martes, 29 de diciembre de 2009

¿SOY ATEO?

Bogotá, octubre 22 de 2001




Señora
Patricia Castro
E. S. M.

Ref. Carta del Padre Llano


He recibido con agrado su encargo y espero poder responder mínimamente a sus expectativas, teniendo presente que en asuntos tan escabrosos la pretensión al respecto puede llegar a ser nula.

Es la gran discusión desde que la Iglesia[1], con el surgimiento de la Enciclopedia, se vio en la necesidad de ceder un poco del pastel que le había sido reservado desde tantos siglos atrás[2]. Ya en clase de Historia de la Ciencia y Método Científico le quise trasmitir mi criterio de que la ciencia y la religión son dos marcos cognoscitivos diferentes y por lo tanto la discusión podría llegar a ser bizantina si no se tienen claros los puntos de referencia. A alguno de ellos quiero referirme de nuevo, y a pedido exclusivo de una alumna que merece mi más sentida admiración, pues en bien diciente que ponga a un ex-docente suyo de psicología a elaborar un ensayo sobre este tema en particular. Espero poder hablarle desde la psicología, asumiendo que es una rama de la ciencia tan respetable como cualquier otra rama.

El hecho que sean marcos cognoscitivos diferentes, no implica que no tengan relación; y por qué no, puntos de convergencia y divergencia. En lo que refiere a la relación, debo señalar la pretensión que tienen tanto la religión como la ciencia de brindar la verdad al ser cognoscente. Pero, mientras la religión asume que tiene la verdad acabada, la cual trasmite a sus fieles, la ciencia asume que la verdad es susceptible de encontrar, de hecho la está buscando siempre y comunica sus resultados, haciendo la aclaración que todavía no la ha encontrado y, más, que mientras no se tenga se debe hacer uso de lo que se tiene en el momento actual[3]. Lo anterior me permite señalar la melopea que ha llegado a nuestros días, donde se endilga a la ciencia su falsedad y poca efectividad en la solución del gran sufrimiento humano. El argumento básico está en la idea que el hombre necesita de una verdad acabada para ser feliz. La ciencia en su racionalidad, ha renunciado a este postulado y en cambio propone que la felicidad es lo de menos e, incluso, puede ser aplazada si la verdad encontrada, al final del camino, brinda libertad y real salida al sufrimiento humano. Es de resaltar que en esta dinámica de la búsqueda científica, Dios, el dador de la verdad desde la mayoría de las religiones, pierde espacio y terreno en su gran feudo humano. Permítame darle un ejemplo, antes que la ciencia nos mostrara que la tierra es redonda se mantuvo la idea que ésta era plana. Por supuesto en argot futbolístico podríamos señalar un 1 a 0 a favor de la ciencia; no obstante podría suceder que alguien propusiese que la tierra es achatada en los polos y por tal motivo, Dios entablara una demanda, ante la FIFA, para que anulasen el gol y de esta manera querer empatar de nuevo el partido. Lo que se está olvidando en este ejemplo es que la tierra no volverá nunca a ser plana pero sí habrán nuevas posibilidades geográficas, más allá del simple achatamiento en alguna de sus partes[4].

Desde la religión se ha esgrimido el argumento que la ciencia descuida la parte fundamental del ser humano refiriéndose, con más exactitud, a conceptos de alma, espíritu y sentimientos. Y en ocasiones se ha llegado a la afirmación que estos conceptos no pueden ser aprehendidos por la ciencia pues, -señala la religión-, carecería de los elementos necesarios para hacerlo adecuadamente. En particular, y a este punto hablo desde la ciencia y no por los científicos, creo que no es cierto lo que argumenta la religión. Siguiendo con la explicación del párrafo anterior, la ignorancia del ser humano es la verdad del religioso, y eso también lo leemos en los estudios transculturales, a nivel longitudinal y trasversal[5]. Por ejemplo, antes de hacer conciencia de que el proceso onírico era un proceso fisiológico, tan natural, como el pensar, hablar, etc., las primeras explicaciones trataron este fenómeno como prueba concreta de la existencia del alma y el espíritu, que vagaban por el mundo cuando el cuerpo dormía. Lo mismo, los sentimientos, al no poder ser controlados a voluntad, pues están gobernados por el sistema autónomo, (simpático, parasimpático y endocrino) se les dio vida, se antropomorfizaron. Y en segunda instancia se señalaron como regalo ineludible de Dios. Hoy no creo en alma, espíritu ni sentimientos, por la sencilla razón que los asumo como conceptos revaluados y no necesarios para poder seguir en la búsqueda de la verdad, felicidad y la libertad del ser humano. El legado de Pavlov, me brinda explicaciones mucho más racionales y concretas sobre el sentimiento, espíritu y el alma, en sus postulados del condicionamiento clásico, sin necesidad de recurrir a un Dios, sino a un proceso histórico que se trasluce en la filogenética y la ontogenética. Si no fuera suficiente la explicación, aún me quedan todos los estudios sobre las representaciones que rastreo, en sus comienzos, en el psicoanálisis y actualmente los encuentro en las ciencias cognitivas.

Usted me preguntará: ¿Entonces por qué existen grandes sabios que creen en Dios?, y me traerá el ejemplo de Einstein. La respuesta que le doy versa sobre la invalidez, incertidumbre, y de nuevo la ignorancia del hombre. Recordemos, con todo el respeto merecido, que Einstein era físico y no psicólogo. Verdad que él tenía muy clara y por tal razón dirigió una carta a Freud, preguntando por la causa de la irracionalidad y comportamiento humano. Lo cierto, Patricia, es que la ciencia es consciente de eso. Aún no es posible dar seguridad a ningún hombre, con el conocimiento que se tiene actualmente, por tal motivo en ese mundo de lo innombrable, de lo desconocido, de lo ominoso, aún seguirá reinando Dios. Podría seguir preguntando, y señalando como también algunos psicólogos, filósofos, historiadores y profesionales, a quienes un título certifica dignos de dar razón del hombre creen en Dios. Yo humildemente le podría contestar[6] que el hábito no hace al monje, y que tal y como Einstein también cuentan con su invalidez, sus huecos en el saber, y sufren como cualquier ser, inscrito en la materia orgánica, sin encontrar solución a su padecer. Podría parecer, lo anterior, como si yo fuese omnisciente, que yo estuviera en el nirvana, que no sufriera, no fuera inválido. No. Realmente sigo pensándome más inválido que cualquiera de los inválidos, más ignorante que el más ignorante, y tal vez sufra igual que todos los hombres que creen en Dios. Lo único que me diferencia de ellos es que he asumido mi castración y la he renegado[7]. Esa ha sido la única manera de asumir mi lugar y responsabilidad en este mundo, al cual, como Cantinflas, no he pedido venir pero del que tampoco pido salir. Soy responsable de mis actos, de lo que me suceda y le suceda a la personas que ponen su integridad a mi cuidado, por tal motivo debo prepararme día a día para asumir el pedido que me ha sido encomendado y que, quiéralo o no, acepté.

Si me dice que le he dado vueltas al asunto y no he respondido al texto del padre Llano, le puedo decir que mientras exista la palabra no puede existir ningún ateo. La palabra es el principio del creer, es el fundamento de la ciencia, ¡leíste bien, de la ciencia!, no tanto de la religión, que a pesar de lo que pregona, sigue creyendo fehacientemente en los hombres, ¡Quimera vana! En mi caso particular, existe un postulado básico, que si usted lo quiere llamar Dios, ese sería mi Dios. Mi postulado dice que mientras exista tiempo y movimiento todo se puede dar. De esta manera, no es que sea ateo, es que creo en algo tan sencillo y a la vez tan fundamental que sin ello no se podría dar nada. Pero si me dice que la ciencia nos hace ateos y que soy ateo por el hecho de no antropomorfizar ese postulado, lo asumo. Ese postulado, que le señalo, no tiene voluntad ni se comporta como un ser humano. Estaría colocando mi existencia en algo bien peligroso e inestable si asumiera que Dios es humano. Ahora, realmente en qué cabeza cabe que un ser poderoso, tal y como lo ven la mayoría de las religiones, tenga tiempo para estar pendiente de lo que hace un pinche[8] ser humano, olvidando menesteres mucho más importantes. Si así fuera, me parecería que ese Dios es muy irresponsable. No concibo un Dios que se preocupa por ladear la balanza en un partido de fútbol, mientras deja que maten miles de seres humanos. Ahora, no me convence el viejo argumento que Dios es misericordioso y que por tal motivo le dio al ser humano libre albedrío. Si fuese así, me parece que Dios es terriblemente perverso y desconsiderado al dejar una bomba atómica en manos de un niño de tres años que tan sólo desea explorar y conocer el mundo. Eso habla mucho de lo que es la responsabilidad y de lo que llama la jurisprudencia autor material y autor intelectual. Ahora, si apreciamos la anécdota del padre Llano, el Dios que menciona es bien marrullero, pues desde el principio sabe que con cara gana él y con sello pierde el científico, dejando mucho que decir de los parámetros éticos que maneja. En toda apuesta se debe tener presente la posibilidad de que la balanza sea justa para los participantes, pero cuando el Dios se asume dueño de la tierra, no está dando pie para que la apuesta sea equitativa y ya antes de apostar se sabía ganador.

Algo más me llama la atención del texto del padre Llano, son sus negrillas que señalan: ¨creer, en resumidas cuentas, es asunto de libre decisión frente al sentido último de la existencia humana y del Universo, con la diferencia de que quienes creen viven tranquilos, y quienes no creen no pueden menos que ocultar una cierta intranquilidad¨. No obstante, Patricia, llevo diez años prestando servicios en psicología clínica y puedo señalarle que en todos estos años ninguno de los consultantes se ha declarado ateo o no creyente en Dios, es más se asumen religiosos. Estos consultantes no vienen a mí porque la felicidad les embarga, ni porque sufren de exceso de tranquilidad; ellos acuden porque creen en la ciencia psicológica y creen que en un científico pueden encontrar solución a su malestar. De otro lado, la sentencia del padre, refiere a la creencia, pero no explicita que sea la creencia en un Dios. Ya le comenté que creer es de humanos; creer en Dios... de ciertos humanos. Debemos ser claros e intentar no confundir la creencia en Dios con el ser religioso. La creencia en Dios, asumido éste como la causa no causada, es cuestión personal y no por esto se es religioso: intentando seguir o ser seguido. La religión es cuestión de colectivo[9]; se puede ser religioso sin necesidad de tener Dios o teniendo uno en particular. Existimos algunos que creemos en algo y no necesariamente lo llamamos Dios; igualmente, que no deseamos ser seguidos o seguir a alguien. Solamente queremos encontrar nuestro propio camino y si con esto logramos incitar a otros a que sigan el suyo propio, nos sentimos satisfechos.

Esperando su aceptación,

Atentamente



Jairo Báez
Psicólogo

1. Léase religión.
2. Recordemos los grandes tratados, intrigas y mangualas entre monarcas y papas. Cf. La historia de los Borgia.
3. Vete leyendo, como diría Fernando Savater, la Fenomenología del Espíritu de Hegel.
4. Podríamos complementar este punto con los aportes de los antropólogos, al hacer sus estudios trasculturales, con comunidades primitivas y comunidades actuales en diferentes grados de asimilación del pensamiento científico. A mí particularmente me llama la atención los estudios de Malinowski, Boas, Mead, y Sapir.
5. A mí me gustó mucho el artículo sobre animismo, magia y religión de Freud. Pero le sugiere que vaya directamente a Frazer y Morgán y al estudio de Kolberg sobre la formación moral del niño.
6. Parodiando la sentencia religiosa.
7. Son conceptos que se desarrollan en la teoría freudiana, yendo más allá de la genitalidad.
8. Lo de pinche viene de lo pequeño que es el ser humano si lo comparamos con la dimensión, hasta ahora conocida del universo; no le pongamos peyorativos.
9. Particularmente asumo el termino religión en el sentido de seguir a.

domingo, 27 de diciembre de 2009

LA PSICOSIS ORDINARIA

La psicosis ordinaria

Jacques-Alain Miller y otros

ICBA - Paidós.

Por Francisco Depetris

Este libro contiene los trabajos elaborados por las Secciones Clínicas del Campo Freudiano de Francia y de Bélgica, junto a las discusiones que suscitaron en una Conversación Clínica que se llevó a cabo en Cannes, en Setiembre del 98. Con este volumen, subtitulado La Convención de Antibes, se cierra una terna iniciada por el Conciliábulo de Angers en 1996 y seguida por la Conversación de Arcachon en 1997. Estas dos primeras conversaciones clínicas fueron también traducidas y publicadas en su oportunidad en la misma Colección por el Instituto Clínico de Buenos Aires en un solo volumen y bajo el título Los inclasificables de la clinica psicoanalítica. De modo que, para el lector de lengua española, La psicosis ordinaria representa una continuación y una profundización de las temáticas de Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. Y este solo hecho le garantiza de entrada a este volumen un nutrido público de lectores que ya están familiarizados con los trabajos y con las discusiones tan fecundas de esas dos conversaciones clínicas anteriores.

El libro está dividido en dos partes: la primera consta de nueve informes que están agrupados en tres capítulos temáticos. El primero titulado El neodesencadenamiento (que trata de las distintas formas de desenganches o desanudamientos psicóticos que se diferencian del desencadenamiento clásico), la neoconversión (en los que se aborda los fenómenos del cuerpo que no son interpretables a la manera clásica) y la neotransferencia (que plantea la maniobra de la transferencia en las neopsicosis). La segunda parte del libro es la Conversación Clínica propiamente dicha, que se prolongó durante tres medias jornadas.

