miércoles, 20 de junio de 2012

QUERIDO SEÑOR PRESIDENTE: ES USTED UN HIJO DE PUTA

Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros

Por: José Luis Sampedro
José Luis Sampedro Sáez (Barcelona, 1 de febrero de 1917) escritor, humanista y economista español que aboga por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». En 2010 el Consejo de Ministros le otorgó la Orden de las Artes y las Letras de España por «su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo». En 2011 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas.

 

Querido señor Presidente: es usted un hijo de puta. Usted y sus ministros.

Se lo digo así, de entrada, porque sé que nunca va a leerme, como nunca lee usted libros, ni nada más que periódicos deportivos como usted mismo ha confirmado, jactándose, como buen español de ser un ignorante. No se engañe, por eso lo han votado tanta gente. Perdonen los demás el exabrupto, pero es que está demostrado que somos lo que nuestros padres nos han educado, y si usted y sus ministros son como son, es porque sus madres muy bien no lo han hecho. A pesar de los colegios de pago, de pertenecer a la oligarquía de épocas dictatoriales, etc.
 

Verá usted, señor presidente. Lo que más me molesta no es que usted sea un bastardo malnacido, sino un ignorante, y sobre todo un mentiroso. Se presentó a unas elecciones diciendo que no haría cosas que ahora hace. Dijo hace tiempo que la posibilidad de una amnistía fiscal le parecía injusta y absurda, y no ha tardado ni tres meses en recurrir a esta medida de forma injusta y absurda, como señala el diputado de IU Alberto Garzón al que usted y sus secuaces ningunean como a cualquier otro que no sea seguidor suyo. Ésa es la democracia que ustedes entienden, ignorar a los representantes de la ciudadanía que no les afín. Usted dijo que la Sanidad y la Educación no se tocaban, y la han tocado pero bien. A la banca nada, y eso que los grandes expertos en economía señalan que, o le metemos mano a sus amigos de las finanzas, o nos vamos a pique.
 

Le voy a explicar unas cuantas cosas dado que usted es un ignorante que lee prensa deportiva en lugar de libros de historia, economía o política. Durante los años 20 hubo gente que tuvo la genial idea de crecer mucho, por encima de sus posibilidades como ahora tienen ustedes tan de moda decirnos. Tanto que incluso a Churchill, para salir de la situación de postguerra, se le ocurrió revalorizar la libra, lo que trajo bajada de sueldos y aumento de las horas de trabajo. No sólo no se creció por encima de lo esperado sino que destruyó la posibilidad de crear un modelo sostenible de crecimiento basado en el consumo, lo que permite terciarizar una economía y hacerla verdaderamente competitiva. Eso es ser un país desarrollado y no ganar mundiales de fútbol. Cuando llegó la crisis del 29 y la posterior recesión mundial en los 30, en un país tan poco sospechoso de socialista, comunista o lo que ustedes quieran, como EEUU, decidieron adoptar una cosa llamada New Deal, que consistió, entre otras cosas, en subir los sueldos y bajar las horas de trabajo. Como consecuencia, había más puestos de trabajo para cubrir esas horas de menos, y los que salían de su trabajo lo invertían en consumo, lo que reactivó la economía y permitió al país dar un definitivo empujón hacia arriba para salir victorioso de una Guerra Mundial que libró en tres continentes.
 

Por si usted no lo sabe, las medidas que está ejecutando han conseguido lo contrario. Hablo en pasado porque tal vez no lo sepa, pero no hay nada nuevo en los famosos "recortes". Argentina, Chile, Polonia, Rusia y así hasta un largo etc de países engrosan una horrible lista de fracasos de las políticas neoliberales de Milton Friedman y el Consenso de Washington que desde los 70 llevan intentando hacernos creer que sumergir a un país en el shock económico es una salida a la crisis. Jamás las medidas de la Escuela de Chicago han funcionado. Jamás un país ha salido de la crisis de esa forma. Jamás una sociedad se ha beneficiado de ello. Por el contrario, ha generadosuicidios, deterioro del Estado del Bienestar (que ustedes insisten en decir que se ha terminado mientras vemos cómo crece y se desarrolla en otros países de nuestro entorno) y ha destruido el futuro de numerosas generaciones.

