros, ocasionadas en cualquier momento después de la niñez temprana) y las causas específicas (perturbaciones en vida sexual actual o pretérita). Las causas, propias de una seducción sexual temprana, darán lugar a la histeria, si el sujeto actuó pasivamente en el acto; y neurosis obsesiva si el sujeto actuó de forma activa. Freud, de todas maneras aclara, que antes se ser sujeto activo en un acto, el sujeto fue sujeto pasivo en otro anterior, de ahí la concurrencia de manifestaciones histéricas en los neuróticos obsesivos. En su teoría de la seducción, sigue siendo llamativa la necesidad de que se den ciertas condiciones a posteriori, para desencadenar el trauma. (Síntesis del trauma a posteriori).




miércoles, 22 de julio de 2026

LA PRIMERA CONCEPCIÓN DE LA TRASFERENCIA DE SIGMUND FREUD

By: Jairo Báez 

En esta primera concepción de la transferencia, Freud señala la ambivalencia que ésta presenta con respecto al tratamiento: por un lado es un obstáculo y por el otro el ¨sin el cual no¨ se dará la curación. El hábil manejo de la transferencia decidirá la cura. En su análisis Freud describe una lógica de la transferencia: esta surge de la transacción de sufrimiento por afecto, propia de la relación terapéutica, que se ve entorpecida por tres elementos, de los cuales dos son de fácil manejo mientras el último es decisorio para el deseado fin. El sentimiento de rechazo y/o ofensa de la paciente por parte del terapeuta, lo mismo que los ¨decires¨ de terceros, en contra del terapeuta y el tratamiento, y la preocupación a depender indefinidamente del terapeuta, son manejables y poco tensos para el buen desenlace de la cura; pero, en cambio, la transferencia propiamente dicha (poner en otro lo que no le corresponde por derecho propio) de representaciones displacientes al terapeuta, es lo que decide el triunfo o la derrota. Solamente cuando el paciente logra hacer consciente, (con ayuda del terapeuta), que las representaciones no corresponden al terapeuta sino a la reconstrucción del trauma se logra la cura.



viernes, 12 de junio de 2026

¿NECESITA FOTOS?


EN ESTE LINK ENCONTRARÁ LAS QUE BUSCA. (INCLUSO LAS MÍAS)

viernes, 10 de abril de 2026

CIUDAD REPTILIA

Proyecto ecológico digno de visitar. Sea todo por la conservación de la diversidad de la flora y la fauna. Conservación del caimán y el cocodrilo en Colombia. Boas y otras especies en recuperación ante su peligro de extinción. Melgar. (Cundinamarca).

martes, 24 de marzo de 2026

LEOPOLD BLOOM'S KIDNEYS

Por: Jairo Báez

Años habían transcurrido luego de haber leído por primera vez Ulises y una mañana se me ocurrió que sería interesante volver a la experiencia de Lepoldo Bloom, aquella que James Joyce dejó registrada allí ese 16 de junio de 1904. Puse manos a la obra y recomendé a mi estimado amigo Ulises que me comprara los riñones en la plaza de mercado. Con gusto los compró y pronto los tuve en mi refrigerador.
Esperé el momento de estar en soledad, tomé de nuevo el libro y pasé directamente al Capítulo IV. Seguí la trama y después llené los vacíos de la receta con un viejo libro de cocina irlandesa que encontré en la biblioteca. Seguí las instrucciones y serví mi plato intentando emular en detalle lo sucedido esa mañana. Realmente esto sabe bueno, pensé, sentado en mi mesa dando la espalda a la ventana que lleva directamente a la calle.
Estaba por terminar el último bocado cuando escuché que alguien golpeaba el vidrio de la ventana; al voltear no vi a nadie, a pesar que los golpes continuaban. Me acerqué, corrí la cortina y ahí estaba él: casi ciego pero siempre él.
-- Hi, my friend, are you tasting your delicious plato? Ever eating your kid_neys, he smailed. You're a great philosop_her.
-- Es placer y una costumbre, Mr Joyce. Would you have un tinto?
-- Is it not early to start drinking wine, Mr. Bloom?
Bebió su copa, terminé de comer, nos preguntamos sobre la familia, las esposas, los hijos y otras cuantas cosas que realmente a ninguno de los dos nos importaba saber del otro y se despidió con una sonrisa más. Diría yo que que más bien con una risa burlona.
Ciego como está pero siempre con su espíritu de reportero, ¿quién sabe que irá a escribir este hombre de lo sucedido esta mañana?, fué lo que pensé, cuando lo ví después embolsado en un overall amarillo en el funeral.

