viernes, 14 de mayo de 2010

SOBRE LA DINAMICA DE LA TRANSFERENCIA


SOBRE LA DINAMICA DE LA TRANSFERENCIA

Sigmund Freud
(1912)

El tema de la «trasferencia», difícil de agotar. Yo querría añadir aquí algunas puntualizaciones a fin de que se comprenda cómo ella se produce necesariamente en una cura psicoanalítica y alcanza su consabido papel durante el tratamiento.

Aclarémonos esto: todo ser humano, por efecto conjugado de sus disposiciones innatas y de los influjos que recibe en su infancia, adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse. Esto da por resultado, digamos así, un clisé (o también varios) que se repite -es reimpreso- de manera regular en la trayectoria de la vida, en la medida en que lo consientan las circunstancias exteriores y la naturaleza de los objetos de amor asequibles, aunque no se mantiene del todo inmutable frente a impresiones recientes. Ahora bien, según lo que hemos averiguado por nuestras experiencias, sólo un sector de esas mociones determinantes de la vida amorosa ha recorrido el pleno desarrollo psíquico; ese sector está vuelto hacia la realidad objetiva, disponible para la personalidad conciente, y constituye una pieza de esta última. Otra parte de esas mociones libidinosas ha sido demorada en el desarrollo, está apartada de la personalidad conciente así como de la realidad objetiva-, y sólo tuvo permitido desplegarse en la fantasía o bien ha permanecido por entero en lo inconciente, siendo entonces no consabida para la conciencia de la personalidad. Y si la necesidad de amor de alguien no está satisfecha de manera exhaustiva por la realidad, él se verá precisado a volcarse con unas representaciones expectativa libidinosas hacia cada nueva persona que aparezca, y es muy probable que las dos porciones de su libido, la susceptible de conciencia y la inconciente, participen de tal acomodamiento.

Es entonces del todo normal e inteligible que la investidura libidinal aprontada en la expectativa de alguien que está parcialmente insatisfecho se vuelva hacia el médico. De acuerdo con nuestra premisa, esa investidura se atendrá a modelos, se anudará a uno de los clisés preexistentes en la persona en cuestión o, como también podemos decirlo, insertará al médico en una de las «series» psíquicas que el paciente ha formado hasta ese momento. Responde a los vínculos reales con el médico que para semejante seriación se vuelva decisiva la «imago paterna» -según una feliz expresión de Jung. Empero, la trasferencia no está atada a ese modelo; también puede producirse siguiendo la imago materna o de un hermano varón. Las particularidades de la trasferencia sobre el médico, en tanto y en cuanto desborden la medida y la modalidad de lo que se justificaría en términos positivos y acordes a la ratio, se vuelven inteligibles si se reflexiona en que no sólo las representaciones expectativa concientes, sino también las rezagadas o inconcientes, han producido esa trasferencia.

No correspondería decir ni cavilar más sobre esta conducta de la trasferencia si no quedaran ahí sin esclarecer dos puntos que poseen especial interés para el psicoanalista. En primer lugar, no, comprendemos que la trasferencia resulte tanto más intensa en personas neuróticas bajo análisis que en otras, no analizadas; y en segundo lugar, sigue constituyendo un enigma por qué en el análisis la trasferencia nos sale al paso como la más fuerte resistencia al tratamiento, siendo que, fuera del análisis, debe ser reconocida como portadora del efecto salutífero, como condición del éxito. En este sentido, hay una experiencia que uno puede corroborar cuantas veces quiera: cuando las asociaciones libres de un paciente se deniegan, en todos los casos es posible eliminar esa parálisis aseverándole que ahora él está bajo el imperio de una ocurrencia relativa a la persona del médico o a algo perteneciente a él. En el acto de impartir ese esclarecimiento, uno elimina la parálisis o muda la situación: las ocurrencias ya no se deniegan; en todo caso, se las silencia.

A primera vista, parece una gigantesca desventaja metódica del psicoanálisis que en él la trasferencia, de ordinario la más poderosa palanca del éxito, se mude en el medio más potente de la resistencia. Pero, si se lo contempla más de cerca, se remueve al menos el primero de los dos problemas enunciados. No es correcto que durante el psicoanálisis la trasferencia se presente más intensa y desenfrenada que fuera de él. En institutos donde los enfermos nerviosos no son tratados analíticamente se observan las máximas intensidades y las formas más indignas de una trasferencia que llega hasta el sometimiento, y aun la más inequívoca coloración erótica de ella. Una sutil observadora como Gabriele Reuter lo ha pintado en un maravilloso libro, para un tiempo en que apenas existía psicoanálisis alguno; en ese libro se traslucen las mejores intelecciones sobre la esencia y la génesis de las neurosis. Así, no corresponde anotar en la cuenta del psicoanálisis aquellos caracteres de la trasferencia, sino atribuírselos a la neurosis.

En cuanto al segundo problema -por qué la trasferencia nos sale al paso como resistencia en el psicoanálisis-, aún no lo hemos tocado. Ahora, pues, debemos acercarnos a él. Evoquemos la situación psicológica del tratamiento: Una condición previa regular e indispensable de toda contracción de una psiconeurosis es el proceso que Jung acertadamente ha designado como «introversión» de la libido.

Vale decir: disminuye el sector de la libido susceptible de conciencia, vuelta hacia la realidad, y en esa misma medida aumenta el sector de ella extrañada de la realidad objetiva, inconciente, que si bien puede todavía alimentar las fantasías de la persona, pertenece a lo inconciente. La libido (en todo o en parte) se ha internado por el camino de la regresión y reanima las imagos infantiles. Y bien, hasta allí la sigue la cura analítica, que quiere pillarla, volverla de nuevo asequible a la conciencia y, por último, ponerla al servicio de la realidad objetiva. Toda vez que la investigación analítica tropieza con la libido retirada en sus escondrijos, no puede menos que estallar un combate; todas las fuerzas que causaron la regresión de la libido se elevarán como unas «resistencias» al trabajo, para conservar ese nuevo estado. En efecto, si la introversión o regresión de la libido no se hubiera justificado por una determinada relación con el mundo exterior (en los términos más universales: por la frustración de la satisfacción), más aún, sí no hubiera sido acorde al fin en ese instante, no habría podido producirse en modo alguno. Empero, las resistencias de este origen no son las únicas, ni siquiera las más poderosas. La libido disponible para la personalidad había estado siempre bajo la atracción de los complejos inconcientes (mejor dicho: de las partes de esos complejos que pertenecían a lo inconciente) y cayó en la regresión por haberse relajado la atracción de la realidad. Para liberarla es preciso ahora vencer esa atracción de lo inconciente, vale decir, cancelar la represión {esfuerzo de desalojo} de las pulsiones inconcientes y de sus producciones, represión constituida desde entonces en el interior del individuo. Esto da por resultado la parte con mucho más grandiosa de la resistencia, que hartas veces hace subsistir la enfermedad aunque el extrañamiento respecto de la realidad haya vuelto a perder su temporario fundamento. El análisis tiene que librar combate con las resistencias de ambas fuentes. La resistencia acompaña todos los pasos del tratamiento; cada ocurrencia singular, cada acto del paciente, tiene que tomar en cuenta la resistencia, se constituye como un compromiso entre las fuerzas cuya meta es la salud y aquellas, ya mencionadas, que las contrarían.