  Usted miente, señor Presidente, y es sumamente peligroso. Porque el anterior era un inútil, pero usted es un pirómano en mitad de un incendio. El otro creía vivir en el País de las Maravillas y usted nos está sumiendo en el País de los Horrores. Toda política fiscal que no se base en la generación de riqueza, toda medida relativa al empresariado que no atienda prioritariamente a las empresas que cotizan más del 60% de sus ganancias en forma de sueldos e impuestos en España (y no Repsol, que solamente invierte un 20% y ahora la defienden como española; hay empresas extranjeras que reparten más beneficios al conjunto del país), todo lo que no sea alumbrar un futuro basado en la investigación y no en el trabajo precario, es destruir el futuro del país. A usted y sus secuaces se les llena la boca diciendo que hay que fomentar el emprendedorismo, y en lugar de ello desarrollan un plan basándose en los ideales especulativos de los dirigentes de la CEOE cuyo historial de empresas arruinadas por la especulación de la que ellos salen indemnes mientras el Estado se hace cargo de los parados que dejan es absolutamente bochornosa. Eliminan de todo plan de emprendedores la posibilidad del emprendedor social y generan únicamente una nueva casta de tiburones amparados en una reforma laboral neofeudal.

  Ustedes se olvidan que los países desarrollados como EEUU, Alemania, Francia, etc., invierten entre el 2'6 y el 3'4% del PIB en I+D+I. España no sólo necesita un esfuerzo superior (en torno al 6%) para ponerse a su altura sino que ustedes nos bajan la inversión del 1'3% al 0'9%. Para entendernos, usted que sólo lee sobre deportes, es la diferencia entre inventar un coche, y fabricarlo. Quien lo inventa tiene los beneficios de todos y cada uno de los coches que se venden. Quien lo fabrica sólo de las unidades que salen de su fabrica. ¿Dónde se inventan los coches? En Alemania, por citar un caso. ¿Dónde se fabrican? En España, Polonia o Rumania. Es evidente de quiénes estamos más cerca, pues. Al darle el hachazo que usted le ha dado a la investigación nos condena a ser un país de camareros, portaequipajes, y por supuesto de trabajadores poco o nada cualificados que trabajemos para empresas extranjeras a sueldos miserables mientras tenemos la moneda de los países con mejor calidad de vida. Si seguimos en el euro es para vivir como ellos, no para que ustedes nos hagan vivir como en Botsuana con precios de París.

  Usted nos está suicidando económicamente. Tal vez no sepa quién es Paul Kruggman, pero es Premio Nobel de Economía. Para él es evidente que usted nos miente o no quiere darse cuenta de que no estamos ni siquiera en recesión, sino en fase de depresión, y sus medidas nos hunden cada vez más. Ha aceptado ser el banco de pruebas del FMI, cuyas medidas ya arruinaron a varios países, pregunte si no por Grecia o Italia donde están fracasando estrepitosamente. Usted no le dice a la gente que estamos metidos en una III Guerra Mundial cuyas armas no son de fuego, sino que tienen a forma de experimentos socio-económicos, donde los tanques son agencias de calificación de la deuda, donde los países utilizan a los ciudadanos para intereses ajenos a estos, y donde, al final, la gente está muriendo y sufriendo, como en cualquier guerra. Usted nos dice que es bueno meter a cuarenta alumnos por clase, que es bueno que haya menos profesores, menos médicos, menos atención sanitaria, y a veces pienso que simplemente usted es gilipollas, que no puede ser que actúe con maldad. Y créame, lo sigo pensando. Los malos seguramente son otros, usted no tiene la inteligencia suficiente para darse cuenta de todo eso. Sí la tiene, en cambio, para saber que todo esto puede traer revueltas sociales, agitación en la calle. Por eso va a aprobar una medida por la cual será terrorismo y condena criminal resistirse a la voluntad del Gobierno expresada en sus brazos de coerción, es decir, al policía. Como yo le estoy diciendo esto, seguramente me acusará de terrorismo por incitar a la gente a decirle a usted las verdades a la cara.

  Señor Presidente, usted no quiere decirlo porque la Führer Merkel le amenaza desde el IV Reich que se ha instalado. No es una exageración, oiga, que lo dice hasta el Financial Times que como todo el mundo sabe es muy de izquierdas sin duda. Estamos metidos en mitad de una III Guerra Mundial, vuelvo a repetírselo, y no es una idea únicamente mía, sino de gente de esa que ha estudiado, tiene doctorados, ha dado clase en varias universidades, ha viajado por el mundo, ha leído mucho, mucho, habla varios idiomas, ha vivido diferentes procesos de crisis y recuperación, y a algunos también les gustan los deportes. Pero también ven que ustedes nos metieron una primera fase de Movimientos Financieros que ahogaron nuestra economía y ahora nos meten en una fase de Posiciones para hundirnos en el shock, en el miedo, en la angustia.