El título La psicosis ordinaria provino de la constatación de que en todos los trabajos se abordaban casos de psicosis que no son tan resonantes ni para nada tan extraordinarios como el del ya célebre Schreber y que, si bien pueden suscitar sorpresas a sus terapeutas, se manifiestan de un modo mucho más modesto. Son psicosis que adoptan formas que hoy día se confunden en una especie de media que puede ser nombrada de distintos modos: la psicosis compensada, la psicosis suplementada, la psicosis no desencadenada, la psicosis medicada, la psicosis en terapia, la psicosis en análisis, la psicosis que evoluciona, la psicosis sinthomatizada.

En sus palabras introductorias a la Conversación, J.-A. Miller hace una visión retrospectiva del camino recorrido hasta la Convención de Antibes. En un primer momento, en Angers, el tema elegido había sido el de las sorpresas de la clínica, es decir que se admitía implícitamente que hay en la práctica con psicóticos cierta rutina o cierto clasicismo -por lo menos respecto de esa norma de referencia que es el escrito De una cuestión preliminar- sobre cuyo fondo se pueden recortar algunos casos que provocan sorpresas. En el segundo momento, en Arcachon, se mantuvo esta perspectiva de un fondo de rutina o normativo porque el tema fueron los "casos raros" que se diferencian respecto de ella. Esta segunda conversación seguramente aportó una conceptualización de las sorpresas de la conversación anterior, pero esta vez explicitando bastante más la referencia a la norma clásica de la psicosis y, debido a esto, permitió una discusión más radical de ess enfoque clásico de la psicosis. En este tercer tiempo, el de Antibes, lo que había sido abordado desde el ángulo de los casos raros, se aborda desde el ángulo de los casos frecuentes. En verdad ya implícitamente se sabía que lo que se había designado como casos raros en verdad, en la práctica cotidiana eran casos frecuentes. Y lo que se produce en Antibes es la admisión colectiva de que las psicosis ordinarias son casos frecuentes.

La clínica actual de la psicosis nos divide entre dos puntos de vista que, si bien son contrastantes, no son excluyentes. En una primera aproximación es preciso admitir una discontinuidad entre neurosis y psicosis, como dos clases diferentes y determinadas. Es el abc de lo que se enseña a partir de Lacan. El segundo punto de vista, en cambio, permite percibir una continuidad y presentar neurosis y psicosis como dos salidas diferentes a la misma dificultad, a la misma condición humana.

Es algo que Lacan ya había acentuado en su texto Acerca de la causalidad psíquica cuando le recordaba al psiquiatra que él no era esencialmente diferente del loco. Luego reapareció esta perspectiva con fuerza, en su última enseñanza, como una igualdad que nos lleva a hablar de modos de goce particulares. Precisamente hablamos de modos cuando ya hemos hecho desaparecer la discontinuidad entre las clases. Todos iguales ante el goce. Y ya no se distinguen clases sino modos, que son variaciones del mismo tema.

A partir de ese momento cobra importancia la noción y el uso de la aproximación, del más o menos, en nuestra aprehensión de la clínica, de lo real en la clinica. Está lo cierto, lo demostrable con certeza, que es más bien raro (Lacan reservaba la certeza a su matema de la histeria). Luego está lo seguro pero no cierto, que es otro grado: se sabe que es así, pero no se lo puede demostrar, no se lo puede poner en fórmulas. Y finalmente está lo no seguro, que es lo más frecuente. Precisamente por eso son tan importantes las Conversaciones Clinicas.

Del primer capítulo es destacable el aporte de la Sección Clínica de Lille, Investigaciones sobre el inicio de la psicosis que, utilizando las categorías clínicas de De una cuestión preliminar -como el encuentro con un padre y F0, la forclusión del falo-, define modos de entrada en la psicosis sin perturbaciones de lenguaje, lo cual aún a nivel de este texto clásico plantea variaciones a la noción clásica de desencadenamiento, que requería de este tipo de fenómenos. A propósito de este trabajo, Alexandre Stevens y Geneviève Morel animan una discusión sobre los trastornos de lenguaje y su relación con P0, el agujero en lo simbólico y a propósito de esta discusión -y recordando un párrafo de Acerca de la causalidad psíquica en el que Lacan retoma las formas verbales de la interpretación delirante de Giraud-, J.-A.Miller propone un uso extendido de la noción de perturbaciones del lenguaje, más allá del neologismo franco. Quedarían incluidos así el retruécano, la homonimia, la alusión verbal y, para la captación de los delirios, la intención inefable, la fijación de la idea en un semantema, el hundimiento de la sintaxis y la duplicidad de la enunciación, entre otros fenómenos.

Los tres aportes del segundo capítulo sobre las neoconversiones son igualmente destacables y dan lugar a una articulación muy fina de los casos en la discusión, todos los cuales presentan síntomas en el cuerpo que no son susceptibles de interpretar como conversiones. Se destacan dos intervenciones: la de Bernard Lecoeur, quien propone un matema para el síntoma conversivo apoyándose en un párrafo del seminario sobre Las formaciones del inconsciente en el que Lacan habla del deseo y su máscara y la de Eric Laurent, quien propone considerar la relación del psicótico con su cuerpo como la norma, porque para todo el mundo ocurre que el cuerpo está permanentemente amenazado de estallar; el cuerpo no se sostiene y hay que hacer enormes esfuerzos para mantenerlo como uno, por eso se apela a la localización del goce en alguno de sus órganos, por ejemplo, dando lugar a una clínica en la que lo psicótico parece reducido a un solo punto que es la relación con alguna parte del cuerpo. Sobre el final J.-A.Miller proponer extender la noción de conversión somática a la noción de una conversión de lo simbólico en lo real, traduciendo el planteo de Laurent en los térmnos de una pareja que forman la conversión significante por un lado y la localización de la libido por otro.

Finalmente, la discusión sobre la neotransferencia se inicia y se sostiene en especial a partir del aporte de la Sección Clínica de Angers, Lalengua de la transferencia en las psicosis, que intenta pensar la relación del psicótico y su terapeuta psicoanalista a partir de la noción de lalengua. El punto de vista es fecundo en más de un sentido: rescata por esta vía la singularidad del síntoma psicótico, opone con verosimilitud lalengua expuesta del psicótico al saber supuesto en la neurosis y plantea una alternativa práctica para el terapeuta psicoanalista: o bien esperar del sujeto -y pedirle también- que haga un esfuerzo de traducción de su lalengua en el lenguaje corriente o bien tratar de aprender su lalengua con lo que incluye esto de posibilidad de ponerse a delirar junto con él. Esto da lugar a una discusión mucho más amplia acerca de la oposición entre lalengua como privada y lalengua compartida o pública en cuya crítica E. Laurent enmarca la cuestión práctica de las condiciones de nuestra conversación con el psicótico. En su intervención final, E. Laurent reúne aportes de distintas intervenciones para plantear la cuestión de la transferencia con el psicótico, en términos de distintas maneras de obrar ante las distintas manifestaciones del amor en la psicosis y cierra proponiendo un final de análisis en la psicosis como separación de lo que se obtuvo en la elucubración de saber y sus efectos de verdad.

Este volumen ya tiene su lugar de privilegio entre los aportes más actuales a la clínica psicoanalítica de las psicosis y está seguramente destinado a convertirse, junto con Los inclasificables.., en un clásico. Será por mucho tiempo de lectura recomendable para todos aquellos que se plantean este tema dentro de la enseñanza de Lacan. Y, en particular, creo que tiene una gran importancia para todos los participantes del Curso de Clínica de la Sección, porque es hasta el momento una de las máximas expresiones del nivel que ha alcanzado la elaboración del tema de la psicosis en el Campo Freudiano.

viernes, 11 de diciembre de 2009

FORMACION DEL ESTUDIANTE DE PSICOLOGIA DESDE LA VERTIENTE PSICOANALÍTICA PARA LA CLINICA

FORMACION DEL ESTUDIANTE DE PSICOLOGIA DESDE LA VERTIENTE PSICOANALÍTICA PARA LA CLINICA
Jairo Báez
Magister en Psicoanálisis
Universidad de León – IAEU
Docente
Fundación Universitaria Los Libertadores

¿Se está formando al estudiante de psicología para intervenir desde una concepción clínica psicoanalítica en la modalidad curricular actual y en el contexto propio de la práctica psicológica en Colombia?

La respuesta de plano es no pero con añoranza de que así sea en un futuro no muy lejano. No se forman psicólogos clínicos desde una vertiente psicoanalítica por varios factores que remiten a otros tantos agentes que ponen en imposibilidad una empresa tal que tenga como centro la clínica del sujeto.

Un factor, el psicoanálisis mismo no está interesado en formar clínicos desde la academia formal universitaria. La manera como se forma un clínico desde el psicoanálisis tiene otros derroteros, que empiezan e implican un trabajo personal y con plazos tal vez largos que los acortados trazos para hacer un profesional competente, propios de la rentabilidad de la universidad neoliberal de hoy. En la misma línea, el psicoanálisis no está interesado en el servicio a la normatividad imperante, cosa que haría inentendible su razón de ser en tanto el statu quo promueve un individuo productivo y menos molesto a las expectativas de la ideología y la normatividad imperantes. El deseo del psicoanálisis de velar por un sujeto capaz de decidir su sino más allá del dictado del Otro, hace que su propuesta se decida como subversiva, cuando no terrorista para aquellos que ostentan el poder de predecir y controlar la conducta humana.

Un segundo factor, que profundiza parte del primero, versa sobre la obligatoriedad de cumplir las normas instituidas, en tanto delimitan lo que se va a entender por salud mental y el ceñimiento a criterios de competencia propios de dichas normas pero alejados de la concepción de sujeto y la salud mental que promueve el psicoanálisis. A este momento el escucha ya debe estar preguntándose si acaso el psicoanálisis no normatiza y quizá no está al servicio del establecimiento. Desde acá se le puede contestar que no se puede homologar el psicoanálisis con los desarrollos de la escuela del yo y otras propuestas propias de la positivización del mismo, tales como la terapia breve y otros intentos más que se encuentran en la historia, caso propio el de Beck[1] al querer probar que el psicoanálisis en cierto. Si el psicoanálisis sigue en su promoción de la comprensión, más allá de la operativización del sujeto y las acciones, no podrá responder a la andanada de protocolos que hoy forman parte de la práctica de la psicología clínica amparada en su anexión al área de la salud, entendida y homologada con la práctica médica. Para el psicoanálisis el cambio que se opera en un sujeto es un accidente y no tanto un fin perseguido. El accidente tarde o temprano se da, pero si es accidente, éste no es controlable ni predecible.

Un tercer factor que complementa el segundo es el malentendido que sigue imperando en torno a lo que es la clínica. La clínica remite a un método de investigación que trae consigo una intervención que delata las causas, que arroja verdades; es el estudio de caso, el caso clínico lo que define la clínica; no es el lugar donde se haga, las cosas que se hagan, ni los profesionales que lo hagan. Sigue siendo un imaginario frecuente asumir que el psicólogo clínico es un seudo-médico y que debe seguir la práctica médica más no la lógica médica. Hablar de una práctica clínica con protocolos de procedimiento a priori es ir en contravía con la misma concepción clínica. En tanto el psicoanálisis sigue fiel a la clínica en su definición primaria, no es posible formar un psicólogo clínico desde sus referentes teóricos, so pena de quedar desempleado mucho antes de empezar un proceso de selección. La clínica, y el caso clínico como método, lleva implícito que la realidad no es repetible, ni contrastable y que en lo que menos se puede fiar un investigador es en lo observable.

Un cuarto factor conexo con el anterior señala la dificultad de formar psicólogos clínicos desde la vertiente del psicoanálisis debido a los referentes de competencia que se instaran en el criterio de calidad de la salud actual. Una terapia centrada en la evidencia, que termina reducida a la seguridad de que un síntoma desaparece mediante un procedimiento dado, no es posible de mantener cuando se promueve una clínica que planta una evidencia no en el testigo externo sino en la subjetividad del directamente implicado: el paciente. En una clínica que pondera la especificidad y la concreción en un síntoma, se pierde la dimensión de lo que es un sujeto y la subjetividad que lo acompaña; el objeto del trabajo clínico psicoanalítico presupone que el síntoma señala que atrás de él existe un sujeto y atrás del sujeto una relación con otros sujetos y no obstante, cada uno ser dueño y capaz de decidir sobre su propio malestar.

Quinto factor a tener presente a la hora de señalar la imposibilidad de formar psicólogos desde la vertiente psicoanalítica, es la casi ausencia de asignaturas que le den tanto peso a la teoría psicoanalítica como se le da en los currículos a los modelos y enfoques de corte pragmático-conductual, espiritual-humanista, o sistémico-cognitivo. Allí, donde no han sacado el psicoanálisis del currículo formal, queda reducido a brindar una información básica, y muchas veces con más interés en el descrédito que en el potencial hacia el desarrollo humano que se puede encontrar en él.