Pues bien: si se persigue un complejo patógeno desde su subrogación en lo conciente (llamativa como síntoma, o bien totalmente inadvertida) hasta su raíz en lo inconciente, enseguida se entrará en una región donde la resistencia se hace valer con tanta nitidez que la ocurrencia siguiente no puede menos que dar razón de ella y aparecer como un compromiso entre sus requerimientos y los del trabajo de investigación. En este punto, según lo atestigua la experiencia, sobreviene la trasferencia. Si algo del material del complejo (o sea, de su contenido) es apropiado para ser trasferido sobre la persona del médico, esta trasferencia se produce, da por resultado la ocurrencia inmediata y se anuncia mediante los indicios de una resistencia -p. ej., mediante una detención de las ocurrencias-. De esta experiencia inferimos que la idea trasferencial ha irrumpido hasta la conciencia a expensas de todas las otras posibilidades de ocurrencia porque presta acatamiento también a la resistencia. Un proceso así se repite innumerables veces en la trayectoria de un análisis. Siempre que uno se aproxima a un complejo patógeno, primero se adelanta hasta la conciencia la parte del complejo susceptible de ser trasferida, y es defendida con la máxima tenacidad.

Vencida aquella parte, los otros ingredientes del complejo ofrecen ya pocas dificultades. Mientras más se prolongue una cura analítica y con más nitidez haya discernido el enfermo que unas meras desfiguraciones del material patógeno no protegen a este de ser puesto en descubierto, tanto más consecuente se mostrará en valerse de una modalidad de desfiguración que, manifiestamente, le ofrece las máximas ventajas: la desfiguración por trasferencia. Estas constelaciones se van encaminando hacia una situación en que todos los conflictos tienen que librarse en definitiva en el terreno de la trasferencia.

Así, en la cura analítica la trasferencia se nos aparece siempre, en un primer momento, sólo como el arma más poderosa de la resistencia, y tenemos derecho a concluir que la intensidad y tenacidad de aquella son un efecto y una expresión de esta. El mecanismo de la trasferencia se averigua, sin duda, reconduciéndolo al apronte de la libido que ha permanecido en posesión de imagos infantiles; pero el esclarecimiento de su papel en la cura, sólo si uno penetra en sus vínculos con la resistencia.

¿A qué debe la trasferencia el servir tan excelentemente como medio de la resistencia? Se creería que no es difícil la respuesta. Es claro que se vuelve muy difícil confesar una moción de deseo prohibida ante la misma persona sobre quien esa moción recae. Este constreñimiento da lugar a situaciones que parecen casi inviables en la realidad. Ahora bien, esa es la meta que quiere alcanzar el analizado cuando hace coincidir el objeto de sus mociones de sentimiento con el médico. Sin embargo, una reflexión más ceñida muestra que esa aparente ganancia no puede proporcionarnos la solución del problema. Es que, por otra parte, un vínculo de apego tierno, devoto, puede salvar todas las dificultades de la confesión. En circunstancias reales análogas suele decirse: «Ante ti no me avergüenzo, puedo decírtelo todo». Entonces, la trasferencia sobre el médico podría igualmente servir para facilitar la confesión, y uno no comprende por qué la obstaculiza.

La respuesta a esta pregunta, planteada aquí repetidas veces, no se obtendrá mediante ulterior reflexión, sino que es dada por la experiencia que uno hace en la cura a raíz de la indagación de las particulares resistencias trasferenciales. Al fin uno cae en la cuenta de que no puede comprender el empleo de la trasferencia como resistencia mientras piense en una «trasferencia» a secas. Es preciso decidirse a separar una trasferencia «positiva» de una «negativa», la trasferencia de sentimientos tiernos de la de sentimientos hostiles, y tratar por separado ambas variedades de trasferencia sobre el médico. Y la positiva, a su vez, se descompone en la de sentimientos amistosos o tiernos que son susceptibles de conciencia, y la de sus prosecuciones en lo inconciente. De estos últimos, el análisis demuestra que de manera regular se remontan a fuentes eróticas, de suerte que se nos impone esta intelección: todos nuestros vínculos de sentimiento, simpatía, amistad, confianza y similares, que valorizamos en la vida, se enlazan genéticamente con la sexualidad y se han desarrollado por debilitamiento de la meta sexual a partir de unos apetitos puramente sexuales, por más puros y no sensuales que se presenten ellos ante nuestra autopercepción conciente. En el origen sólo tuvimos noticia de objetos sexuales; y el psicoanálisis nos muestra que las personas de nuestra realidad objetiva meramente estimadas o admiradas pueden seguir siendo objetos sexuales para lo inconciente en nosotros.

La solución del enigma es, entonces, que la trasferencia sobre el médico sólo resulta apropiada como resistencia dentro de la cura cuando es una trasferencia negativa, o una positiva de mociones eróticas reprimidas. Cuando nosotros «cancelamos» la trasferencia haciéndola conciente, sólo hacemos desasirse de la persona del médico esos dos componentes del acto de sentimiento; en cuanto al otro componente susceptible de conciencia y no chocante, subsiste y es en el psicoanálisis, al igual que en los otros métodos de tratamiento, el portador del éxito. En esa medida confesamos sin ambages que los resultados del psicoanálisis se basaron en una sugestión; sólo que por sugestión es preciso comprender lo hemos descubierto ahí: el influjo sobre un ser humano por medio de los fenómenos trasferenciales posibles con él. Velamos por la autonomía última del enfermo aprovechando la sugestión para hacerle cumplir un trabajo psíquico que tiene por consecuencia necesaria una mejoría duradera de su situación psíquica.