  Solo le deseo que si algún día la sociedad se rebela, salimos a la calle, tomamos los poderes públicos, proclamamos una Asamblea Constituyente, convocamos un referéndum sobre la forma de Estado, disolvemos los partidos actuales y los obligamos a refundarse en partidos que atiendan a las ideologías políticas y no a las económicas, establecemos un sistema de elecciones realmente democráticas, nos salimos de la moneda alemana (llamada también euro) y establecemos pactos bilaterales con los países importantes, invertimos en educación e investigación. Si todo eso pasa y empieza con una mecha que la sociedad enciende. Si pasa y asaltamos su palacete en la Moncloa , ojalá usted esté ya camino del exilio en Berlín.
 

O lo va a pasar mal. Muy mal.

martes, 5 de junio de 2012

ENTREVISTA AL PSICÓLOGO ROSENDO RODRIGUEZ


Entrevista realizada por Katerin Andrea Ospina, estudiante de psicología de la Universidad Antonio Nariño, el 30 de mayo de 2012. 
 
Ocupación y tiempo que lleva en el cargo: Docente en educación superior, psicólogo en el área clínica y educativa, psicoterapeuta.

1.    ¿A qué enfoque de la psicología pertenece? 

Soy un historiador de la psicología, sin asumir alguna escuela en particular, especialmente en los últimos años. Esto me ha servido para pensar sobre diferentes teorías y modelos, y orientar mi práctica a partir de mi propio desarrollo. Tengo el grado de psicólogo emitido por una universidad colombiana, y trabajo según el análisis de la práctica, lo cual desemboca en la ética. Anteriormente he pasado por experiencias del humanismo y el psicoanálisis, y en algún momento pensé que sería psicoanalista. En la actualidad no puedo asumir más que soy un historiador de la disciplina, tal vez en búsqueda de su propio ser.

2.    ¿Qué lo llevó a escoger dicho enfoque? 

El recorrido por la psicología, es lo que ha marcado mis diferentes experiencias. Asumida la mayor parte del tiempo de modo religioso, en distintos momentos pensé que había encontrado la verdad en algún modelo. Ahora veo que se trata de lógica, finalmente, y en consecuencia, lo que se tiene es, primero, un lugar de la verdad, y en el mismo, unas premisas estructuradas como silogismos, que finalmente desembocan en demostraciones aristotélicas. En otros casos, pero de la mano de la filosofía, los soportes de estas premisas son quaestio facti, lo que termina de conformar las ilusiones de una disciplina cuyos objetos y métodos son diversos. Me entristecen algunos modos de pensar la psicología, como aquellos que se convierten en la realización de la techné siguiendo el control como el entendido de lo que debe ser. Otros, en las antípodas, buscan liberaciones equivalentes en ilusiones, siendo los segundos quizá mortíferos en mayor grado que los primeros. Otros, finalmente, se acercan a lo que podría constituir, al menos, inquietantes campos de interrogación frente a los efectos de la cotidianidad del ser y una contraparte en el existir. La psicología tal vez no tiene respuestas adecuadas, pero quizá tenga buenas preguntas, en algunos casos. 

3.    ¿Cuál cree que es su función como psicólogo  dentro de este campo de acción?

La teorización, entendida como meditación en relación con un objeto -con los objetos de la cotidianidad, que lo enmascaran-. Esto solamente, por ahora, entendido en el sentido de la necesidad de colocar, en el lugar del vacío, unas palabras. Es decir, como ser hablante, quizá subsidiario de lo escrito, no puedo dejar de lado -insisto- de momento, la simbolización. Mis esfuerzos, sin embargo, no irán más allá de este ejercicio, pues de cada uno es responsabilidad el modo como deriva su experiencia de simbolización del objeto. Allí, me muevo en los términos de lo que puede haber de universal en la experiencia del ser, y es en ese punto donde creo se debe decantar la experiencia de cada uno, y quizá, yendo más allá de ese “uno”, a lo representado que en el fondo no tiene representación. 

4.    ¿Cuál es su opinión acerca de la formación que están recibiendo de parte de las universidades los futuros profesionales del área de la psicología?