Es normal escuchar al estudiante interrogar acerca de la utilidad del psicoanálisis: indudablemente la respuesta lo va a desencantar puesto que el psicoanálisis sirve para nada; ya se había dicho que el psicoanálisis no tiene la pretensión de hacer funcionar o hacer servir a nadie. Incluso, el solo pensar en el servicio y la utilidad de un sujeto sin reflexión alguna, es lo que hace que se dé inicio a la instauración de la clínica psicoanalítica. Es norma académica que viene de una norma que pierde su lugar de origen en un cosmos mucho más amplio: todo lo que se dicte en las academias de psicología debe servir: léase sencillamente, debe ser práctico y envasado en cómodos manuales de procedimiento. Hoy la reflexión, el libre flujo del pensamiento no es inquietud de la intelectualidad psicológica de nuestro contexto; hoy se quiere hacer, no pensar. El despotismo obrero que vaticinara Marx se ha hecho realidad: se quieren y se otorgan conocimientos para obrar, ninguna para dejar de hacerlo. Mientras eso suceda es muy difícil preparar a un estudiante para que haga clínica desde el psicoanálisis.

Si una lógica diferente se asumiera en algún lugar de la multitud de programas de psicología que proporcionan las universidades de nuestro país, es posible que lo que hoy es un imposible mañana sea una realidad: preparar un psicólogo para hacer clínica desde la vertiente psicoanalítica. Una lógica, al menos sustentada en el mandato hegeliano[2], de ser en sociedad por mera convicción de que no existe otro lugar donde ser sujeto y que ante esto no existe obligatoriedad externa que coapte el proceder humano, hará evidente la necesidad de una clínica psicológica psicoanalítica. La autonomía de sujeto en su decisión de participar de una sociedad por convencimiento propio y no por acatamiento de un control externo, hará necesario un nuevo formato de psicólogo clínico; en ese momento será justo nutrir al estudiante de psicología con psicoanálisis.

Hay promesas para esa lógica, y éstas hoy se encuentran por el lado de la investigación y por el lado las actividades extracurriculares tales como los semilleros de investigación. Será la investigación la que lleve a renovar los currículos muy bien armonizados a su interior pero poco efectivos al exterior. De las indagaciones a los efectos en la sociedad colombiana de la psicología clínica que hoy ofrecen las universidades, se podrá decidir el acierto o desacierto de dejar por fuera del concierto curricular formal la formación del estudiante en teoría psicoanalítica. La investigación será la única que permita una mutación en la hegemonía sospechosa de los contenidos en todas las universidades llámense éstas confesionales, laicas, liberales, conservadoras, posmodernas, etc.

Una psicología un poco más crítica y reflexiva con su lugar en la sociedad colombiana, marcada por problemas eternos a pesar de la ingente promoción de psicólogos, (cada nuevo año salen muchos más psicólogos que el año anterior), podrá decidir si mantenemos el establecimiento clínico psicológico o repensamos la razón de ser de la clínica psicológica. Seguir pensando la clínica psicológica dentro de las cuatro paredes propicias para un consultorio médico, es perder la fe en el potencial de las teorías, modelos y técnicas psicológicas. De no pensar un clínica psicológica escolar, familiar, social, cultural etc., con procedimientos acordes a los problemas y no a los reconocimientos de los pares, el aplazamiento de una clínica psicológica con vertiente psicoanalítica se mantendrá.

Referencias

Beck, A; Rush, A. et al. Terapia cognitiva de la depresión. Bilbao: Desclee de Brower. 1983
Hegel, G. F. Fenomenología del espíritu. Madrid: Alhambra. 1986.
[1] Beck, A; Rush, A. et al. Terapia cognitiva de la depresión. Bilbao: Desclee de Brower. 1983
[2] Hegel, G. F. (1986). Fenomenología del espíritu. Madrid: Alhambra.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

LA MUJER MAS PURA DEL MUNDO

La mujer más pura del mundo
Por Héctor Abad Faciolince
Pulblicado en Revista Semana
9 de junio de 2007

Esta mujer inmune no sólo es una hermosa paradoja, sino que podría ser la clave para una vacuna o un remedio para el sida.

La mujer más limpia y pura del mundo no se encuentra entre las cándidas muchachas recién entradas al noviciado de un convento de monjas de clausura. Para encontrar a la mujer más limpia del mundo hay que viajar a África, bajarse en Kenia, internarse en el barrio más miserable y sucio de Nairobi y buscar entre los tugurios de Majengo a una prostituta con 36 años de experiencia en el oficio, la señora Agnes Munyiva, que se ha acostado durante todo este tiempo con unos quince o veinte hombres distintos cada día, en un cuartico alquilado del tamaño de una cama sencilla (dos metros por uno), sobre un colchón de algodón curtido por el sudor y el ajetreo de los cuerpos y del tiempo, y que a pesar de esta vida turbulenta y terrible, que ha matado a centenares de colegas suyas más jóvenes en el mismo barrio y en el mismo oficio, nunca se ha enfermado de sida, la más devastadora de todas las enfermedades de transmisión sexual, que antes tenían el más poético nombre de venéreas.

Los médicos calculan que a lo largo de su vida la señora Munyiva, esta mujer prodigio, se ha acostado sin protección con más de setenta mil hombres (¿algún donjuán podrá competir con esta cifra?), y entre ellos con unos dos mil enfermos de sida, pero su cuerpo sabio y limpio, inmune a la corrupción, no se enferma, y de alguna manera se sabe defender de la infección en este sitio inhóspito de moscas, pantano y podredumbre. Sin haber contraído nunca la enfermedad, Agnes, a los 56 años, sigue adelante con su oficio, lozana como la más virginal de las vestales que mantenían en la antigüedad encendido el fuego sagrado de los divinos templos.

He encontrado esta historia, bonita y asombrosa, en un libro que acaba de publicarse en Gran Bretaña: Twenty-Eight: Stories of Aids in Africa, de Stephanie Nolen, publicado por Portobello Books a finales de mayo. Esta mujer inmune al contagio, no es solamente una hermosa paradoja que camina, sino que podría ser, también, la clave para encontrar una vacuna o un remedio contra el sida, si los investigadores consiguen comprender de qué manera se defiende su cuerpo prodigioso. No es el único caso. En los burdeles y zonas de tolerancia de algunas partes de África, los médicos buscan con lupa a estas mutantes, a estos nuevos diseños biológicos que la evolución ha seleccionado para seguir reproduciendo al género humano sin caer en la lucha a muerte contra la última epidemia planetaria. Su número, en todo caso, no va mucho más allá de los dedos de la mano, y los virólogos e infectólogos estudian sus cuerpos y su sangre con el mismo asombro con que los entomólogos miran sus insectos o los botánicos sus plantas.

Lo más raro del caso, lo más contrario a la intuición, es que cuanto más tiempo lleve una mujer allí en su trabajo sexual, tanto más probable es que no se enferme de sida. Es decir, si es de las que se enferman, la lucha por la vida (o mejor, el triunfo de la muerte) las saca muy pronto del oficio y del mundo. Las veteranas demuestran su fortaleza. Y una paradoja todavía más rara: las prostitutas que no descansan, las que son tan pobres que nunca pueden tomarse vacaciones, las que no hacen jamás una pausa en su comercio, tienen menos posibilidades de infectarse que aquellas que no pueden más y dejan de ejercer por una temporada.

Las que suspenden y vuelven, se enferman ahí mismo. Parece ser que es la exposición constante a la infección lo que de alguna forma las vuelve inmunes. Los ejércitos de anticuerpos de su sistema inmunitario deben de tener algo especial, pues aunque en sus células penetra el virus, tienen dentro de sí los recursos para atacarlo y destruirlo. Al parecer las células T de Agnes se mantienen en permanente estado de alerta, y en un número muy alto, lo cual le permite combatir el virus cada vez que pretende tomarse su cuerpo.

Sin duda, comenta la autora de esta rara historia, "hay otras personas que, como estas mujeres, tienen la habilidad de matar el HIV; pero es mucho más fácil de ver y de seguir el caso en estas mujeres que están expuestas una y otra vez al virus, que descubrirlo, por ejemplo, en un grupo de monjas de un convento europeo. Es posible que alguna de ellas también sea inmune al HIV, pero ¿cómo saberlo?"
Es muy raro: entre las prostitutas, entre esas malas mujeres que transmiten enfermedades (esa ha sido siempre su definición, ¿no?) estarían precisamente las que nunca las contraen ni las transmiten. La más pura es la más puta. El mundo, cada día, es un asombro.

viernes, 4 de diciembre de 2009

EL PSICOANÁLISIS Y LACAN: UNA INVESTIGACIÓN METODOLÓGICAMENTE ANARQUISTA



EL PSICOANÁLISIS Y LACAN: UNA INVESTIGACIÓN METODOLÓGICAMENTE ANARQUISTA

David Parada Morales
Sonia Uribe Ruiz
Estudiantes de Octavo semestre de Psicología De La Fundación Universitaria Los Libertadores। Bogotá, Colombia। 2009



RESUMEN
Paul Feyerabend presentó una mirada de la ciencia a la que él mismo denomino anarquismo metodológico o teórico, contradijo todo parámetro de ciencia que ubicara una verdad absoluta y principios rígidos que pretendieran estandarizar la validez del conocimiento; el psicoanálisis por su parte aparece como un saber con parámetros no enmarcables dentro de la ciencia positiva imperante en la época de Sigmund Freud, cuyos postulados supusieron una revolución, que años después son retomados por Jacques Lacan quien propone una mirada particular de la ciencia, que es precisamente la que se pretende analizar teniendo como referente la mirada de Feyerabend y la investigación actual en psicoanálisis, para terminar concluyendo si es posible hablar del un psicoanálisis metodológicamente anarquista.

Palabras clave: Investigación en Psicoanálisis, contrainducción, sujeto y hombre de ciencia, racionalismo, verdad, inconmensurabilidad

INTRODUCCIÓN
Feyerabend, epistemólogo anarquista y contradictor de Karl Popper quien fuera su maestro; se niega a la idea de la racionalidad y la demarcación científica, por cuanto considera que sta idea se constituye en una visión demasiado simple del talento de los hombres y atenta contra la libertad sobre la que se erige el progreso, del hombre y de la ciencia (Feyerabend, (1974).

Contrario a lo que presenta Karl Popper, Feyerabend no admite la existencia de un criterio de demarcación según el cual se pueda determinar el carácter de un saber como ciencia legitima, en la medida en que sea falseable; hecho este, que explica su aceptación frente a la existencia de teorías inconmensurables, lo cual ya presenta una posición anarquista frente a la ciencia radical, que niega la existencia de tales teorías (Feyerabend, 1974). La postura que aquí nos presenta Feyerabend rompe con los esquemas de una ciencia, que podemos llamar hermética, por cuanto generaliza sobre la validez del conocimiento y excluye saberes de los cuales se alimenta para alcanzar la pretendida racionalidad en que se soporta, y rompe con esta mirada radical, porque no concibe una verdad única y por lo mismo universal, en este sentido nos habla de un carácter subjetivo de la verdad. Es en este punto precisamente en el que aparece Jacques Lacan, psicoanalista Francés, que elabora un discurso frente a la ciencia, la verdad y el sujeto de la ciencia, en lo que el denomino “retorno a Freud”, que en palabras de Slavoj Zizek no es un retorno a lo que dijo Freud, sino a la revolución Freudiana de la que este no fue consciente (Zizek, 2008 P. 13):

Lacan se vale de ciencias como la lingüística, la topología e incluso la matemática, en un intento por establecer los límites entre la ciencia y el psicoanálisis.

A partir de estas dos posturas el presente estudio, busca establecer cual es la posición del psicoanálisis a nivel investigativo, como se comunica con la ciencia, cuales son sus puntos de encuentro, sus diferencias y la propuesta de cada una entorno al sujeto y el hombre de ciencia en la investigación Psicoanalítica, que pareciera no ser la misma si se tiene en cuenta la distancia que toma el Psicoanálisis, de la ciencia y de otras disciplinas como la Psicología y la antropología, empieza a estructurarla como una escuela।


Método

Para abordar ciertos aspectos epistemológicos como: la investigación Psicoanalítica, el sujeto en el psicoanálisis junto con el hombre de ciencia para el psicoanálisis y su relación con la propuesta anarquista del epistemólogo Paul Feyerabend, se planteó una revisión documental sobre tales tópicos acudiendo a libros de texto de Freud y Lacan, revisión de artículos en revistas indexadas junto con una entrevista a la Psicoanalista Carmen Lucia Díaz Leguizamón egresada de La Universidad Pedagógica en Educación Preescolar, La universidad Nacional como Psicóloga, con especialización en Psicoanálisis en la Fundación Psicoanálisis y psicoterapia, además de un magister en la universidad de Antioquia de Psicoanálisis y Cultura। Esta recolección de información es el insumo para el análisis de la postura Psicoanalítica desde la mirada de Paul Feyerabend, dejando claro su interés epistemológico.

Procedimiento

Se utilizó material tanto bibliográfico como web, entrevista y encuentros psicoanalíticos, partiendo de la revisión documental en textos de introducción a la Psicología, donde se tocan temas generales del cuerpo teórico del Psicoanálisis como la estructura Psíquica e historia de su Fundador Sigmund Freud, posteriormente se tomo como referente al autor que retorna a Freud; Jacques Lacan y algunos de sus capítulos como: La ciencia y la verdad (escritos 2), El objeto del Psicoanálisis ( seminario 13), además de autores que introducen a su lectura como lo hace el filosofo Slavoj Zizek, “como leer a Lacan”। Esta revisión constituyo un primer acercamiento a los conceptos fundamentales del Psicoanálisis y por consiguiente a su cuerpo teórico.