Puede preguntarse, aún, por qué los fenómenos de resistencia trasferencial salen a la luz sólo en el psicoanálisis, y no en un tratamiento indiferente, por ejemplo en institutos de internación. La respuesta reza: también allí se muestran, sólo que es preciso apreciarlos como tales. Y el estallido de la trasferencia negativa es incluso harto frecuente en ellos. El enfermo abandona el sanatorio sin experimentar cambios o aun desmejorado tan pronto cae bajo el imperio de la trasferencia negativa. Y si en los institutos la trasferencia erótica no es tan inhibitoria, se debe a que en ellos, como en la vida ordinaria, se la esconde en lugar de ponerla en descubierto; pero se exterioriza con toda nitidez como resistencia contra la curación, no por cierto expulsando del instituto a los enfermos -al contrario, los retiene ahí-, sino manteniéndolos alejados de la vida. En efecto, para la curación poco importa que el enfermo venza dentro del sanatorio esta o estotra angustia o inhibición; lo que interesa es que también en la realidad objetiva de su vida se libre de ellas.

La trasferencia negativa merecería un estudio en profundidad, que no puede dedicársele en el marco de estas elucidaciones. En las formas curables de psiconeurosis se encuentra junto a la trasferencia tierna, a menudo dirigida de manera simultánea sobre la misma persona. Para este estado de cosas se ha acuñado la acertada expresión de «ambivalencia». Una ambivalencia así de los sentimientos parece ser normal hasta cierto punto, pero un grado más alto de ella es sin duda una marca particular de las personas neuróticas. El temprano «divorcio de los pares de opuestos» parece ser característico de la vida pulsional en la neurosis obsesiva, y constituir una de sus condiciones constitucionales. La ambivalencia de las orientaciones del sentimiento es lo que mejor nos explica la aptitud de los neuróticos para poner sus trasferencias al servicio de la resistencia. Donde la capacidad de trasferir se ha vuelto en lo esencial negativa, como es el caso de los paranoicos, cesa también la posibilidad de influir y de curar.

Con todas las consideraciones que llevamos hechas sólo hemos apreciado una parte del fenómeno trasferencial. Debemos prestar atención a otro aspecto del mismo asunto. Quien haya recogido la impresión correcta sobre cómo el analizado es expulsado de sus vínculos objetivos {real} con el médico tan pronto cae bajo el imperio de una vasta resistencia trasferencial; cómo luego se arroga la libertad de descuidar la regla fundamental del psicoanálisis, según la cual uno debe comunicar sin previa crítica todo cuanto le venga a la mente; cómo olvida los designios con los que entró en el tratamiento, y cómo ahora le resultan indiferentes unos nexos lógicos y razonamientos que poco antes le habrían hecho la mayor impresión; esa persona, decimos, sentirá la necesidad de explicarse aquella impresión por otros factores además de los ya consignados, y de hecho esos otros factores no son remotos: resultan, también ellos, de la situación psicológica en que la cura ha puesto al analizado.

En la pesquisa de la libido extraviada de lo conciente, uno ha penetrado en el ámbito de lo inconciente. Y las reacciones que uno obtiene hacen salir a la luz muchos caracteres de los procesos inconcientes, tal como de ellos tenemos noticia por el estudio de los sueños. Las mociones inconcientes no quieren ser recordadas, como la cura lo desea, sino que aspiran a reproducirse en consonancia con la atemporalidad y la capacidad de alucinación de lo inconciente. Al igual que en el sueño, el enfermo atribuye condición presente y realidad objetiva a los resultados del despertar de sus mociones inconcientes; quiere actuar sus pasiones sin atender a la situación objetiva {real}. El médico quiere constreñirlo a insertar esas mociones de sentimiento en la trama del tratamiento y en la de su biografía, subordinarlas al abordaje cognitivo y discernirlas por su valor psíquico. Esta lucha entre médico y paciente, entre intelecto y vida pulsional, entre discernir y querer «actuar», se desenvuelve- casi exclusivamente en torno de los fenómenos trasferenciales. Es en este campo donde debe obtenerse la victoria cuya expresión será sanar duraderamente de la neurosis. Es innegable que domeñar los fenómenos de la trasferencia depara al psicoanalista las mayores dificultades, pero no se debe olvidar que justamente ellos nos brindan el inapreciable servicio de volver actuales y manifiestas las mociones de amor escondidas y olvidadas de los pacientes. 

jueves, 13 de mayo de 2010

SOBRE EL SABER Y LA DEMOCRACIA

Sobre el saber y la democracia

Rosendo Rodríguez Fernández


El recorrido por el Saber trae, entre otras muchas resultantes, la idea que lo aparente no es la realidad misma, aunque la realidad es aparente. La epistemología señala un camino que desemboca una y otra vez, trátese del positivista más radical, o del crítico más opuesto a la ingenuidad hiperrealista, en un principio básico: hay algo que está más allá de la apariencia, y ese algo es lo constitutivo de la imagen, es decir, de la realidad. Inclusive, los movimientos religiosos apuntan a la vanidad del mundo, esbozando cierta idea que sostiene que el mundo es una apariencia, engañosa, y hay que ir, moralmente, a buscar una verdad, que sin embargo está establecida y es inmutable.

Así que parece haber un acuerdo tácito sobre lo aparente del mundo. Sin embargo, la política muestra que lo aparente se toma por verdadero, se toma por real, y donde un momento antes se rechaza implícitamente la doxa, ésta deviene criterio absoluto de verdad. La doxa como verdad, algo que incluso fundamenta disciplinas como la psicometría, la que vive haciendo vericuetos, como señalaría Jairo Gallo, con la validez y confiabilidad, vericuetos que imponen una idolátrica imagen paradójicamente proveniente de la ciencia –la que niega con mayor ahínco la doxa como criterio de cientificidad.

