Por: Jairo Báez
Para escuchar la locura se necesitan orejas de burro, decía Erasmo; no tenemos certeza de qué tanto escucha el jumento con sus grandes y puntiagudas orejas pero, éstas le han servido para soportar la tiranía de quien lo esclaviza. Los entendidos en burros aseguran que sus orejas le ha servido para la sobrevivencia y evitar el hacinamiento, haciéndolos solitarios. El burro, aunque leal y trabajador, ha tenido que soportar el endilgo de su torpeza e ignorancia; animal noble, donde la calumnia hace su blanco; pues no es tan claro que sea todo ese peyorativo con el cual se nombra y no justifica tampoco el hecho de su longeva vida. Sea pues el escuchar, algo esencial para poder vivir; y esta sea la razón por la cual Erasmo creía que para escuchar la locura se necesitará orejas de burro. Así, será esencial a quien quiera vivir, escuchar alguna vez la locura. La locura, que mienta Erasmo, habla desde su interior mismo y no adoba su decir con el falso objetivismo del que hace gala el cuerdo saber; y, desde ese interior, dice cosas que no es grato escuchar, porque avergüenza el mismo interior de los cuerdos; les muestra sus fallas, sus inconsistencias, su fantasmagoría, que quiere hacer pasar por la real realidad.