Mi opinión, o doxa, no es importante, en tanto que no alcanza la ortodoxia. Con esta advertencia, voy a la formación. Se trata de una paradoja, pues la psicología solamente, a mi juicio, empieza en su práctica, cuando se ha recibido una “formación”. Este paso ineludible para alcanzar algo del orden de la psicología, es solamente la recepción de los modelos -un paradigma es un ejemplo- que se inscriben en el ser del estudiante, pero frente a los cuales el mismo está obligado a crear algo como una estructura lógica susceptible de plantearle preguntas y caminos, ordenamientos lógicos frente a su experiencia de la realidad, diferentes a los de su vida cotidiana, que no es más que un efecto de su historia anterior. El elemento profesional, es intensamente problemático, y requiere también un análisis: se trata de lo que se entiende por “profesionalismo”, que, en suma, puede reducirse a cuanto mandato sobre la práctica en intercambio con un cliente emerge ante las complicaciones de la misma. El profesional es el que ejerce la “psicología” dentro de un rol institucional y social, que terminan por fundarlo -sin consciencia plena, de modo habitual- como funcionario y administrador de su creencia (con respecto a la psicología), y para colmo perorando sobre su claridad ética. En este terreno se aprecia muy claramente que la psicología anda muerta, en tanto que se dedica a perfeccionarse como producto de consumo, siendo el psicólogo, en el fondo, una mercancía más dentro del sistema del Capital, religión de fondo susceptible de capturar cualquier otra religión, pues éste dios de la posmodernidad puede adquirirlo, tanto como quien tiene dinero puede comprar psicología. Cerrando, el futuro de los “psicólogos”, desde mi perspectiva, es el de los demás profesionales, si ese es el camino que eligen: las ventas. Otro es el destino de los pensadores, más próximos al sufrimiento que al bienestar de los profesionales. Y no porque estos últimos no piensen, sino que su pensamiento está atrapado en sus necesidades maslowianas. Aquellos que plantean un terreno de la psicología en el plano de los efectos del lenguaje, y los problemas del surgimiento del lenguaje y la fundación del sujeto y la subjetividad, están en otro lugar. Las Universidades deben, idealmente, ser habitadas por el discurso de las psicologías, pero además, deben ser habitadas una vez más por los estudiantes de la psicología. Estos no tienen nada qué ver con los profesionales, pues el profesional es un alienado por una causa ya definida, que evita los peligros del cuestionamiento de sus modelos. El drama universitario es el de la experiencia de los mercenarios de la psicología.  

5.    ¿Cree usted que existen los suficientes y eficaces,  medios de control y supervisión para la inspección de las funciones de los psicólogos, específicamente dentro de su campo de acción?

Esta pregunta es anti-psicológica. Es evidentemente, propia de un funcionario. Aquí hay un administrador de la educación, que pide productos. Puede verse el efecto de las Normas ICONTEC, y de las políticas de la educación, que son políticas institucionales. Los términos, los reenmarco, que aparecen ya como holofrases o términos holofrásticos donde la psicología es un apéndice de la administración, son: suficiencia, eficacia, mediosdecontrol (pegado), supervisión, funcionesdelospsicólogos. ¿No debería ser claro que el campo de acción de la psicología, debería ser cuestión de psicólogos? El administrador, no por serlo, es enemigo de la psicología. Su hacer es solamente el de quien está encargado de administrarla, como bien o servicio. En ese sentido, sostiene la orquesta de las normas de calidad. Es interesante ver que la Universidad, no solamente la privada, sino la pública, son empresas. Como tales, obedecen a la lógica que deviene dialécticamente de la relación entre el capital  y su discurso (el del capital, por supuesto). El psicólogo, por lo regular, se encuentra decepcionado -este es mi prejuicio, derivado de años de experiencias- de su arte / ciencia / religión, frente al administrador, que es su Amo, y por consiguiente, su objeto de Amor. Hay una transacción entre uno y otro, y un pacto con respecto a lo que tiene que ver con los productos del psicólogo, el cual es un esclavo de la administración de su producto. En ese sentido, las condiciones laborales en la Universidad, y la producción del psicólogo, dejan de lado, por ejemplo, la investigación. Puede decirse que no hay investigación que no esté ligada a la administración educativa, pues se torna en un asunto de presupuesto. Del mismo modo, hay que pagar para ir a clase, y también, el psicólogo que está en la docencia necesita vivir de su práctica. ¿Puede hablar, realmente, en estas condiciones? La consecuencia que veo, además, se puede extraer de la pregunta, es que el psicólogo es ya un significante del control, que es lo mismo que decir, que no es otra cosa que un controlador. A veces, en este último ejercicio, el sacrificio implicado es el de la psicología misma.