La desenvoltura, o más bien, la envoltura imaginaria deja ver los árboles, pero no deja ver el bosque. Un mundo imaginario, descifrable en parte por la epistemología, se cierra en esquemas defensivos, en resistencias al saber, que tienen el carácter de ser prestigiosas, y en tanto más prestigiosas, más susceptibles de prestidigitación. Si la ciencia positiva denuncia el primitivismo del pensamiento mágico de las comunidades agrupadas bajo ese mismo logos de “primitivas”, su fundamento mismo, el planteamiento de la objetividad, cae en un mito, en un absoluto que niega al sujeto, pero que se sostiene en el sujeto. Dicen que para que una comunidad científica desaparezca, debe desaparecer el último de sus representantes. Sin embargo, sostienen a pie junto que su saber es “objetivo”, pasando por alto lo trascendental de este planteamiento. Brevemente, el objetivismo es una metafísica, al suponer la existencia de un absoluto que se revela al investigador, entendido éste como aquél inquieto que busca desentrañar la verdad a través del objeto. Supone la existencia, a priori, de las Leyes de la Naturaleza, junto con Comte, y las busca atravesando el objeto con la experiencia… del sujeto.

¡Tamaña contradicción, en el seno mismo de una escuela que se precia de ser filosófica! Báez se ha burlado constantemente del objetivismo experimental, señalando el carácter imaginario del objeto, un objeto materializado, medido, mesurado, y esgrimido como prueba de la Ley Natural. Eso quiere decir, ni más ni menos, que los positivistas nunca leyeron a Freud, y no porque no tuvieran un libro sobre la Teoría Sexual en sus manos, sino porque en su discurso convencional siguieron anclados a su sentido, y enmarcaron la relación de objeto nuevamente en la preeminencia de lo dado. En otras palabras, el objeto está allí para ser descubierto por un infante, que trae una carga filogenética previa como condición de saber…etc.

Pero si el saber está allí y se difunde, ¿Porqué los pensadores continúan sosteniendo el orden del mundo de la manera como lo hacen? Si se parte de la crítica sencilla de que la doxa no es la verdad, y que la verdad no es estadística, ¿Porqué las urnas están llenas de intelectuales?

Veamos algunos genios de la propaganda, que terminan sosteniendo la democracia haciendo piruetas con la historia, escrita a su antojo de cinematografistas. Hace ya algunos años, Ridley Scott puso en las pantallas gigantes al emperador Marco Aurelio, como un filósofo que, sin más, lleva la pax romana al oscuro y primitivo mundo de los bárbaros, para variar, germanos. El pervertido hijo de Marco Aurelio, un abandonado hijo del padre, Cómodo, toma el poder y “abusa” de la investidura imperial, hasta el desafortunado evento de enfrentar a un general destituido pero instituido como héroe desde su condición de esclavo. Además, Scott bautiza, a este matador, como Máximo Décimo Meridio – Nombres del Padre, significantes de una pre claridad que remite al arcángel San Miguel, matador de demonios. El drama termina en la democracia, tomada de la última exhalación del héroe por la manipulada hermana del tirano, que ordena al inamovible militar –sobreviviente de la administración anterior- devolver el poder al Senado, al político justo.

Sin sonrojarse, Scott re-introduce en la ignorancia al público asistente a las salas de cine, conmovido por la dramática historia de Amor. Por supuesto, el truco funciona. Ya la imagen de Marco Aurelio es la de un filósofo, un buen hombre en el poder, y el poder, algo puro después de todo – y sobre todo para Scott-, pues en la razón, expurga con sabiduría la oscuridad del pensamiento mágico, primitivo.

Con honores, siempre terminan las historias de Hollywood. El culto a la bandera, la insignia, el escudo. Todo volcado en una imagen, la pasión bullendo en los corazones democráticos. Scott sin embargo deja una asociación, la inevitable, entre el tirano y la democracia. Aquél que piensa que piensa bien, y que se nombra filósofo, a su vez que es gobernante, y aquél que piensa que el otro piensa bien, por su condición de filósofo.

Pues bien, desde que los filósofos entraron en la escena democrática, hablando siempre de afuera, como en el caso de Slavoj Zizek, la imagen del político ahora se asociará con la del sabio. Es ahora el instante de los que tienen el saber. Es ahora el instante de los que creen que el filósofo sabe. Versión con nuevo estuche de la dialéctica del Amo y el Esclavo del Hegel de Kojève.

Y desde aquí, un freudiano, o sea, otro religioso, afirma que esto es una tamaña ilusión salida de la dinámica de la transferencia. El viejo modelo del amor por el propio delirio. La sujeción al mismo, al pensamiento mágico que es característico del que afirma ser científico, objetivista. La sujeción a la democrática verdad, por mayoría, por “elección”. Interesante fenómeno, ver a los intelectuales en el campo de aquellos que creen en las encuestas, y que se rigen por los cuestionarios, para sostener como verdadero cualquier postulado, incluso avasallante, digamos, como el que fundamenta la “seguridad democrática”.

Vuélvase al Marco Aurelio de Scott, y se tiene el paradigma de la democracia, incluso con el de su salvaguarda. La seguridad democrática funciona no como un mero dispositivo de instituciones encargadas de velar por el control del terrorismo. Funciona con base en el modelo de la fobia. Se crea un temor imaginario, con algunos referentes reales (es decir, hay muertos, cierto), y una figura tipo homo sacer, figura lo suficientemente localizable, lo suficientemente difusa, para mantener la prestidigitación –y sobre todo, para dirigir el deseo, impregnado de la pulsión de muerte que se desborda en esos casos: “Deberían matar a todos esos tales por cuales”.

Con ésta lógica, medieval, llamada de “Cacería de brujas”, se sostiene la Seguridad Democrática. El resultado es un enorme presupuesto, y cuerpos administrativos más o menos voluminosos, que tienen la “experiencia” –sin duda – de tratar éstos problemas valientemente, a “riesgo de sus vidas”, pues al modo de Mel Gibson, “Somos héroes”.

Esto, brevemente tocado, tomando algunos referentes de lo imaginario, pues absolutamente esta es la apariencia, sostenida en el afecto, transferencia imaginaria, transferencia primera, del mundo en que se introduce el sujeto más como objeto de amor. Si hay algo que caracteriza la democracia, es el Amor. El dispositivo se monta sobre la doxa, y la doxa es signo de la pulsión, nombrada como Amor, claro, con la máscara de la sabiduría.

El ritual adquiere dimensiones sociológicas. Muchos amantes, con los cuchillos bajo las togas, concurren a las urnas. Luego de la “elección”, narcisísticamente, estos electores verán a su ser amado en el poder, o verán a su héroe caído volver a la lucha, sin ceder en el honor.