Un segundo momento estuvo marcado por la elaboración de la entrevista, la cual contó con una estructura determinada por ejes temáticos como: el sujeto de la ciencia vs hombre de la ciencia, el objeto del Psicoanálisis, inconsciente estructurado como un lenguaje, verdad y saber y la investigación en Psicoanálisis; se aclara que estos ejes temáticos fueron expuestos a la especialista Carmen Lucia Díaz en términos psicoanalíticos puesto que son los que ella maneja, esto sin dejar de lado su relación con los objetivos epistemológicos propuestos। Los resultados y su análisis son revisados a la luz de la obra “Contra el método” de Paul Feyerabend y algunos tópicos que sirven de esta obra para el análisis epistemológico.

EL PSICOANÁLISIS Y LA CIENCIA
Desde sus inicios, con Sigmund Freud, el psicoanálisis establece una relación con la ciencia que pretende un ajuste a sus principios, aun cuando los postulados psicoanalíticos, están fundamentados en elementos excluidos por esta; en Freud se evidencia una intención de hacer del psicoanálisis una ciencia por el carácter cientificista de la época y de su formación como médico, hecho que explica la búsqueda de una contrastación empírica del objeto del psicoanálisis “el inconsciente”, evidenciado en el análisis de los sueños y de la palabra del analizante, en lo que Freud denomino asociación libre, que sin embargo no le represento la aceptación de la comunidad científica de su tiempo।

Escuelas posteriores se forman en un intento de consolidar lo iniciado por Freud, apareciendo Lacan que establece una nueva relación, ya no con la intención de hacer del psicoanálisis una ciencia, sino de indagar sobre la cuestión epistemológica implícita en la verdad de los postulados psicoanalíticos। En el análisis de esta cuestión, aparecen dos conceptos, uno de ellos fundamental en el discurso Lacaniano, “el sujeto de la ciencia”, que precisamente por fundamental lleva a la comprensión de la diferencia existente, con “el hombre de ciencia” que para Lacan no existe, como lo refiere la psicoanalista Carmen Lucia Díaz, “lacan dice en muchos momentos el sujeto del psicoanálisis es el mismo sujeto del ciencia, porque es aquel sujeto que surge en el momento de la duda, que surge en el momento de un reconocimiento, de decir aquí estoy; Mientras que el hombre de ciencia es el científico que nada tiene que ver con ese sujeto en ese sentido, pero que cuando algo lo concierne puede entrar en angustia y ahí en ese momento el hombre de ciencia es concernido por el sujeto, en ese sentido podríamos decir que ahí entro a ser concernido algo de él como sujeto y en ese sentido es el sujeto del psicoanálisis” (Registro De Campo).

El aspecto explicado por la psicoanalista Carmen Lucia Díaz, que es el mismo explicado por Lacan nos introduce en un elemento esencial trabajado por este último, la subjetividad; que tiene que ver con la condición ya expuesta del sujeto। Lacan aboga por este carácter subjetivo de la verdad, hecho por el cual no habla de una verdad única y de ahí se deriva que pueda ser concebido como válido un saber, en la medida en que es capaz de responder a las verdades que se plantea.

En el sentido, que nos ofrece la distinción entre los postulados psicoanalíticos y los de la ciencia, podemos encontrar elementos compartidos por el psicoanálisis y el anarquismo metodológico de Paul Feyerabend, los cuales se presentan a continuación.

LA CONTRAINDUCCIÓN DEL PSICOANÁLISIS
Paul Feyerabend, establece una categoría esencial del anarquismo metodológico que permite al científico elaborar una hipótesis ad hoc desde un método contrainductivo que surge de lo inductivo, es decir todo científico debe tener, para Feyerabend, una hipótesis inconsistente que acompañe sus postulados y contradiga una teoría establecida, en el Psicoanálisis tal contrainducción estaría dada cuando busca la subjetividad del analizante en el lenguaje y no es limitado por un argumento o discurso del Psicoanalista, dejando de lado así lo que para la ciencia seria un estándar primordial; la argumentación racional.

Por lo tanto cuando el Psicoanálisis busca la inclusión de este sujeto que se pregunta, que para la ciencia sería el científico, a su angustia y al interés de develar una verdad a partir de este principio o en palabras de Mario Orozco Guzmán:

Se explora y esa exploración es turbulenta, turba mucho, masturba, ya que encara la posibilidad de perder lo que se tiene o de obtener lo que no se tiene। Ahora se trata de escuchar también cómo dama el deseo en el investigador, cómo busca y se propone todo tipo de proezas con tal de hacerse un camino en la apuesta por descubrir y encontrar el tesoro perdido de sus deseos infantiles। (2008 p। 61)

Es aquí donde Feyerabend entra a jugar un papel determinante en su adaptación al principio de: “todo vale” para el Psicoanálisis, pues si para el Psicoanálisis hay una importancia de lo subjetivo del investigador, esto radica en la idea de que la creatividad del Psicoanalista a la par con sus deseos, lleva al investigador en Psicoanálisis a una búsqueda de la verdad en la reconstrucción de algo que ya esta dicho y debe ser develado, al respecto Feyerabend comenta:

Ahora bien, con respecto a este conveniente vuelo hacia regiones mas altas, debe señalarse que el científico, desgraciadamente, esta también tratando con el mundo de la materia y del pensamiento psicológico (es decir subjetivo)। Es principalmente esté mundo material el que quiere cambiar y sobre el que quiere influir, Y las reglas que crean orden en el tercer mundo serán muy probablemente del todo inapropiadas para crear orden en los cerebros de los seres humanos vivos (salvo que estos cerebros y sus rasgos estructurales se sitúen también en el tercer mundo, un punto que no llega a estar claro en la descripción de Popper)

Con esto Feyerabend pretende dar a entender que no es la racionalidad, el ojo o el estándar que puede determinar lo objetivo al investigador। Si se ubicara allí dejaría de ser humano es decir de ser un sujeto que habla desde su subjetividad y evita caer en la deshonestidad objetiva (Lacan, 1984), en ese orden el psicoanálisis utilizaría las hipótesis ad hoc con una función progresiva pero mediante la contrainducción, ya no para explicar desde la racionalidad los fenómenos sino para comprender tales fenómenos en la subjetividad del analizante o la cultura.

EL PROBLEMA DE LA RACIONALIDAD PARA EL PSICOANÁLISIS Y FEYERABEND.
El anarquismo metodológico se caracteriza por contradecir algunos postulados de Karl Popper, particularmente su criterio de Demarcación, que ubica al investigador en un estado de metaconciencia sobre el conocimiento, esto para Feyerabend será uno de los límites de la argumentación en la racionalidad que evita a toda costa la imaginación, el error, las contrastaciones, dudas y criticas permanentes de la contrainducción, y que pueden ubicarse en la postura del psicoanálisis con respecto a la ciencia, tanto Feyerabend como el Psicoanálisis ubican al investigador lejos de la racionalidad como estándar para intervenir y proponer nuevas formas de hacerlo en la cultura y la ciencia; entonces en psicoanálisis se busca la interpretación de los significantes para dar sentido y crear otros significantes , sea desde el analizante o la cultura que se investigue pero que concierna a los o al sujeto y por otro lado esta Feyerabend quien equipara al hombre de la ciencia con el artista diciendo que la separación entre ciencia y artes es artificial y que se debería cambiar la ciencia y hacer un acuerdo con nuestros deseos (Feyerabend, 1984)।

Por lo tanto el Psicoanálisis reintroduce este concepto para que el hombre no se olvide que detrás de cada científico se esconde un sujeto con un pasado y un acercamiento al conocimiento desde su infancia, que se interroga por el conocimiento pero que a su vez puede interrogarse por su angustia , haciendo surgir así en el Psicoanálisis otra forma de investigar lejos de los parámetros científicos y en búsqueda de lo que a la ciencia no le interesa, es decir una anarquía de acceso al conocimiento subjetivo।

EL PSICOANÁLISIS Y LA INCONMENSURABILIDAD
El psicoanálisis como hemos venido hablando, planteo de entrada, una teoría centrada en la dimensión inconsciente del sujeto y con Lacan se deriva de esta un concepto de verdad, que no es la verdad de la ciencia, ¿Por qué entonces decir que la teoría psicoanalítica, es una teoría inconmensurable?, Paul Feyerabend no niega la existencia de tales teorías y lo manifiesta cuando afirma que se necesita urgente una forma de ciencia que la haga subjetiva y anarquista (Feyerabend, 1974); lo inconmensurable de las teorías, apunta además a estos estándar a los que la ciencia acude para establecer un modelo único de lo valido, de lo científico, es por ello que la idea de Feyerabend, le supone ser considerado anarquista al admitir la existencia de aquello que la ciencia desconoce।

El psicoanálisis rompe justamente con el modelo establecido de ciencia, pues aun cuando conserva el rigor en su praxis y en la investigación, su cuerpo teórico no es comparable con el de las llamadas ciencias, si de establecer su validez se trata। Al respecto, dice Lacan “si el psicoanálisis no es los conceptos en psicoanálisis, es otra cosa” (Lacan, 1964), y con ello aparece, que pueda considerarse al psicoanálisis, teóricamente anarquista, por entrar en la misma postura de Feyerabend, admitir la existencia de lo que la ciencia desconoce, el inconsciente y aun al sujeto. Desde el discurso científico, se ha atacado al psicoanálisis, desde el momento mismo de su aparición pero gracias a sus conceptos que están ahí, el psicoanálisis perdura, tal como lo menciona Lacan, que además reconoce que otros campos del saber se sirven de los conceptos psicoanalíticos, que no pueden dejar de hacerlo, pero lo hacen de una manera que no esta integrada, ni articulada y que no es capaz de hacerse comprender, de transmitirse, ni siquiera de defenderse, (Lacan 1964).

En ese sentido, y mientras deba renunciar a sus conceptos, al psicoanálisis no le interesa ser catalogado como ciencia, o no, por lo menos, dentro de los límites que esta establece, pues hoy como lo afirmara Zizek recién ha llegado el momento del psicoanálisis y como lo reafirmara la psicoanalista Carmen Lucia Díaz, para quien el psicoanálisis, hoy esta más vigente que nunca, y lo esta en función de su objeto, en función del rescate de ese sujeto que se pierde en la niebla de la cultura y la sociedad moderna।

Referencias

ARISTIZABAL, E. (2003). El Patrón Y La Lógica En La Teoría Del Objeto En Lacan. Colombia: Desde El Jardín De Freud. Tomado de DIALNET. NET

FEYERABEND, P (1974). CONTRA EL MÉTODO. Barcelona: Ariel

JIMÉNEZ, J y PALACIOS, B. (2004). Lacan y la Ciencia: Una Pregunta. Revista Electrónica de Psicología La Misión.

LACAN, J. (1964). Seminario 2 de Jacques Lacan, Clase 2: “Saber, Verdad, Opinión”. Psikolibro

LACAN, J. (1965). Seminario de Jacques Lacan. Libro 13: El objeto del psicoanálisis. Psikolibro.

LACAN Y LA CIENCIA: Una Pregunta. Tomado De: (Revista electrónica de Psicología “La Misión”)

LACAN, J. (1984). ESCRITOS 2. La Ciencia y la Verdad. México: Siglo XXI

MACHADO, M। Sobre la pregunta de Investigación. Medellín.

OROZCO। M (2008). La Investigación en y Desde El Psicoanálisis. México.

ZIZEK, S। (2008). Como Leer a Lacan. Argentina. Paidos.

jueves, 3 de diciembre de 2009

CONVERSACIÓN CLÍNICA

CONVERSACIÓN CLÍNICA
Barcelona, 23 y 24 de Febrero de 2008

Precariedad del vínculo social en las psicosis ordinarias
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La Conversación Clínica 2008

por Graciela Martínez


Bajo el título Precariedad del vínculo social en las psicosis ordinarias tuvo lugar la Conversación clínica anual del Instituto del Campo Freudiano en España.

Convocados por este verdadero acontecimiento, se dieron cita en Barcelona participantes de las Secciones Clínicas, grupos de investigación, Seminarios del Campo freudiano de España e incluso inscriptos provenientes de Francia y Argentina. Cada uno, previamente, pudo tener acceso a la lectura de los casos, como así también a las preguntas en torno al tema que la comisión organizadora realizó a distintos analistas. Una vez más contamos con la presencia de Jacques-Alain Miller quien, con sus precisiones clínicas, relanzaba las preguntas.

Seis casos presentados por Ricard Arranz, Eugenio Díaz , Graciela Sobral, Jorge Sosa , Miguel Angel Vázquez y Liana Velado compusieron la mesa coordinada por Vicente Palomera y Mercedes de Francisco.

El primer caso, una mujer que consulta por un dolor en el cuerpo del que demanda el diagnóstico de fibromialgia y que, en nueve sesiones, puede dialectizar el goce y retomar el vínculo social y profesional, permitió algunos esclarecimientos de la clínica diferencial entre la psicosis y la histeria. Pero fundamentalmente permitió a J.-A. Miller, ante la evidencia de los efectos terapéuticos, subrayar la importancia de la pragmática y su transmisión. Nos confrontó a la pregunta de cómo decimos lo que hacemos y este fue un eje que se sostuvo a lo largo de la Conversación, con distintas intervenciones que apuntaron a la necesidad, para salir a lo público, de aprender a formalizar este pasaje a la episteme.