6.    ¿En alguna ocasión ha visto afectada su ética profesional, por alguna orden que haya tenido que cumplir de parte de algún jefe? Si la respuesta es positiva explique el motivo por el cual sintió afectada su ética profesional?

La respuesta a esta pregunta, se articula con la pregunta anterior (ver ítem 4) que tiene que ver con el profesionalismo. El ejercicio de la psicología, de parte de un psicólogo, si se ejecuta con rigor, viola algunos de los principios de la ética profesional. La ética de la psicología, si es que tal cosa existe, remite al pensador a las éticas de la psicología, en tanto que existen diferentes corrientes de pensamiento consideradas paradigmáticas, es decir, fundamentadas en principios que se precian de ser universales. Es interesante ver que las universalidades chocan, en el acuerdo imposible, que sin embargo, algunos toman -los autores del código deontológico de cualquier país- asumiendo el saber absoluto en lo referente a la psicología, para establecer los referentes legales. Esto, en principio, implica por supuesto que el autor de la psicología se ubica dentro de la ley. Su saber es instituyente en tanto que es legal, o está legitimado, y sirve para legitimar...su pensamiento. La antigua religión, al menos en su espíritu, no solamente la católica (vg., la Diosa Que Come Suciedad, de los azteca), guardaba el secreto de confesión, creando un lugar donde la palabra pronunciada dejaba incólume la integridad social del penitente, el cual además era bien visto por su contricción. Por defecto, en la actualidad el que tiene psicólogo, tiene problemas, no solo de orden mental. Así que por otra parte, el propio ejercicio de la psicología regularmente es una infracción al espíritu de la misma, pero no en tanto que profesión, sino en tanto que ética y política articuladas desde el saber.

7.    ¿En alguna ocasión se ha visto confundido o sin saber cómo actuar frente algún caso en especial, por las consecuencias que puedan traer su decisión referente al secreto profesional? 

He tenido muchos errores y algunos aciertos. Por ejemplo, frente al derecho del niño de salvaguardar su secreto. El niño es hijo de alguien, que paga la consulta, y que se considera su dueño, más que su tutor o representante legal. Quizá por esto mismo, por la consideración del padre y también, en la línea de responsabilidades, del pariente y el educador, incluyendo al psicólogo, se fracturan radicalmente los límites del secreto profesional. Quiero dejar sentado que se puede mantener el secreto, pero no si se es profesional. Pero, por otra parte, allí surgen problemas de reconocimiento de la realidad del niño, por ejemplo. Se estima que no tiene, por definición, autodeterminación, y que en el terreno familiar, en último término, es objeto de cuidado al cual hay que respetarle sus derechos. Las paradojas son evidentes. Lo que no se pregunta el psicólogo, especialmente el profesional, es por el espíritu de la Ley. Su proceder será tendiente a obedecerla, al margen de las consecuencias que esto implica. De allí su sometimiento a los protocolos y a los métodos estandarizados, cuya pretensión de verdad es religiosa, por defecto del espíritu científico, que lejos del modo empírico-analítico, es finalmente conocer

8.    En su opinión ¿cree que es competencia del psicólogo recomendar o no a un ex - empleado de dicha empresa para laborar en otra entidad, si este tuvo inconvenientes que impidieron el buen funcionamiento de su antigua empresa?

Bueno, esta pregunta me causa risa, y lo digo para no falsear el respeto. Una vez más, se trata aquí del lenguaje que media las relaciones entre el empleador y el empleado. Por lo general, cuando hablo con algún colega, sobre todo si es nobel, veo que se conduce dirigiendo sus esfuerzos a sostener angustiosamente su posición sobre la base del hallazgo de la Verdad. Esta verdad es en realidad, la verdad del sujeto. Esto es, la que emerge de sus experiencias mortíferas con el otro. Por este camino, la producción en el sistema es la de la cobardía. Y la competencia, y su sistema de evaluación, surge de allí, de esa cobardía. Por supuesto, un contrato laboral implica la sinceridad de las partes, en cuanto a lo que se está dispuesto a hacer. Si entra en el planteamiento de la institución, por ética profesional está obligado a cumplir con su promesa. Ya vimos anteriormente algunas implicaciones de ser profesional. La conclusión inevitable aquí es que la psicología es imposible en los campos en que se practica, bajo la lógica de la mercancía, y solo es posible como reducción a tal condición. Quien hace la reducción, es el profesional. Como se observa, este ya no puede considerarse, estrictamente, como psicólogo. 