Las espadas siempre estarán en alto, pues lo que allí las sostiene es una razón, a la cual se dirigen las catexias libidinales. Esta razón se caracteriza por su mágico devenir, por su delirante carácter, por su saber supuesto. El objeto que toma su lugar para articular la realidad del mundo es el líder amado (y odiado), que proporciona el sustrato imaginario a un invadido significante del Nombre del Padre.

Sociológicamente, los fenómenos que se observan son los de la Masa. Se logra masa crítica (la magia de la estadística) y se tiene un ser “electo” para gobernar. Este electo, un líder, cargará con el deseo de la opinión pública, un imaginario que no por no ser real, no genera un real. Hay en juego un supuesto saber, y un saber que se impone. Una propaganda reza que tantos millones de personas no pueden estar equivocados, así que la democracia debe ser, por estadística, fundada en la verdad. Galileo y otros cuantos, desde finales de la Edad Media, mostraron que en efecto, muchos millones de personas andan equivocadas. Sin embargo, la política es quemar a quien demuestra, no la verdad, sino que la mayoría narcisista no tiene la razón.

La sabia democracia actual basa su truco en el Amor. Es una estructura encerrada en el amor por el amor, para el amor y que desemboca en el amor. El dominio de lo público, las elecciones, son afectivas. Tenemos que considerar que el amor es ciego, pues el amante está en una relación con un objeto que causa su deseo. Y su deseo tiene el poder de obnubilar el pensamiento reflexivo. Lo más curioso de esta dinámica amorosa es que nadie sabe porqué ama a otro, pero simplemente no puede evitar amarlo. Es, una vez más, el problema de que el inconsciente es la política.

Hoy, los candidatos responden desde el saber supuesto, y juegan, como reinas de belleza, a acumular votos que significan poder. Me pregunto qué pasará si los filósofos acceden al poder, al estilo del viejo Vladimir Illich Ulianov. ¿Se librarán, o liberarán al mundo de la estadística mágica democracia? ¿Instaurarán formas sociales que conduzcan a los ciudadanos al contacto con la Verdad? ¿Destituirán lo imaginario como regente de la cotidianidad? ¿Serán lo mismo que los políticos tradicionales, a diferencia de que éstos si saben lo que hacen, y por qué lo hacen?

Si los filósofos confían en desafiar la percepción religiosa de la cotidianidad, sin encontrar todas las formas de resistencia posibles, obteniendo como resultado el pensamiento formal, desde el gobierno de un estado, andan en equívoco. Se encuentran ante el máximo desafío desde Aristóteles y Alejandro Magno. Observen sencillamente cualquier facultad universitaria de cualquier país, y atrévanse a sostener que allí no hay pensamiento mágico. No se diga que allí no hay intelectuales en cargos administrativos, y que no hay incluso intelectuales dueños de instituciones educativas. Sin embargo, por más ciencia, y a más ciencia, más magia y religión en su anverso.

Fíjense sencillamente en si es posible establecer no un gobierno democrático, sino un gobierno político estatuido bajo la divergencia y el desencuentro, bajo la administración que es tomada por el saber sobre lo público que ha superado la magia del deseo y ha alcanzado la mayoría de edad por la razón. Si lo consiguieran con un solo súbdito, diríamos que esto es posible. Si consiguieran que un solo tirano, para variar, el filósofo mismo, se moviera de su posición de supuesto saber, y dejara de lado sus intenciones de ser amado (de ser amo) para estatuir el amor al saber como estructurante de la vida pública, creo que tendríamos un mundo absolutamente diferente. Ese mundo tal vez sería no tan promisorio y no tan gozoso, pero al fin y al cabo, permitiría al ciudadano ser responsable de un destino intensamente buscado.

Mayo, 2010.

domingo, 9 de mayo de 2010

¿DÓNDE ESTAN LOS URIBISTAS?

¿Dónde están los uribistas?

Por María Jimena Duzán

Publicado en: Semana. com

Alguien me puede informar dónde se metieron las mayorías uribistas desde que la Corte Constitucional tumbó el referendo que le permitía al presidente Uribe aspirar a una segunda reelección. Lo pregunto porque desde entonces no aparecen ni en la red, ni en las encuestas, ni en las universidades, ni en los centros comerciales.

De un momento a otro, de ser los más activos en la red, los uribistas fueron superados por los fans partidarios de la ola verde, los cuales han acogido a Mockus en menos de un mes como si se tratara de una estrella de rock. De aparecer durante años y años como unas mayorías aplastantes e incuestionables en las encuestas electorales, hoy se han convertido en imperceptibles y no se les ve acompañando a Juan Manuel, su candidato. Si estas mayorías uribistas, que nos pintaban las encuestas tan demoledoras y tan consistentes, estuvieran con Santos, la favorabilidad de Uribe, que no baja del 70%, automáticamente habría contagiado la candidatura de Juan Manuel y hoy sería el gran favorito para ganar esta contienda electoral de manera holgada y en la primera vuelta.

Pero como ni lo uno ni lo otro está sucediendo, y en cambio al candidato de la U no solo lo están abucheando en los centros comerciales y en las universidades, sino que le ha tocado contratar a un experto en matoneo electoral como J.J. Rendón para evitar que Mockus gane en la primera vuelta, repito mi pregunta: ¿Dónde están las aplastantes mayorías uribistas? ¿Dónde fue a parar el estado de opinión sobre el que tantas fantasías de poder se montaron? ¿Por qué no pudo ganar 'Uribito' la consulta conservadora si él era el mejor representante de ese estado de opinión que, según los uribólogos, reflejaba el sentir de la mayoría del pueblo colombiano? ¿Por qué Juan Manuel Santos no tiene el teflón que tiene el presidente Uribe y en cambio sí se le está traspasando todo el desprestigio acumulado en estos ocho años de uribismo.

Como ningún uribista da razón de nada por estos días y casi todos andan con la cabeza gacha, atravesando por la etapa de la negación, yo me atrevo a aventurar algunas tesis que expliquen por qué las mayorías uribistas se esfumaron.

La primera es la más obvia, así el uribismo se frunza: en realidad esas mayorías nunca existieron como tales o al menos no como nos las promocionaron en estos años los spin doctors del uribismo, quienes nos acostumbraron a leer las encuestas a su acomodo con el propósito de convertirlas en la base para edificar el famoso 'estado de opinión' del que ya ni Valencia Cossio habla.

