Head

martes, 24 de marzo de 2026

LEOPOLD BLOOM'S KIDNEYS

Por: Jairo Báez

Años habían transcurrido luego de haber leído por primera vez Ulises y una mañana se me ocurrió que sería interesante volver a la experiencia de Lepoldo Bloom, aquella que James Joyce dejó registrada allí ese 16 de junio de 1904. Puse manos a la obra y recomendé a mi estimado amigo Ulises que me comprara los riñones en la plaza de mercado. Con gusto los compró y pronto los tuve en mi refrigerador.
Esperé el momento de estar en soledad, tomé de nuevo el libro y pasé directamente al Capítulo IV. Seguí la trama y después llené los vacíos de la receta con un viejo libro de cocina irlandesa que encontré en la biblioteca. Seguí las instrucciones y serví mi plato intentando emular en detalle lo sucedido esa mañana. Realmente esto sabe bueno, pensé, sentado en mi mesa dando la espalda a la ventana que lleva directamente a la calle.
Estaba por terminar el último bocado cuando escuché que alguien golpeaba el vidrio de la ventana; al voltear no vi a nadie, a pesar que los golpes continuaban. Me acerqué, corrí la cortina y ahí estaba él: casi ciego pero siempre él.
-- Hi, my friend, are you tasting your delicious plato? Ever eating your kid_neys, he smailed. You're a great philosop_her.
-- Es placer y una costumbre, Mr Joyce. Would you have un tinto?
-- Is it not early to start drinking wine, Mr. Bloom?
Bebió su copa, terminé de comer, nos preguntamos sobre la familia, las esposas, los hijos y otras cuantas cosas que realmente a ninguno de los dos nos importaba saber del otro y se despidió con una sonrisa más. Diría yo que que más bien con una risa burlona.
Ciego como está pero siempre con su espíritu de reportero, ¿quién sabe que irá a escribir este hombre de lo sucedido esta mañana?, fué lo que pensé, cuando lo ví después embolsado en un overall amarillo en el funeral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Haga sus comentarios a este documento; esto dice que el texto fue leido. ¿Qué más quiere un autor?. Gracias