sábado, 11 de marzo de 2023

THE DEATH OF DORIAN GRAY

 By: Oscar Wilde

He took the lamp from the table  and crept upstairs. As he unbarred the door, a smile of joy flitted across his strangely young-looking face and lingered for a moment about his lips. Yes, he would be good, and the hideous thing that he had hidden away would no longer be a terror to him. He felt as if the load had been lifted from him already. 

Hen went in quietly, locking the door behind him, as was his custom, and dragged the purple hanging from the portrait. A cry of pain and indignation broke from him. He could see no  change, save that in the eyes there was a look of cunning, and in the mouth the curved wrinkle of the hypocrite. The thing was still loathsome -- more loathsome, if possible, than before -- and the scarlet dew that spotted the hand seemed brighter, and more like blood newly spilt. Then he trembled. Had it been merely vanity that had made him do his one good deed? Or the desire for a new sensation, as Lord Henry had hinted, with his mocking laugh? Or that passion to act a part that sometimes makes us do things finer than we are ourselves? Or, perhaps, all these? And why was the red stain larger than it had been? It seemed to have crept like a horrible disease over the wrinkled fingers. There was blood on the painted feet, as though the thing had dripped -- blood even on the hand that had not held the knife. Confess? Did it mean that he was to confess? To give himself up, and be put to death? He laughed. He felt that the idea was monstrous. Besides, even if he did confess, who would believe him? There was no trace of the murdered man anywhere. Everything belonging to him had been destroyed. He himself had burned what had been below-stairs. The world would simply say that he was mad. They would shut him up if persisted in his story. ... Yet it was his duty to confess , to suffer public shame, and to make public atonement. There was a God who called upon men to tell their sins to earth as well as to heaven. Nothing that he could do would cleanse him till he had told his own sin. His sin? He shrugged his shoulders. The death of Basil Hallward seemed very little to him. He was thinking of Hetty Merton. For it was an unjust mirror, this mirror of his soul that he was looking at. Vanity? Curiosity? Hypocresy? Had there been nothing more in his renunciation than that? There had been something more. A least he thought so. But who could tell... No. There had been nothing more. Through vanity he had spared her. In hypocresy he had worn the mask of goodness. For curiosity´s sake he had tried the denial of self. He recognized that now.  

But this murder -- was it to dog him all his life? Was he always to be burdened by his past? Was he really to confess? Never. There was only one bit of evidence left against him. The picture itself -- that was evidence. He would destroy it. Why had he kept it so long? Once it had given him pleasure to watch it changing and growing old. Of late he had felt no such pleasure. It had kept him awake at night. When he had been away, he had been filled with terror lest other eyes should look upon it. It had brough melancholy across his passions. Its mere memory has marred many moments of joy. It had been like conscience to him. Yes, it had been conscience. He would destroy it. 

He looked round, and saw the knife that had stabbed Basil Hallward. He had cleaned it many times, till there was no stain left upon it. It was bright, and glistened. As it had killed the painter, so it would kill the painter´s work, and all that meant. It would kill the past, and when that was dead he would be free. It would kill this monstrous soul-life, and without its hideous warnings, he would be at peace. He seized the thing, and stabbed the picture with it.

There was a cry heard, and a crash. The cry was so horrible in its agony that the frightened servants woke, and crept out of their rooms. When they entered, they found hanging upon the wall a splendid portrait of their master as they had last seen him, in all wonder of his exquisite youth and beauty. Lying on the floor was a dead man, in evening dress, with a knife in his heart. He was withered, wrinkled, and loathsome of visage. It was not till they had examined the rings that they recognized who it was.

Taken: Wilde. Oscar. (1890/1993). The portrait of Dorian Gray. Dover Publications. New York.