La segunda tesis es que estas infranqueables mayorías uribistas no eran ni tan uniformes, ni tan manipulables, ni tan uribistas. La trepada de Mockus en las encuestas demuestra que muchos de estos colombianos que antes salían clasificados en las encuestas como uribistas hoy están castigando a Uribe en cuerpo ajeno por todos los abusos de poder y por todos los escándalos que se produjeron en su gobierno. Y que los que le dan a Uribe el 70% de favorabilidad, pero califican mal su gestión de gobierno -una constante en casi todas las encuestas-, le están diciendo que muchas gracias pero que ya no más; que no lo quieren ver más en el poder ni a él ni a su pupilo porque desde hace cuatro años están desempleados, no tienen salud y perdieron su casa.

Pero además, con lo que está sucediendo en esta campaña, la tesis de que el sucesor de Uribe tendría que ser una réplica suya en razón de que esa era la única forma de llegar al poder, ya no es cierta. Queda claro también que todos los políticos que se creyeron esa falsa premisa terminaron bajando en las encuestas, comenzando por Noemí, quien en un debate dijo que Uribe no había cometido ningún error en su gobierno; para no hablar de Petro, cuya campaña fue concebida para hacerse perdonar del establecimiento acariciando el extremo centro; o como la de Rafael Pardo, cuyo lema en la consulta interna del liberalismo fue 'El siguiente paso'. Si ellos no hubieran caído en esa trampa, Mockus no estaría en la cresta de la ola verde.

El surgimiento de la inesperada ola verde demuestra que este país no se puede definir nunca más como una mayoría uribista y que por lo menos hay medio país pensando que es necesario un cambio que nos aleje de los falsos positivos, de la yidispolítica, de los jota jota, de la parapolítica y de una forma de hacer política que ha entronizado a la mafia y la corrupción.

sábado, 8 de mayo de 2010

ENTREVISTA A AMELIA IMBRIANO

ENTREVISTA A AMELIA IMBRIANO

Entrevista realizada por Cristian Castillo Castro.

Bogotá. Colombia, 5 de Mayo 2010

Con motivo del lanzamiento del libro ¨Cuatro documentos desde el psicoanálisis para la investigación de la psicosis en Colombia¨ del grupo de investigación Psicosis y Psicoanálisis de la Facultad de Psicología de la Fundación Universitaria Los Libertadores, Amelia Imbriano fue invitada a compartir su amplia y reconocida experiencia en el ámbito del psicoanálisis, el sujeto y la psicosis. Un estudiante de la facultad, interesado en profundizar más en lo dicho por ella, se atrevió a hacerle esta pequeña mini-entrevista, digna de divulgación por su valor ilustrativo. 

¿Hay formas en la que el goce pueda trasformar una pulsión de muerte en una de vida? mmm del consumo de un ser en otra cosa menos destructiva?

Respuesta: SI, todo lo que hace al estudio de la clínica de lo real y la cuestión del superyó, la técnicas de interpretación específicas a esos fines, hacen posible acotar la pulsión de muerte, y con ello el pasaje del sujeto de goce al sujeto deseante. Lo desarrolla Lacan en Radiofonía y Televisión y a partir del seminario 17 (vea allí lo que dice sobre dirección de la cura e interpretación). Ese es el lineamiento general de la dirección de la cura: el pasaje de los fondos de goce (del ello) a la significantización (trabajo del inconsciente). Se trata de la construcción del inconsciente y de un sujeto en su advenir (en tanto deseante).


Pregunta: La cultura es el eje de enfermedad humana, ¿hay alguna forma de reestructurarla para que el ser humano no sea totalmente patológico?

Respuesta: Si bien Freud y Lacan son pesimistas, por la tendencia en aumento del malestar en y de la cultura, el establecimiento de la diferenciación entre lo prohibido y lo permitido y la inscripción de su diferencia, sería una reorganización cultural que ayudaría muchísimo. Nuevamente hay que instaurar una posibilidad para la inscripción de la ley en el inconsciente. Yo no soy tan pesimista, pero se que es un trabajo de hormiga, uno por uno. No obstante, creo que es importante, que los psicoanalistas intervengamos sobre las políticas públicas.


Pregunta: ¿Todavía se cree que cada acción humana es para la destrucción?

Respuesta: No necesariamente, si bien el humano (humus=barro) convierte al mundo en in-mundo (“mundo” significa "sucio"), considero que no toda acción humana es para la destrucción.


Pregunta.: ¿Cómo se vincularía a esta propuesta los seres obsesivos y neuróticos, cómo los afecta esta re-estructuración de la globalización?

Respuesta.: la globalización afecta a todos los seres humanos des-subjetivándolos...volviéndolos objetos de consumo y también desechables, esclavos de la gestión comercialista. Ahí el psicoanálisis tiene la opción de trabajo en el sentido del despertar subjetivo.


Pregunta: ¿Los efectos en el discurso de amo que se lleva acabo por los medios virtuales es el mismo que en los medios de comunicación convencionales?

Respuesta: considero que los medios de comunicación actuales no responden al discurso del amo, sino a un sistema comunicacional que no se puede llamar "discurso" (pues no se cumplen las condiciones de discurso). En el seminario 17 Lacan formula muchas consecuencias de la transmutación del discurso del amo dada por una mutación discursiva de gestión comercial que es propia del poscapitalismo..


Pregunta: ¿Y por último a qué se refiere con "goce", lo he escuchado en diferentes conferencias y no lo he comprendido en totalidad, en los textos de Lacan me pierdo

Respuesta: En el seminario de El semblante, Lacan es muy preciso. Goce es la realización pulsional.