El segundo caso sirvió para mostrar el bricolaje que el analista ayudó a componer, bricolaje del que el sujeto se sirve para insertarse en un discurso y con ello pasar de una vida marcada por “ser el que sobra” a nombrarse “la torna”, que le permite añadirse en la serie de otra manera. El caso mostró además, en su particularidad, la transformación que el sujeto hace de la función social habitual del bar en un lugar asocial donde encuentra el goce autista del alcohol y piezas sueltas del saber, pero por donde le resulta necesario pasar para establecer el lazo familiar.

La presentación con la que se cerró la mesa del sábado permitió precisiones sobre la clínica diferencial entre la psicosis y la fobia. El caso de una mujer en la que aparece la angustia, con su correlato en el cuerpo, cuando su hermano enferma de gravedad, abrió a los interrogantes por si se trataba de un goce no localizado por el falo y en consecuencia el esfuerzo del sujeto por localizarlo en los síntomas (no poderse trasladar sola y la necesidad de hacer pis) o bien (con el síntoma de la necesidad de hacer pis) esperar algo que al final no viene, el falo. J.-A. Miller señaló la significación de castración que tenía la presencia de este hermano para la paciente, lo que permitiría entender por qué al morir éste se producía de manera sorpresiva una importante restitución de la vida en ella.

La mesa del domingo se abrió con una presentación clínica que permitió ver cómo los fundamentos del lazo social resultaban atacados por la no pacificación de la relación imaginaria; explicándose de este modo el impulso del sujeto a desaparecer de la escena. Este caso sirvió para mostrar el desfase entre simbólico, real e imaginario y la posibilidad de escuchar el acento de singularidad en las palabras del psicótico, donde no se trata del contenido de éstas sino del tipo de sentimiento que se expresa.

A continuación, el quinto caso, el sujeto que se sirve de la figura de “Ícaro” para mantener a distancia la invasión de goce, introdujo a la discusión precisiones sobre el concepto desinthome. Por otra parte se trabajó el uso particular que hace este sujeto de los objetos de la industria, lugartenientes del objeto a que no hay, para conectarse con los demás.

En el último de los casos se recortó la frase que se fabrica el sujeto “Uno como los demás”. Frase que sirvió para interrogar este Uno autosuficiente, aislado, que al mismo tiempo que preserva al sujeto de lo imposible de soportar, le permite sostenerse en el mundo con una cierta movilidad. Respecto de la precariedad del vínculo social se pudo situar la función de la transferencia que permitía abrir y sostener una modalidad diferente de vínculo para el sujeto.

Hacia el final de la Conversación, J.-A. Miller planteó el interrogante de cómo transmitir, frente a los valores actuales de eficacia y rapidez, la docilidad del psicoanalista, que ofrece un lugar de existencia para aquellos que no pueden tener una vinculación social y posibilita nuevamente una inserción en el lazo común.

Más aún, se preguntó si no deberíamos ir al límite de plantear que cada ser hablante merece un psicoanálisis, en tanto todo el mundo padece de algunas palabras y, para relacionarse con los demás, necesita deslibinizarlas. Al respecto señaló la respuesta de los CPCT frente a las promesas de bienestar en la civilización.

En este marco, cuando J.-A. Miller dijo que el psicoanálisis debería ser para todos, ¿no advertía más bien del riesgo de que en el porvenir no lo sea para nadie?

Inquietud que supo transmitir y que logró despertarnos al trabajo de extraer todas sus consecuencias.

jueves, 19 de noviembre de 2009

¿DEBE ENSEÑARSE EL PSICOANALISIS EN LA UNIVERSIDAD?

¿DEBE ENSEÑARSE EL PSICOANALISIS EN LA UNIVERSIDAD?

Sigmund Freud

(1919)

La cuestión de si conviene, o no, enseñar el psicoanálisis en la universidad puede ser abordada desde dos puntos de vista: el del análisis mismo y el de la universidad.


1. Es indudable que la incorporación del psicoanálisis a la enseñanza universitaria significaría una satisfacción moral para todo psicoanalista, pero no es menos evidente que este puede, por su parte, prescindir de la universidad sin menoscabo alguno para su formación. En efecto, la orientación teórica que le es imprescindible la obtiene mediante el estudio de la bibliografía respectiva y, más concretamente, en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, así como por el contacto personal con los miembros más antiguos y experimentados de estas. En cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y la guía de los psicoanalistas más reconocidos.

Dichas asociaciones deben su existencia, precisamente, a la exclusión de que el psicoanálisis ha sido objeto por la universidad. Es evidente, pues, que seguirán cumpliendo una función útil mientras se mantenga dicha exclusión.

2. En lo que a la universidad se refiere, la cuestión se reduce a verificar si, en principio, está dispuesta a reconocer al psicoanálisis alguna importancia en la formación del médico y del hombre de ciencia. De ser así, tendrá que resolver la manera de incluirlo en el conjunto de su enseñanza.

La importancia del psicoanálisis para la formación médica y universitaria se basa en lo siguiente:

a. Con justa razón, en los últimos decenios se ha criticado la formación del médico por orientar unilateralmente al estudiante hacia la anatomía, la física y la química, dejando de señalarle, en cambio, la importancia que poseen los factores psíquicos en las manifestaciones vitales, en la enfermedad y en el tratamiento. Tal laguna de la formación médica se hace sentir más tarde como un flagrante defecto en la actuación profesional, que no sólo se expresa en la falta de todo interés por aquellos problemas que son, precisamente, los más interesantes en la existencia del ser humano, sea sano o enfermo, sino que también entorpece la acción terapéutica del médico, al punto de que el enfermo se mostrará más susceptible a la influencia de cualquier curandero o charlatán.

Tan sensible defecto de la enseñanza indujo, hace ya bastante tiempo, a incorporar cátedras de psicología médica en los planes de la misma, pero mientras los cursos dictados se basaron en la psicología escolástica o en la experimental -dedicada a un enfoque sólo fragmentario-, no podían satisfacer las necesidades planteadas por la formación del estudiante ni podían librarle acceso a los problemas de la vida y de su profesión. Por tales razones, dichas formas de psicología médica no lograron mantener su plaza en los planes de enseñanza.

La creación de una cátedra de psicoanálisis, en cambio, bien podría responder a estas demandas. Antes de exponer el psicoanálisis mismo, sería necesario un curso de introducción dedicado a tratar las relaciones entre la vida psíquica y la somática, fundamento de cualquier tratamiento psíquico, a enseñar todas las formas de la terapia sugestiva, demostrando que, en última instancia, el psicoanálisis constituye el término y culminación de toda psicoterapia. En efecto, comparado con todos los otros sistemas, el psicoanálisis es el más apropiado para trasmitir al estudiante un conocimiento cabal de 1a psicología.

b. Otra de las funciones del psicoanálisis consiste en ofrecer una preparación para el estudio de la psiquiatría. En su forma actual, esta tiene un carácter meramente descriptivo, pues sólo muestra al estudiante una serie de cuadros clínicos y lo faculta para distinguir, entre ellos, los que son incurables o los que revisten peligrosidad social. Su única vinculación con las demás ramas del saber médico reside en! la etiología orgánica y en las comprobaciones anatomopatológícas, mientras que no facilita la menor comprensión acerca de los hechos observados. Sólo la psicología profunda puede suministrar tal comprensión.

En la medida de mis informaciones, en Estados Unidos ya se ha reconocido que el psicoanálisis -primer ensayo de psicología profunda- aborda con éxito dicho sector aún irresuelto de la psiquiatría. Por consiguiente, en muchas escuelas médicas de dicho país díctanse cursos de psicoanálisis como introducción a la psiquiatría.

La enseñanza del psicoanálisis habría de desarrollarse en dos etapas: un curso elemental, destinado a todos los estudiantes de medicina, y un ciclo de conferencias especializadas, para médicos psiquiatras.

c. Al investigar los procesos psíquicos y las funciones mentales, el psicoanálisis se ajusta a un método particular, cuya aplicación en modo alguno está limitada al campo de las funciones psíquicas patológicas, sino que también concierne a la resolución de problemas artísticos, filosóficos o religiosos, suministrando en tal sentido múltiples enfoques nuevos y revelaciones de importancia para la historia de la literatura, la mitología, la historia de las culturas y la filosofía de las religiones. Por consiguiente, dicho curso general habría de ser accesible asimismo a los estudiantes de tales ramas de la ciencia. Es evidente que la estimulación de estas últimas por las ideas analíticas contribuirá a crear, en el sentido de la universitas literarum, una unión más estrecha entre la ciencia médica y las ramas del saber que corresponden al ámbito de la filosofía.

En síntesis, cabe afirmar que la universidad únicamente puede beneficiarse con la asimilación del psicoanálisis en sus planes de estudio. Naturalmente, su enseñanza sólo podrá tener carácter dogmático-crítico, por medio de clases teóricas, pues nunca, o sólo en casos muy especiales, ofrecerá la oportunidad de realizar experimentos o demostraciones prácticas. A los fines de la investigación que debe llevar a cabo el docente de psicoanálisis, bastará con disponer de un consultorio externo que provea el material necesario, en la forma de los enfermos denominados «nerviosos», mientras que para cumplir la función asistencial de la psiquiatría deberá contarse además con un servicio de internación.

Cabe atender a la objeción de que, con la enseñanza aquí esbozada, el estudiante de medicina nunca podrá aprender cabalmente el psicoanálisis. Efectivamente es así sí encaramos el ejercicio práctico del análisis, pero para el caso bastará con que aprenda algo del psicoanálisis y lo asimile. Por otra parte, la enseñanza universitaria tampoco hace del estudiante de medicina un cirujano diestro y capaz de afrontar cualquier intervención. Ninguno de los que por vocación llegan a la cirugía podrá eludir, para su formación ulterior, el trabajar durante varios años en un instituto de la especialidad.




miércoles, 18 de noviembre de 2009

S(IN VALIDEZ)

S(in Validez)

Rosendo Rodríguez Fernández

Para un blog subversivo, sin citas, sin recursos a la autoridad.


Saludo, con beneplácito, a quienes se atreven a escribir desde sí mismos, para los demás, estén o no dispuestos a escuchar o a leer.


Después de un buen recorrido, llego, junto con otros, a la conclusión de otros: lo que tenemos entre manos, y entre pecho y espalda, además de colonizar nuestro pensamiento, es el discurso del Amo. Sin más, digamos que todos los discursos, situados desde S1, significante Amo, o primordial, se instauran con la fuerza de lo afectivo en lo real. Así que, anestesiados o no, estamos librados al mundo de las justificaciones, problemas, objetivos, métodos, técnicas, mediciones, resultados y análisis que aportan a las discusiones, que son propios de la autoridad de la ciencia o de la filosofía, o ahora, con un disfraz de humildad, de algún saber. No quiero citar a nadie, si bien el pensamiento que estoy esgrimiendo no se originó en las estrechas nebulosidades de mi mente. Quiero solamente decir, como texto y pretexto, que todo cuanto vemos se sostiene en la fe. Fe en la ciencia y la metodología, fe en la filosofía, fe en el saber. También, por otro lado, fe en la religión, la política o la economía, así, como son concebidas, como doxas. Se sostienen por la propaganda, se sostienen como mensajes, se sostienen como sentidos que proporcionan sentidos a la vida de los mortales, que nos proporcionan horizontes, que nos dicen incluso porqué causa hay que vivir y porqué reverso de la misma causa hay que morir. Con sangre o sin sangre, con víctima o victimario, o sin ellos, en la oscura soledad de la montaña, la búsqueda de sentido tiene todo su sentido puesto en la propaganda que hace creer en una ideología que es capaz de llenar, y ser consistente, como cosa en sí que a la vez es para sí, con toda una profundidad ontológica.


Como dicen por allí, la ilusión es que la cosa tenga status ontológico, que la ideología se funde en las cosas, y que sea la expresión de la plena verdad. Si bien toda la crítica se va lanza en ristre, en palabras típicas de un amigo, contra este principio de autoridad, y contra sus variaciones, sus petitio principii, sus tautologías, sus lógicas aristotélicas, contra lo perverso que resulta el principio de autoridad, el asunto termina siendo cuestión de honor, porque no es otra cosa lo que está al final de juego. Se trata en últimas de la vanidad del poeta, vanitas vanitatis et omnia vanitas, vanidad que podemos traducir en ciencia sostenida en principios de validez y confiabilidad; filosofía sostenida en lógicas y paralógicas; saber sostenido sobre la correcta interpretación de la experiencia, si bien ya la experiencia engaña, y se reconoce que engaña. Tan extraño se ha vuelto el horizonte de la lógica matemática, de los razonamientos productores de realidades, de las realidades productoras de interpretaciones, que no se puede superar, al parecer, el límite señalado por los filósofos que llaman de cierto modo, según la escuela, o la parroquia de proveniencia. Así que resultamos metidos en algo absolutamente contradictorio, que está en el lenguaje, y que a la vez está proscrito del lenguaje. Pero no pienso, de todos modos, meterme de nuevo en el pensamiento de otro para terminar sancionando en un referente de autoridad lo que quiero decir. Por supuesto que a los sabios, y a mis amigos debo estas palabras, pero también son propias, y tal vez incluso sean pensadas para la ocasión. Así que digamos de buena gana que este escrito, dirigido a una revista No Indexada, es para No-Ser-Válido, y para No-Ser-Confiable, y también por supuesto, para decir desde mí mismo que soy capaz de escribir una idea sin requerir de la autoridad para sancionarla. Es más, me interesa decir que la validez y la confiabilidad, bien se pueden recoger. A pesar de los metodólogos que no voy a citar, la validez es un engaño, una ilusión, equivalente a la confiabilidad. Con el método científico, se busca darle seriedad y prestigio al discurso que se precia de ser lo más excelso del pensamiento humano. ¿Qué es válido y confiable? Válido, sin citas, es que el resultado obtenido de una medición se consigue a partir de un instrumento que en efecto mide lo que se pretende medir. Si esto es así, peor para el objeto que se somete a la medición, puesto que la medida del objeto es S1, arbitraria, impuesta. Es discurso del Amo. De la confiabilidad, entendida como consistencia de los resultados obtenidos con un instrumento, vamos a decir lo mismo. Confías en tus inventos, homo sapiens.