9.    Los psicólogos del área educativa, pueden llegar a tener una gran influencia en los hábitos de pensamiento, sentimiento y conducta en los estudiantes, ¿Qué opinión tiene acerca de los psicólogos que ejerzan estas costumbres?

La consuetudo es solamente una solución de cada uno, no necesariamente derivada de la reflexión teórica y epistemológica sobre su saber. No sé hasta donde lo que se afirma en esta pregunta sea posible, siempre que cada vez encuentro más “estudiantes” cuyo ser en el mundo es el que se localiza en la internet. Es decir, si no están en el chat, durante el desarrollo de una sesión de clase o tutoría, están en algún lugar de la red, por ejemplo, en el face o en el twitter. En ocasiones, predomina la relación de odio-rechazo, en alguno de los términos docente-estudiante, y en otros, el psicólogos, cuyo estatuto es el mismo de los docentes en las instituciones educativas, al menos en el imaginario, ama demasiado a sus estudiantes. El psicólogo, en lo imaginario, sin dejar de lado que tiene mucho que ver con lo real, es visto ya tradicionalmente como un denunciante. En instituciones de LIbertad Asistida, al menos hace algunos años, formaba parte del Equipo Técnico, que recomendaba al Juez de Menores la medida jurídica a proceder. ¿Qué más se puede decir del llamado psicólogo en estos entornos sociales, que su afirmación de la negación del ser de la psicología, el cual, en todo caso, es desconocido? Diría pues, que la consuetudo del psicólogo es negar su saber, en beneficio de su profesión.

10. ¿cree que la responsabilidad y los deberes  del psicólogo, como profesional, deben limitarse a las actuaciones internas de la institución a   la que pertenezca?

Tal vez es tiempo de proponer que el psicólogo parta de la lectura de la historia, la sociedad y la cultura, de las cuales forma parte una institución. También, preocuparse por la defición de este término, que regularmente remite a un conjunto de prácticas y técnicas adscritas a alguna forma de administración de los saberes. De allí que sería posible que modificara su condición de esclavo de lo instituido, a pensador de la vida, pues lo que no creo que le esté dado sea la dedicación a los mismos goces de los demás, los cuales vienen con factura. Está obligado por su recorrido a proponer algo distinto de aquello que considera su formación, pues esta solamente le provee la forma originaria que se ha de modificar al martillo del pensamiento, pero el pensamiento mismo ha de ser liberado de sus ataduras simbólicas. Que la palabra se estructure a partir del pensamiento quiere decir que no es el último término al cual se debe someter el psicólogo. Es también el problema de sus efectos en lo imaginario y lo real, términos de la matemática que forzosamente han de ser tenidos en cuenta en la psicología. Tal vez sí sea necesario reconocer un deber y una responsabilidad del psicólogo, pero no centrados en su contrato laboral, lo cual forma parte de su esfera social, y de lo que ya se ha planteado discusión a lo largo de esta entrevista. Este deber, está centrado en un mandato kantiano: “Debes saber más de psicología”, el cual, sin duda, es un imperativo superyoico (¿ético?), que tiene sus nexos con la responsabilidad, cifrada en otro imperativo superyoico: “a cualquier precio”.

No en vano alguien sostiene el carácter capitalista de la pulsión. El análisis nos indica que el deber ser plantea tales problemas, que el imperativo de saber a cualquier precio indica que la responsabilidad de saber a cualquier precio también se cifra en el verdadero imperativo actual, que sería tendiente a no violar el código de comercio. Por supuesto, hay otros códigos, que por ser considerados menos importantes, son por supuesto, subsidiarios de éste último. Entre ellos, entre los muchos otros del concierto de los saberes, está el de la psicología.

No obstante, sería problemático que el código de la verdad fuera el de éste saber psicológico. Entre otras cosas, porque su efecto es el de la actualidad, cuando así es asumido. Uno de sus productos, es un ser enfermo de conciencias, al viejo estilo hegeliano.


Mayo, 2012.