domingo, 2 de mayo de 2010

SALIENDO DE LA CIUDAD

SALIENDO DE LA CIUDAD

Jairo Báez

He salido de la gran ciudad, en estos días donde nuestro nuevo alcalde ha decidido que la mejor propuesta que puede hacer la izquierda es tugurizarla, colocando un vendedor ambulante a cada paso por donde el transeúnte camina; así, de manera demagógica, piensa acabar con el problema del desempleo, agobiante en este país. Se le olvida a este representante de la izquierda anquilosada que el derecho al trabajo es solo uno de los muchos derechos que se tienen, tan merecible como el derecho al libre transito, el derecho a vivir en una sociedad y el derecho vivir en armonía social y ecológicamente descontaminante. A nuestro alcalde se le olvida que el principio social está en la retribución colectiva y que los vendedores, con su mercancía de dudosa procedencia, puesta en el anden de las calles en nada benefician el bien común. Los impuestos que, de hecho, son la contribución para revertir en beneficio social no aparecerán nunca; lo mismo, el incremento del contrabando poco hará para que las entradas por aranceles ayuden a cubrir el hueco fiscal que padece nuestra endeble economía. Si es por trabajo para los vendedores, bien podrían ubicarse en plazas claramente organizadas y estéticamente diseñadas, de forma que no atenten contra otros derechos y más allá que no pongan en entre dicho la emancipación de nuestro país hacia el anhelado desarrollo. No hay prueba más palpable del subdesarrollo que el desorden urbano en defensa del amortiguamiento del hambre del pobre. El principio social se sustenta en el orden y no en la satisfacción de necesidades básicas, si fuera así, cada cual, seguiría en su jungla, haciendo uso de la fuerza, para conseguir lo mínimamente necesario para seguir viviendo. Una sociedad no trabaja sobre mínimos sino sobre la calidad de vida para sus asociados. Llenándole el estómago por un día a los pobres no se logra la equidad social; la equidad social se logra cuando todos entendemos que más allá de satisfacer necesidades básicas cotidianas se debe promover la calidad de vida. El argumento claro de nuestro alcalde señala que no hay que pagar impuestos cuando de calmar el hambre se trata; siendo así, 84 colombianos de 100 están en la libertad de evadir la más esencial de todas las responsabilidades sociales: aportar para el sostenimiento colectivo en cada acto individual que se ejecute en el plano laboral.

He salido de la ciudad y no he ido muy lejos, porque la diversidad geográfica de nuestro país hace que a pocos minutos de las grandes urbes, sus habitantes se puedan desplazar por diversidad de climas y paisajes que muchos otros países, en auge de su desarrollo, envidian. Para el propósito estuve en un lugar donde, sin necesidad de cambiar el marco perceptivo, se puede observar con claridad, sembrados de papa, maíz, yuca, café, cacao, plátano, caña de azúcar, naranja, papaya, dátiles. En este sitio, como muchos otros de nuestro territorio, en quince minutos, a pie, usted puede transitar por terrenos con temperaturas promedio de 10º C y bajar a terrenos que oscilan entre los 24º y 27º C. En este sitio, en instantes, usted es testigo de cómo las nubes deciden bajar hasta lo profundo de la cordillera para beber de las aguas de la cañada, y con la misma presteza subir hasta el infinito para dejar al descubierto la imponencia y majestuosidad de los volcanes que esperan dormidos, que la contaminación de la gran ciudad les ayude pronto a reventar, para recordarnos así qué pequeños y, sin embargo, tan destructores que somos. En este lugar, así como sus moradores se ven regalados con grandiosos días de sol, también reciben intensos días de lluvia, ambos de gran beneficio para sus sembradíos y cría de animales domésticos.

Salí de la ciudad con la zozobra e intranquilidad por mi integridad personal; muchas cosas dicen los noticieros en la ciudad, ahí empieza el verdadero terrorismo, que impide el libre circular por nuestro hermoso país. Quise, con espíritu de investigador, comprobar, o al menos, vivir de cerca la realidad de mi país, afuera de la ciudad. Es conmovedor, el fantasma de la muerte y la violencia alimenta las conversaciones de los habitantes de este hermoso territorio donde decidí pasar unos días. Frases como ¨Aquí en este sitio mataron al hijo de don Antonio¨, ¨Allá en aquel alto le dieron plomo al tal Jorge¨, ¨Allí en aquel árbol amarraron al marido de María y le dieron bala hasta que se cansaron¨, ¨Arribita de ese cafetal soltaron las bombas y los helicópteros duraron dando vuelta todo el día disparando como locos¨ ¨A Rodrigo le tocó anochecer y no amanecer porque lo querían pelar¨, son normales en conversaciones que se hacen en voz baja porque aún se tiene miedo a ser escuchado y enjuiciado a muerte o al destierro. Hablar en esa región es ya un delito. Se sabe quien los mata o los destierra, se sabe a quien matan o destierran, pero no se sabe por qué los matan o los destierran. Son tres grupos armados diferentes, y una población campesina, maltratada por el triunfador de turno. Hoy se apoderan los unos, mañana los otros. El campesino sólo acierta a callar o hablar en voz baja para aplazar su vinculación en un conflicto que no sienten suyo. El campesino no habla de los ideales vistos en los grupos armados, sean los que sean; el campesino sólo sabe que quien se apodera militarmente del territorio mata y desplaza.

El ser extraño en esa tierra es un riesgo, los campesinos ven en el recién llegado un peligro y no un amigo; están acostumbrados a que todo extraño llegue a causar daño y por tal motivo ya no confían en nadie. Miradas disimuladas salen por las ventanas o las hendijas de las paredes, y sin mayor escrutinio llegan a la conclusión que el recién llegado pertenece a alguno de los grupos armados. Cualquier indicio es suficiente para ubicarlo en determinado bando, su caminar, su vestir, su calzar, su mirar; todo puede ser utilizado en contra del extraño, pues difícilmente el campesino encuentra signos de amistad y bondad en el ahora llegado. Sólo el caminar con un conocido de la región le da cierta tranquilidad a los demás pobladores; no obstante, las averiguaciones siguen de espaldas al extraño y los anfitriones. El forastero abandonará este territorio y aún no quedarán los campesinos convencidos de su inocencia. Celosas requisas a lo largo del camino de regreso, le dirán que jamás será libre de culpa. En este territorio se cambió la sentencia jurídica: allí se es culpable mientras no se demuestre lo contrario; lo difícil es demostrarlo.

Allí, los pobladores arreglan sus conflictos por medios bastantes particulares. Pueden saldar una deuda mediante la vinculación de la contraparte al conflicto con un falso informe al grupo contrario. Si un campesino debe un dinero y no quiere pagarlo, la forma más fácil de quitarse el acreedor es informar falsamente al grupo armado de turno, que éste es informante del otro grupo. Los conflictos también los puede arreglar la autoridad, institucionalmente establecida, pero en su imposibilidad el comandante del grupo armado, al margen de ley, será quien dirima el problema y de una vez por todas. -Curiosamente los comandantes se hacen nombrar con alias muy parecidos a los que se utilizaron en la escalada violento-política del 1950 a 1953. El Cóndor de ayer es reemplazado por el Águila de hoy-. Ya de la forma cómo los campesinos hacen uso de la violencia política para arreglar problemas personales, había tenido referencia cuando hice seguimiento a un estudio de adolescentes en zona de conflicto en el Sur de Bolívar. Es la forma como la violencia engendra más violencia, y de cómo los desplazamientos y las muertes se dan por cosas tan insignificantes como las rencillas entre vecinos ocasionadas en una gallina que le dio por poner un huevo en el sitio equivocado.