De antiguo se sabía que la ciencia no descubre, sino inventa. Tiene que inventar el modo de ver la realidad, la cual obedece a lo que se pueda pensar. La teoría determina lo que podemos observar, decía un sabio, sabiamente, pues vemos lo que nuestras concepciones nos permiten ver, o en otras palabras, hacemos el mundo de palabras. Dos telares: significantes y significados, son lo que nos hace incluso. No solo nos hacen ver, sino nos hacen ver a nosotros mismos. Amo, histérica, universitario, analista... discursos todos basados en uno solo, el Amo, por cuanto se instaura el S1 inapelablemente. Otro anarquistas ya lo dijeron claramente, antiedípicamente. Todo surge de S1... Nombre del Padre, padre de los nombres. Preferimos, en efecto, ser eruditos a ser pensadores. Casa de citas, reza un antiguo chiste que versa sobre lo mismo: no decir, o decir sobre los hombros de otros. S2, significado que proporciona sentido, que, para tenerlo, sin embargo, requiere un S1. Discurso que requiere de un Otro para emerger con sentido. Así que la cita, tanto como la validez, y la confiabilidad, entre otras lindas cosas que provee la ciencia, aparte de dejar en inautenticidad al hablante, afirma la autoridad de la ciencia, haciendo desaparecer al sujeto. Pues bien, sin citas, sin datos empíricos, e incluso, sin problemas, vamos a proponer de nuevo, un segundo elogio de la locura, en forma de elogio de lo que no tiene importancia. Harto ya estoy de lo importante, lo radical y lo trascendental. Harto de decir la Verdad, que es la máscara de la Verdad. O de decir cosas que parecen importantes. Lo más importante es lo que no es importante: fíjense que lo que andamos buscando es reconocimiento, para poder (sobre)vivir. Reconocimiento como eruditos, como repetidores. De ese modo, de acuerdo con un aporte de por allí, se estructura la sociedad: los de abajo, son aquellos seres en falta, que por realismo de su esclavitud, no desean. No pueden alcanzar nada de lo que propaga el sistema, así que con lo poco se conforman. Los de en medio, son aquellos seres deseantes, que en efecto, con mucho esfuerzo, nunca podrán alcanzar los ideales y objetos de consumo que producen los comerciantes. Nunca, por más que quieran, lograrán estar en la cima. Serán... ¡Nosotros! Probado el whisky, saboreado largamente, pero nunca en la suficiencia de la cima. Eruditos, esclavos de los hijos de los señores, a quienes venimos a enseñar “el saber”, con la erudición como la máscara que hace posible toda la validez y confiabilidad de cuanto decimos, sabiamente. Los otros, son los que son. Cultos, si quieren, producen la sociedad para los demás. Son los amos del juego, con la sartén por el mango. Por supuesto, todo lo hacen a su medida. No consumen lo que producen los demás, solo lo que ellos mismos producen. Quizá su síntoma sea bien contradictorio... tal vez, siendo doctores honoris causa, lleguen a anhelar la miseria de los pobres o el deseo de los de medio pelo. Pero en cualquier caso, así hagan la revolución lite, siempre pueden volver a ser (é)lite. Es posible que lo consigan, como por ejemplo como lo hacen en Hollywood. Allí siendo rico, se puede ser pobre; o en Europa, donde la pobreza es una neurosis, y no un laberinto, como en América Latina. En fin, erudición antes que saber, validez y confiabilidad antes que inteligencia, antes que pensamiento, discurso. Poder e ideal, milagrosa combinación que hace la felicidad de unos y otros, que mataron a Dios y pusieron a la Ciencia, y luego revivieron a Dios para que le diera sentido a la Ciencia, y ahora andan con Dios y Ciencia debajo del brazo, diciendo palabras bellas cuya verdadera importancia a lo sumo puede radicar en el ingenio. La bella frase sirve para abrir puertas... para abrir piernas.

Pero para que no se me acuse de amargado, diré como palabra final, broche de oro, que lo aparente, la ideología, lo que llena el vacío constitutivo del ser, el síntoma contradictorio y sin esencia en el fondo, es aquello sin lo cual no se vive. No se ensaya mucho vivir sin ideología, no se ensaya mucho vivir el vacío, ni aún entre los monjes tibetanos, ni aún siendo como un conocido escritor de la nada. Profundos, radicales, superficiales, inconscientes... sabios grandes de grandes instituciones que dictan la ley, hay un lugar donde no llegan esas reglas...
Hay un vacío en vuestra esencia, malditos!


Noviembre de 2009.

martes, 17 de noviembre de 2009

EL SEMBLANTE DEL LAZO SOCIAL EN EL PSICOTICO

EL SEMBLANTE DEL LAZO SOCIAL EN EL PSICOTICO

Jairo Báez

El lazo social que puede hacer el psicótico ha sido puesto en entredicho desde la institución hegemónica que asume como única salida, para el sujeto, la normalización por parte de la psicología y la neurotización desde la postura del psicoanálisis del yo. Esto conlleva una práctica centrada en su reconstrucción evolutiva en procura de restablecer un Edipo al cual se le aducen infinidad de anomalías en su origen, cuando no hacer del psicótico un ser funcional que responda a las expectativas de un modelo de producción neoliberal. No obstante, Lacan (2009), propone una alternativa a la condena del psicótico en lo social: el sinthome y la posición activa del analista, con respecto a la psicosis, tendrían aquí un asidero mucho más consecuente con una clínica de lo real y menos trágica para cuando se propone una intervención en la psicosis desde un ideal institucional.

Premisa básica para comenzar a ubicar el semblante del lazo social en el psicótico: el significante representa al sujeto ante otro significante (Lacan, 2000). ¿Qué se puede extractar de esta sentencia lacaniana en tanto nos interesa saber cuál es la posibilidad de nexo qué pueda instaurar un psicótico con el Otro? Un significante no muestra una potencialidad en su capacidad significativa unívoca y en cambio sí en su capacidad vinculante con el Otro. Un significante no tendrá sentido más que en una cadena significante y, en tanto el otro es, por antonomasia, un significante, el lazo social solamente puede ser concebido como el síntoma que detiene, contiene, sostiene y retiene el goce idiota (Lacan, 1981).

Otro objeto, que funge como significante, no tendrá más opción que no significar nada, no esperar nada, que no venga de la cadena significante del psicótico, quien le irá a dar un sentido, a pesar de su precisar delirante. No es el otro quien le da el significado al sujeto; es justo refrendar de nuevo la idea lacaniana: es el sujeto quien le da el sentido al otro, en cuanto lo ubica como un significante más que queda incrustado en la cadena significante. Esto alecciona al otro acerca de su lugar, donde la omnipotencia de la comunicación queda reducida al máximo evento de dar por bien servido el parte de recibido del mensaje; no obstante, ignorar la forma como el mensaje se acomoda en la cadena significante, iniciada mucho antes de este nuevo acontecer.

En la medida que el mensaje se recibe invertido, y solamente el punto de capitón, esto es, el significante último, da el sentido a la cadena significante (Lacan, 2007), el lugar del otro no permite más que el corte que aferrará el goce y ya nunca la pretendida acción instructiva de la acción comunicativa. Si un significante puede ser cualquier algo, ubicable por el sujeto, en la troika que conforma el real, el simbólico y el imaginario del anillo de la realidad psíquica, ya es suficiente con la presencia del otro objeto, en el campo pulsional del psicótico, para que empiece a funcionar como significante que encadena y vira el sentido, en cualquiera de los términos reales, simbólicos o imaginarios en la realidad del psicótico.

Así, no es posible plantear una clínica de la enseñanza con el psicótico; la pretendida clínica del enseñar a vivir bien y actuar bien no va con el psicótico en tanto, siempre, se va a tener incompatibilidades de código y de mensaje. Con el psicótico, el aprender la experiencia cede su lugar al aprehender un significante a una cadena significante de por sí precaria, cuando no totalmente paranoica, y no obstante, posible de sostener un lazo social. Como tal, el lazo social se torna primero, una relación con el cuerpo del ser mismo del sujeto psicótico, luego con los espacios y los tiempos, para finalmente emprender el enganche con los otros objetos inanimados y aquellos, animales y humanamente vivientes.

El cuerpo del psicótico, concebido, algunas veces, como enjambre de significantes sueltos o como cadena significante, más o menos fragmentada, es el lugar de inicio del lazo social; cuestión que es, fuera de la teoría analítica lacaniana, con frecuencia ignorada. La mutación, mayor o menor en la obstinación con una parte del cuerpo, es ora prueba de la modulación del lazo social; igual, la certificación del abandono de un espacio físico o imaginado de permanencia habitual, hacia otro u otros espacios, medidos en pequeños o grandes intervalos de tiempo, es garantía de que el lazo social toma otro semblante; con la misma convicción, el tiempo que pase el psicótico enunciando ante otro y aceptando el en enunciado del otro es, también, lazo social. El nombrarse en un deseo aunque pobre, el hacerse a un cuerpo, el catectizar significantes objetos nuevos, hasta crear una nueva o implementar una cadena significante ya alienante de por sí, es la apuesta cuando se enuncia la posibilidad de que el psicótico haga lazo social.

No obstante, lo anterior no es sinónimo de haber logrado plena comunicación con el psicótico y, a partir de allí, asumir que el acto alienante lo llevará a responder al deseo del Otro. Si no es posible que el otro de la actualidad logré romper la tiranía del significante amo en el neurótico, mucho menos se podrá pensar tal proeza con el psicótico que ha quedado preso de la forclusión de un significante esencial. Los recortes y anudamientos en la cadena significante vienen a ser la salida del terapeuta que decide tomar un lugar en el mundo del psicótico.


Lacan, J. (1981). Seminario 3. Las psicosis. Paidos. Buenos Aires

Lacan, J. (2007). Seminario 5. Las formaciones del inconsciente. Paidos. Buenos Aires

Lacan, J. (2009). Seminario 23. El Sinthome. Paidos. Buenos Aires

Lacan, J. (2000). Seminario 12. Los problemas cruciales para el psicoanálisis. Escuela Freudiana de Buenos Aires. Buenos Aires




ENTREVISTA A ERIC LAURENT

Entrevista a Eric Laurent

Por Emilia Cueto

Publicadada en:
http://www.elsigma.com
11-12-2006

Durante su paso por Buenos Aires mantuvimos una extensa entrevista con Eric Laurent, actual Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Refiere como el análisis personal con Lacan ha incidido en su devenir psicoanalítico y en su inclusión en la Escuela. Desarrolla entre otros enfoques su posición frente a las terapias comportamentales, y nos habla de las consecuencias que los cambios en la civilización producen en la expresión del padecer psíquico y sus formas de abordaje.


-¿En qué momento de su vida y a partir de qué tomó contacto con el psicoanálisis?

-Fue hace mucho tiempo. Mi contacto con el psicoanálisis se produjo en dos tiempos, primero el contacto con Freud, su obra, la lectura en un momento de crisis en la adolescencia en el cual tuve la experiencia de abrir La interpretación de los sueños y encontrar allí algo que respondía a una inquietud y que no estaba dentro de lo que se enseñaba en la currícula de los estudios de la época. Eso fue un descubrimiento. Después hubo otro encuentro cuando me gradué, no sabía bien a donde dirigirme y que hacer exactamente. Tuve la urgencia subjetiva de entrar en análisis, fue allí cuando encontré a Lacan, esto era en 1967, un año antes de lo que tuvo lugar en el ’68 en París. Era un momento movido de la cultura en general, participaba de esta efervescencia -si se puede decir-. Necesité entrar en esta experiencia que me permitió orientarme en lo que eran esas transformaciones profundas en la sensibilidad de la época. Decidí en medio de ese largo análisis con Lacan dedicarme al psicoanálisis de orientación lacaniana. Así hice mi formación de manera tal que pudiera dedicarme a esto.

-¿Usted ya tenía decidido dedicarse al psicoanálisis antes de su encuentro con Lacan o diría que ese análisis produjo un analista?

-Eso es, fue un producto del análisis, antes podía hacer muchas cosas y en la variedad de las cosas que se presentaban, que me generaban algún interés no me decidía de manera acertada por ninguna.

-¿Por qué Lacan?

-Porque era un cruce en esta época. En el ’67 ya había sido publicado el artículo de Althusser que llamaba la atención sobre la reformulación del psicoanálisis de parte de Lacan. También se habían publicado desde el ‘66 los Escritos de Jacques Lacan, que surgieron como un aerolito dentro de la atmósfera cultural de la época. Asimismo se habían publicado en 1966 los Cahiers pour l’Analyse –“Cuadernos para el análisis”–, una publicación del círculo de epistemología de la Escuela Normal Superior que era una publicación de Jacques-Alain Miller, Jean-Claude Milner, François Regnault, Alain Grosrichard, una pandilla de jóvenes de la época que insistían sobre la reformulación de lo que era el estructuralismo tal como Levis-Strauss lo había establecido. Era una transformación y ayudaban a interrogar los fundamentos de este movimiento estructuralista que desdibujaba la atmósfera de la época, pero que era una profunda transformación que anunciaba el post estructuralismo de Foucault, desde Lacan.

Lacan o el nombre Lacan era un punto de intersección de todos estos interrogantes de la época. Por un lado interrogar el saber formal de la lógica, pero al mismo tiempo estos desplazamientos libidinales que se producían en la cultura, la renovación que supuso en las identificaciones de la época, la ruptura de una manera de vivir que se anunció en los acontecimientos del ’68, en todo esto el punto de encrucijada tenía el nombre de Lacan. Para alguien como yo que era un joven interesado por estos movimientos, interesado por el psicoanálisis era Lacan el lugar al que dirigirse y fue una decisión personal, pero también fue una decisión de una generación. El éxito Lacan en la juventud de la época, en la que tuvo un impacto especial era sobredeterminado por la posición que él había tomado como intersección de estos discursos que entraban en una dinámica muy especial en ese momento de crisis en la cultura.

-Haberse analizado con Jacques Lacan ¿qué connotaciones ha tenido para usted dentro del movimiento psicoanalítico?

-El análisis con Lacan es la fuente de lo que luego fue mi relación con el psicoanálisis, lo vivo de mi relación con el psicoanálisis es mi análisis propiamente dicho. Después está la relación con lo escrito, el saber, la lectura, el trabajo, etc. Creo que las intuiciones fundamentales que tuve sobre lo que es el psicoanálisis las obtuve dentro del análisis. La manera en que uno dentro del análisis pasa por la caída de viejas identificaciones, de lo que hasta ese momento lo soportaba, lo guiaba más o menos en la vida, los ideales, los significantes principales, es fundamental. Los significantes Amos que lo conducían por la vida, se aíslan, se desplazan, caen y lo que surge es algo nuevo a través de este movimiento que si se quiere se puede llamar destructivo. Se habla de caída de identificaciones, pero este movimiento destructivo es solamente una cara de lo que ocurre. Hay algo mucho más positivo, porque no se trata de la caída de los cuerpos como lo experimentó Galileo en la Torre de Pisa, si no que cambian de estatuto. Pasan de imperativos al nivel de semblantes. Entonces uno ve la trama de ilusiones, de falsas perspectivas con las que ha ordenado su vida y lo que surge detrás de manera muy insistente es la presencia de lo que se llaman fantasías que rigen mucho más profundamente la vida de uno y que se desdibujan de manera más precisa a medida que los falsos semblantes desaparecen.

Es este aislamiento de la dimensión fantasmática que después permite una vía de entrada dentro de lo que es el corpus de saber, la literatura analítica. Esta entrada se hace a partir de lo vivo de la experiencia de uno, de cómo se encontró, cómo se topó con este aislamiento, este surgimiento, esta precisión del aislamiento del fantasma. También por el hecho de que al salir del análisis encuentre cómo compartir con otros lo vivo de esta experiencia, en discusiones con compañeros de saber, de estudio, de amistades para hablar de esta experiencia. Para mi fue un hallazgo particular encontrar alrededor de Jacques-Alain Miller y dentro de la escuela de Lacan con quienes compartir y orientarme en todo esto. Es por ello que fue normal que después del gran desarrollo de la escuela de Lacan que llevó a su disolución (porque con la extensión que había tenido no se podían sostener juntos después de la muerte de Lacan, entonces se produjo la disolución y la aparición de distintas corrientes) me haya mantenido con mis amigos de esta época, con quienes seguimos el desarrollo institucional de la escuela de Lacan. Esto llevó a la constitución de una escuela en Europa, al despliegue de las consecuencias del encuentro de Lacan en los ‘80 con sus lectores latinoamericanos en Caracas, especialmente argentinos –por supuesto– y el impacto que la obra de Lacan había tenido en la cultura argentina que Germán García cuenta muy bien. Como así también el trabajo hecho por Oscar Masotta había producido efectos. Luego, el contacto con todo esto permitió desarrollar lo que iba a conducir a la fundación de la Escuela de la Orientación Lacaniana en la Argentina, consecuencia institucional que ahora tiene 15 años de existencia. La decisión que en un momento dado tomó Jacques-Alain Miller de fundar la Asociación Mundial de Psicoanálisis tuvo su consistencia en el hecho de que ya habían surgido consecuencias institucionales de un lado y otro del Atlántico con su forma particular, por lo tanto se imponía la necesidad de constituir un cuadro general para las escuelas tanto europeas como latinoamericanas y así surgió la Asociación Mundial.

-De la cual usted en estos momentos es el Delegado General, lugar que primero ocupó Jacques-Alain Miller y luego Graciela Brodsky. ¿Cuáles son sus objetivos fundamentales?

-La AMP está compuesta actualmente por ocho escuelas, cada una de las cuales tiene su configuración, sus tensiones propias, cada una es una formación social con sus particularidades. La AMP como tal –en general– tiene sus propios objetivos que existen a través de todas estas escuelas y a un nivel propio de incidencia tiene que encarnar la relación del psicoanálisis de orientación lacaniana sobre el conjunto de las consecuencias institucionales del psicoanálisis en general. De manera tal que como Delegado tengo que vigilar estos distintos aspectos y niveles, tengo que ocuparme de facilitar la existencia de cada escuela, su desarrollo propio, las particularidades que le conciernen. Tengo también que ocuparme de lo que se puede llamar la Escuela Una, lo Uno que hay a través de esta multiplicidad y tratar de dar una voz a este Uno dentro del contexto general de la inserción del psicoanálisis en la cultura en general. Por ejemplo, este año se ha festejado el 150 aniversario del nacimiento de Freud, por supuesto en tanto tiempo evolucionó la posición del psicoanálisis, su relación con la cultura, con la ciencia en general, con la inserción global. Entonces lo esencial de la función del Delegado General es tratar de facilitar en todos los niveles que se hagan escuchar, entender las propuestas sobre las distintas facetas del psicoanálisis.

El psicoanálisis como experiencia a nivel de lo puro –si se puede llamar– de la cura analítica como tal, sus conclusiones, el final del análisis, qué es lo que se puede llamar hoy día hacer la experiencia de un análisis, cómo se finaliza, cómo uno puede hablar al salir de un análisis de lo que fue, eso es el nivel de la experiencia como tal. Hay también un nivel de aplicación del psicoanálisis a los malestares y las patologías de la época en su multiplicidad y de que manera el psicoanálisis fue inventando sus formas de aplicación en estos distintos niveles.

También hacerse escuchar en las orientaciones de los poderes públicos sobre temas que tocan a la subjetividad. Frente a todo esto, felizmente, el Delegado General no está en una posición de soledad si no que por el contrario es más bien un facilitador de que todos los miembros de las escuelas, de las distintas instancias que elaboran cosas puedan hacerse escuchar. Veo a mi función dentro de la orientación de la política lacaniana como la de ser un facilitador para que a todos estos niveles se hagan escuchar los aportes de la orientación lacaniana dentro de la cultura

-En las palabras de apertura de la IV jornada de la Nueva Escuela Lacaniana plantea que conforme a la modalidad de nuestro tiempo cada día se exige más confirmación de la eficiencia pública del psicoanálisis, ¿de qué manera los psicoanalistas podemos dar cuenta de esa eficiencia sin ser arrasados por el Amo?

-La utilidad pública es hacer un cierto paso al costado a la problemática de la eficiencia. No somos los psicoanalistas los únicos que decimos que el supuesto énfasis en la eficacia, siempre a corto plazo arruina la perspectiva del largo plazo. En la economía hemos visto como todo el acento puesto en considerar los efectos a corto plazo, el rendimiento supuestamente eficaz, produce efectos de destrucción a largo plazo que después necesitan, por ejemplo, la invención de conceptos como el de desarrollo durable. La necesidad de reintroducir el largo plazo, es el resultado de esta ideología ciega de considerar la eficacia en términos de poca duración. Efectivamente nuestra época pragmática pide dar cuentas de lo útil de algo, lo útil es el valor que aparece en primer plano, pero al mismo tiempo nuestra época construye industrias de lo fútil de muchas cosas. Vemos como hay toda una zona de lo inútil, de lo que sirve solo para gozar que se multiplica. La industria del show-bussiness en todos los aspectos, de la moda, son industrias que sirven a lo que no tiene utilidad, sino para gozar con todo lo que hay de inutilidad fundamental en el gozar. No sirve de nada gozar, pero es una exigencia. El psicoanalista –desde que Freud nos introdujo a la dimensión de lo que llamó pulsión de muerte– sabe que todos los discursos sobre el bien, sobre lo útil, sobre la búsqueda de bienestar tienen debajo lo que puede tomar la forma de una voluntad mala que actúa contra las buenas intenciones del sujeto. Todo lo que quiere hacer bien al final encuentra un caos total como podemos encontrar en muchos aspectos de nuestra civilización, fundada en lo pragmático, lo útil, etc., y con todo esto nos fabrican un Irak para sorpresa general. Todo estaba muy bien calculado, habían aprendido todas las lecciones de Vietnam, de como no se iba a repetir eso y de pronto se ingresa en una catástrofe. Es la razón por la cual cuando frente a los discursos sobre estos cálculos fantásticos de la utilidad se ven los quiebres en los mercados, se observan derrumbes fatales en las economías de países enteros, se ven guerras, surgimientos de amenazas mortíferas como el terrorismo que apareció como sorpresa dentro de la civilización aparentemente unificada después de la caída del muro de Berlín, con todo esto tenemos la idea que la civilización de lo útil produce monstruos extraños. Entonces demostrar la utilidad pública del psicoanálisis no es correr a someterse al sueño cientista y decir: “¡si, si, por favor que vienen a medirnos en nuestra eficacia!”. ¿Cómo podemos demostrar que lo hacemos bien y que en cuarenta sesiones ya hemos solucionado todo en la vida de alguien? Podemos hacerlo, pero no hay que perder de vista que todo eso es un semblante, es un significante Amo de esta civilización. Participa del sueño de que frente a estas amenazas reales que se han producido en el siglo XXI (distintas de las catástrofes del siglo XX que tuvieron su peso, que nos preparan aún algo más terrible).

Para enfrentarnos a estos acontecimientos reales que se producen, el discurso de la utilidad se apoya especialmente en la retórica de la evaluación. Esto no alivia al sentimiento que todo el mundo tiene que de la globalización hay algo que se va de las manos de los que están a cargo. Hay cosas que van mucho más allá de lo que podían calcular, imaginar, prever en eficacia a corto plazo y que los resultados de la bolsa del próximo trimestre probablemente no nos digan mucho sobre lo importante de lo que va a surgir el año que viene. Sabemos que podemos construir dispositivos para dialogar con los que se sienten obligados a encarar la exigencia de lo útil –que no pueden dar una subvención a un centro de atención analítica si no demuestra su utilidad– pero sin perder de vista que esto es un semblante, que la retórica autoritaria de la evaluación más bien testimonia de la angustia de los que nos dirigen, que hacen lo que pueden pero con el sentimiento de que las cosas se les escapan.

La esperanza nueva no es en la salvación ahora, no creemos mucho en esto, pero es ahora la ciencia que da la buena noticia que puede salvarnos. No es la primera vez que la ciencia se vuelve esperanza, ya tuvo lugar a finales del siglo XIX, por ejemplo donde el cientismo parecía aquello que iba a ordenar una civilización. El cientismo tuvo un gran éxito hasta la Primer Guerra Mundial que produjo un derrumbe de estos ideales, de la racionalidad de la acción que permitía las ciencias. De la misma manera, especialmente en sus trabajos Jacques-Alain Miller, Jean-Claude Milner, han mostrado como a partir de lo que nos enseña el psicoanálisis podemos sostener que esta retórica de lo útil y el sueño cientista es un modo de retórica, es una retórica del management moderno. Lo esencial que está en juego escapa a esas tentativas de establecer una transparencia evaluativa de toda actividad humana. La evaluación en su ideal sería poder tener frente a cualquier actividad humana una descripción tal que sería completamente transparente a un cierto cifraje, pero esto es un sueño. He visto en el diario La Nación que un argentino ganó la beca de los genios, sin embargo lo esencial de cómo se hace para obtener un genio no se sabe bien. Se pueden evaluar todos los procedimientos pero esto no garantiza que al final surja esta extraña figura de lo excepcional. Esto escapa a procedimientos, protocolos, rutinas, etc. Todo esto va bien en lo técnico pero lo técnico es una parte de la actividad humana, hay toda otra parte en la que esta retórica no entra, o más bien entra o trata de entrar pero lo esencial de lo que está en juego se le escapa.

-Usted tiene una posición muy crítica respecto de las terapias cognitivo conductuales que se refleja en algunos de sus libros y publicaciones, ¿considera que constituyen una amenaza para el psicoanálisis?