Tuve la oportunidad de hablar con un concejal, recién elegido por el grupo minoritario. El señalaba su temor, y la imposibilidad de actuar antes de empezar en su ejercicio, debido a la zozobra de que cualquier intervención suya fuera interpretada como subversiva por la bancada del grupo mayoritario. Sin embargo, no perdía la esperanza de que los grupos armados, se dieran cuenta que se pueden hacer cosas valiosas por la comunidad sin necesidad de pertenecer a determinado pensamiento político imperante. El concejal, al igual que muchos otros pobladores, señalaba estar contento de ver personas de la ciudad, que se atrevían a visitar su región, y pedía colaboración en la solución de los problemas locales. El concejal era consciente del grado de violencia vivido pero también asumía que ésta se podía manejar con otro tipo de propuestas más constructivas y de servicio a toda la comunidad sin importar a qué le apostaba o con quién compartía. Fui afortunado, bajé al pueblo el día de la posesión del alcalde local, y así pude constar el temor de las gentes de ser vistas con otras gentes, por miedo a las represalias del grupo contradictor. Se sabía que el alcalde y la mayoría de los concejales pertenecían al grupo armado ilegal que mantiene el poder actual en la región. ¨Por recibir una cerveza se puede perder la vida¨, así que lo mejor es no participar de jolgorios propios de la alegría al obtener el poder legalizado, sea del grupo o persona que sea. Son muchos los ojos que vigilan y muy poco el rigor en la información que trasmiten. Parecería que la población ya sabe quien pertenece a qué; sin embargo, callan por miedo a las represalias, sólo los comentarios en voz baja entre pares es posible.

En este sitio, debido a los bombardeos de las fuerzas institucionales y tiroteos de los grupos armados al margen de la ley, los animales domésticos (caballos, mulas, perros, especialmente) empiezan a mostrar comportamientos fóbicos y defensivos que en nada ayudan al campesino en sus labores. Los animales se encabritan o se enconchan cuando escuchan el ruido de un automotor o de un avión o helicóptero que vuela a baja altura. La manifestación de la violencia con armas sofisticadas y de gran explosión no solamente está afectando el comportamiento de los campesinos en esta región, sino también la de sus animales, los que siguen utilizando en sus labores diarias. Los accidentes no se hacen esperar, siendo común por estos días escuchar diferentes casos de personas que han caído de sus caballos cuando estos se asustan, brincan y se desbocan desesperados a la menor presencia del ruido de un carro.

Allí a donde viajé, encontré hombres y mujeres que han tenido que soportar dos momentos políticos violentos. El que ellos achacan a Laureano Gómez y el actual. Si en 1950 tenían miedo de dormir en sus propias casas por miedo a que en la noche los grupos armados vinieran a matarlos por el único hecho de ser señalados como liberales, hoy tienen miedo de ser desterrados o muertos por el único hecho de ser señalados como colaboradores de la guerrilla o los paramilitares. En ese entonces les tocaba preparar los alimentos antes que anocheciera e irse a comer y dormir al monte; hoy no se puede hablar ni con el familiar más cercano, por miedo a que una palabra o frase sea malinterpretada y mediante el rumor, llegue a oídos de los jefes y comandantes de los grupos armados. Allí a donde viajé, encontré hombres que aún recuerdan cómo el cura a las seis de la tarde se vestía de militar y salía con los demás a matar liberales porque era necesario conservatizar la región; recuerdan como el General Rojas Pinilla hizo recoger los niños huérfanos de la región y los internó en un auspicio para así salvarlos de la muerte inminente. Allí encontré personas que adoptaron un perrito que se negaba a moverse del sitio donde vio morir a su amo; enterraron a su amo, la aterrada esposa de su amo cogió su única hija y abandonó esa misma noche la región para nunca más volver, dejando abandonado todo aquello que tanto les costó obtener: un pedazo de tierra para sembrar y vivir; pero allí también conocí personas que envenenaron el perrito posteriormente, porque los adoptantes no compartían las marrulladas que éstos hacían a los vecinos.

En el lugar donde estuve, se da el caso de mujeres que abandonan a sus hijos y padres para ingresar a las filas de los grupos armados; pero no por convicciones políticas o ideológicas, sino por haberse enamorado de alguno de sus militantes, Mujeres enceguecidas por el afecto se someten a la disciplina militar y engrosan prontamente el listado de los caídos en batalla. En el lugar donde estuve, escuché de mujeres (madres e hijas) que tuvieron que jugársela con el mejor postor para asegurar el bienestar de su familia: hoy eran la amante del comandante de un grupo armado, mañana, cuando el otro grupo se imponía, la amante del comandante del grupo contrario y, tal vez, pasado mañana, si el Estado hacia presencia, la amante de un sargento de nuestro ejército nacional. En el lugar donde estuve, los miembros del ejército nacional, se vanaglorian ante el campesino, contando con infinidad de detalles la forma macabra y sangrienta en que dieron muerte a un supuesto insurgente. ¨le metí un tiro por el ojo y le arrancó media cabeza¨, ¨lo amarramos a un árbol y le rompimos las piernas con tiros fusil¨, ¨mejor dicho no le cuento todo lo que le hicimos porque si no esta noche tiene pesadillas y no puede dormir¨. En el lugar donde estuve, supe de personas que van y cometen sus fechorías en las grandes ciudades y para huir de la justicia regresan a ese territorio para seguir delinquiendo a pequeña escala y haciéndole la vida difícil a los vecinos. Se roban un huevo, una gallina, un racimo de plátano; rompen cercas, suspenden maliciosamente el suministro de agua cortando las mangueras de conducción, dañan sembradíos, maltratan animales, etc. Se comportan como pequeños ladronzuelos para no despertar la ira de los vecinos que los podría denunciar y más bien los tratan con bondad y comprensión, a las que ellos no corresponden. La ignorancia y la falta de educación se hace patente en esta clase de personas, que no logran entender el fin social y el respeto a las normas mínimas de convivencia.