-Creo que las terapias comportamentalistas no son una amenaza para nadie porque son esencialmente una reformulación de la psicología, son una figura de la retórica de la evaluación aplicada al comportamiento humano. Se intenta una disección del comportamiento humano en pequeños segmentos que se pueden medir, observar, trastornos que se pueden evaluar y mejorar cada día con ejercicios de autoconciencia. Tomar conciencia de lo que uno hace, transformarse en una cosa transparente a si mismo, observarse a si mismo como si fuera una máquina que funciona, todo esto es solo tratar de traducir la subjetividad en los términos técnicos de la época. Es un ideal, reducirse a una maquinaria que pudiera funcionar. Me parece que esto no es más que un efecto de superficie. Antes la psicología de otras épocas se interesaba más en otras cosas, ahora tiende a proponer traducciones del comportamiento sobre esta base comportamentalista, más una dimensión subjetiva que el primer comportamentalismo, el behaviorismo –digamos– de los años ’50 que también soñaba con transformar todo. Como decía Skinner en su libro, la libertad es un lujo que no podemos ofrecernos, hay que transformar todo en comportamientos observables, modificables, etc. Efectivamente cuando se ven las malas costumbres que hay en esta civilización tales como violencia, adicciones, frente a este bienestar que se propone como ideal, cuando se ven las catástrofes que se producen, que el hedonismo contemporáneo se carga de dosis mortales a muchos niveles, entonces genera una presencia inquietante la idea de domesticar estos malos instintos. Domesticar la pulsión de muerte con una regulación artificial así me parece un esfuerzo que no tiene y no tendrá mucha importancia. Es como los movimientos profundos en economía, el econometrismo de la utilidad a corto plazo, que se observa que genera un efecto de superficie.

-Esta sería su evaluación de la tendencia a nivel mundial ¿qué inserción real tienen hoy en Francia?

-En Francia como en Argentina pero de otra manera, una parte de la excepción francesa es la importancia que tiene el psicoanálisis que es muy particular en Europa. En este sentido Francia es la Argentina de Europa. En los ideales de algunos sectores de los administradores de la Salud Mental existe la idea de que se podría hacer economía y ahorrar mucho dinero, si todo el mundo pudiera ser incluido en protocolos terapéuticos a corto plazo que pudieran garantizar economía a la seguridad social, porque la gran cosa en Francia es la seguridad social, que es una de las condiciones del funcionamiento del equilibrio social allí, pero cuesta mucho. El discurso técnico seduce a los responsables políticos.

-En el año 2003 el Diputado Bernard Accoyer, presentó ante la Cámara de Diputados de Francia una enmienda a la Ley de Salud Pública que apunta a reglamentar el ejercicio de las psicoterapias y el psicoanálisis en ese país. Esto suscitó una serie de movimientos de protesta desde los psicoanalistas y distintos sectores y nuevas disposiciones por parte del Ministerio de Salud. ¿Cuáles han sido las consecuencias de esas medidas y cuál es la situación hoy en el 2006?

-La situación hoy en el 2006 es dúctil, es una situación que dialécticamente se transforma. En el 2007 tenemos elecciones presidenciales en Francia y eso es el horizonte que ocupa y rige todas las decisiones políticas.

En esta perspectiva tenemos que después de las protestas que supieron hacer escuchar los psicoanalistas, fueron considerados como una categoría excepcional dentro del campo de las psicoterapias. Los psicoanalistas hubieran podido contentarse con esto, pero es una perspectiva a corto plazo. El campo de los psicoterapeutas como tal que no son médicos, no son psicoanalistas ya inscriptos, se evaluó en unos 7500 profesionales, frente a los cuales el Estado oscila entre dos posiciones. Una aceptar una cierta evaluación por parte de las organizaciones profesionales mismas de estos terapeutas, un tipo de auto apreciación, un juicio sobre la formación de esos terapeutas por las instancias mismas de profesionales de ellos. La otra sería confiar todo esto solamente a diplomas universitarios y no tomar en cuenta la formación profesional, el trabajo personal sobre sí mismo del psicoterapeuta. Por el momento el decreto que en el año 2003 tuvo una primera versión no fue publicado, estamos a finales del 2006 y a seis meses de las elecciones presidenciales, entonces hay distintas versiones que varían cada tres meses. Por el momento ningún decreto ha salido y probablemente esto será remitido después de las elecciones presidenciales. Pero todo este debate es excelente en el punto en que es una manera de hacernos escuchar.

-Evidentemente ha tenido un peso importante la voz de los psicoanalistas por cuanto detuvo algo que parecía inminente.

-Por lo menos la voz de los que dijeron que no, especialmente la voz de Jacques-Alain Miller que dijo de manera contundente que no a este proyecto, cuando algunos psicoanalistas que no se dieron cuenta exactamente lo que pasaba pensaron que al entrar en una categoría excepcional se podían salvar de esto.

-En un momento en el cual –y desde algunos años– se viene hablando de nuevas patologías usted sitúa en el final de Psicoanálisis y Salud Mental que el psicoanálisis es el destinatario de las epidemias histéricas de nuestro tiempo. También nos dice allí que ya no contamos con las antiguas señales luminosas, ¿cuáles son esas nuevas señales y cómo debemos reconocerlas?

-A lo que aludo en la perspectiva que desarrollo en el libro es que las patologías nuevas son especialmente nuevas en que son fenómenos de masa, epidemias. Drogadictos hubo mucho antes que en nuestra época, los hubo desde que se conoció el uso de drogas pero el nivel de masa, de industrialización, eso si es propio de nuestra época. La conformización de los deseos en prácticas de goce conformizadas e industrializadas. Un solo país puede producir automóviles para el planeta entero, pero también puede producir cocaína para el planeta entero, con un modo de producción industrial. Los modos de drogadicción de la época están vinculados a esta producción, a este régimen nuevo que tenemos, tanto sean los fármacos como otro tipo de drogas son productos que entran en la reconfiguración de manera conformista de las figuras del deseo moderno. Las epidemias modernas son la conformización que alcanzan un nivel inédito en la historia, ahora una campaña de publicidad es global. En el mundo entero se van a comprar los productos de L'Oréal gracias a las excelentes publicidades y las piernas extraordinarias que se ven, como aquí en la 9 de Julio con ese inmenso afiche que hay y que fascina suficientemente para después vender L'Oréal por todo el planeta. Los productos de lujo también se estandarizan de manera excepcional, pocas marcas se difunden de esta manera. Esta conformización a un nivel masivo produce patologías de conformización de las formas de goce, formas mortíferas que se estandarizan también. Entonces estamos enfrentados a patologías que se pueden definir como globalizadas. Por ejemplo, epidemia de cómo destruirse con cocaína, crack, heroína, etc., todos estos instrumentos producen efectos que tienen por un lado un rasgo de conformización y por otro de exceso que es muy de la época. Algo que no para, uno puede matarse con drogas, puede matarse con el trabajo, puede matarse con el juego y nadie lo puede parar. Se puede pensar que con la ley se va hacer desaparecer el juego, o el alcohol, o drogas pero la prohibición produjo efectos catástroficos al nivel de las mafias. Hoy en día se introducen las prohibiciones en nombre de Salud Publica, y no de la moral. Pero la prohibición del tabaco en Estados Unidos produce también catástrofes a nivel del consumo de azucar, la diabetes, por ejemplo. El exceso, es algo imposible de parar en el sujeto moderno solo con la ley y las prohibiciones.

-Una exigencia pulsional

-Una exigencia pulsional que precisamente produce efectos inéditos y que se pueden calificar de patologías nuevas. Son los efectos nuevos que produce la voluntad de contención de la exigencia pulsional una vez que las viejas tradiciones que señalaban como comportarse en la vida caen. Por supuesto cada tradición es absurda y Voltaire en el Siglo de las Luces supo mostrar lo absurdo que tiene toda tradición. Pero después hay que inventar una nueva respuesta a la exigencia pulsional. Esto es más complicado que la sola contención.

-Digamos que la exigencia pulsional nunca se puede detener, frente a la prohibición surgen otros canales como el mercado paralelo que se inicia a partir de la prohibición que Estados Unidos impuso frente al alcohol, pero cuando las prohibiciones se reblandecen la pulsión no encuentra un cause para su desarrollo sino que aparecen los fenómenos que tenemos hoy en día, sea como sea la pulsión siempre sobrepasa cualquier cálculo.

-Eso es así. Sea como sea el cálculo de un bienestar ideal es imposible, pero la idea de pensar que solo con la represión se va a encontrar una solución es ir a lo peor. Mejor la negociación con lo peor. Esto no significa tener una posición laxista. No hay que abandonar a los sujetos a su suerte, no hay que mirar para el otro lado, ni destruir el aparato de ayuda a los adictos. Es necesario tener la idea que sí es un problema, pero también que no solo con dispositivos de represión o de desconocimiento es como vamos a solucionarlo.

-¿Cómo sería la negociación que usted propone?

-Esto es lo que hacen los profesionales todos los días, es decir que alguien que tiene un problema de adicción pueda encontrar un profesional con el cual va a poder enfrentar su demonio y no con una perspectiva angelical suponiendo que hay soluciones a corto plazo para un problema que es difícil, a muy largo plazo, al plazo de una existencia. Efectivamente esto supone la formación de profesionales tales que puedan acoger este tipo de demanda y no las soluciones de quick fix, de pensar que con una propuesta rápida y técnica uno va a librarse de esto o proponer como solución entrar en un dispositivo en el que en veinte sesiones se cura de su adicción al tabaco y después hay una sanción. Este es el tipo de modelo que piensa que el psicoanálisis es demasiado laxista y entonces hay que reemplazarlo por un dispositivo de evaluación-observación, después terapia comportamentalista a corto plazo y luego sanción fuerte. Constituye una perspectiva que ya ha producido en la historia efectos catastróficos y va a seguir produciéndolos si se repite.

-En Lost in cognition (El lugar de la pérdida en cognición) en relación al trauma y los acontecimientos que ha experimentado la civilización en los últimos años (atentados, guerras) postula el pre-traumatic stress disorder, ¿en qué consiste?

-Primero es una ironía sobre el post-traumatic stress disorder. En un ideal de regulación técnica del mundo, en la perspectiva de describir todo en términos de procedimientos que tengan una ley de funcionamiento, lo imprevisto tiene función de trauma a partir de lo cual, luego, se puede generalizar la causa como un trauma. Vivir es un trauma, la sexualidad es un trauma, vivir la sexualidad es un post-traumatic stress disorder permanente. La extensión de la clínica o de la perspectiva del trauma fuera de lo que es o en lo cual ha tenido su auge o tiene su pertinencia –después de los traumas de guerra o de terrorismo– pierde su interés. Cuando se hace una extensión general a todos los malos encuentros posibles de la vida, de la categoría de trauma, se lleva al sujeto a vivir en una angustia permanente de lo que puede surgir como acontecimiento imprevisto a lo cual uno al mismo tiempo se prepara y se defiende en una espera angustiosa. En este sentido es vivir en el pre-traumatic stress disorder. Cuando uno se traslada a un aeropuerto y ve todas las medidas de vigilancia, cámaras por todas partes, filas de seguridad, examen de todo lo que uno lleva consigo, uno ve la presencia de algún tipo de amenaza mortífera que no tiene cara, que no tiene nombre, que justifica procedimientos de seguridad cada vez más invasores, es la sociedad de vigilancia y seguridad en la cual estamos metidos cada día más.
En Inglaterra, que es ahora el país en el cual sueñan de manera muy destacada con reducir todo a comportamientos. Esperan mucho de una terapia comportamentalista general, aplicada al país, esta perspectiva se ha desarrollado mucho más, incluso mucho más aún que en Estados Unidos. También, con millones de cámaras para preparar la seguridad de los juegos olímpicos, tenemos la idea que esta sociedad, esta cultura de vigilancia es más bien el fracaso del ideal previo que era el supuesto éxito del multiculturalismo inglés. Deja lugar a un modo de civilización muy inquietante, en el cual la presencia angustiosa diaria de una amenaza que no tiene cara y que se trata de fotografiar a todos los niveles se hace parte de nuestra atmósfera, vivimos en ella al modo de un pre-traumatic stress disorder.

-Al modo de la presencia de un Otro controlador, vigilador.

-Ese Otro es el panóptico.

-Un especie de retorno de los Dioses que podrían estar viéndolo todo.

-Exactamente, el retorno de un Dios inquietante, porque no es un Dios que tiene sus profetas y que precisamente al afirmarse como Dios significa –como el Dios de Israel– que ningún hombre es Dios, que ningún ídolo es Dios. Mientras que este retorno extraño de este Dios muy humano que podría vigilarnos a todos trata de afirmarse como un Dios demasiado humano y es mucho más inquietante en lo que puede producir. La sociedad de lo útil precisamente. Al fin el panóptico fue inventado por Bentham que inventó la radicalización del utilitarismo, en este sentido es lógico que un espacio en el que solo se reconoce la dimensión de lo útil se transforme en una cultura de vigilancia permanente.

-Donde todo lo persecutorio se exacerba, se incrementa.

-Así es, se realiza.

-En nombre de elSigma le agradezco la disposición que ha tenido durante esta breve estadía en Buenos Aires para facilitar el presente intercambio. Muchas de sus consideraciones dan lugar a la apertura de nuevos interrogantes que permiten seguir trabajando en función de la transmisión del psicoanálisis.

Eric Laurent es psicoanalista y Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Algunas de sus obras destacadas son:
Ciudades analíticas
Concepciones de la cura en psicoanálisis
Entre transferencia y repetición
Estabilizaciones en las psicosis
Hay un fin de análisis para los niños
Los objetos de la pasión
Las paradojas de la identificación
Psicoanálisis y Salud Mental
Lost in cognition