jueves, 19 de noviembre de 2009

¿DEBE ENSEÑARSE EL PSICOANALISIS EN LA UNIVERSIDAD?

¿DEBE ENSEÑARSE EL PSICOANALISIS EN LA UNIVERSIDAD?

Sigmund Freud

(1919)

La cuestión de si conviene, o no, enseñar el psicoanálisis en la universidad puede ser abordada desde dos puntos de vista: el del análisis mismo y el de la universidad.


1. Es indudable que la incorporación del psicoanálisis a la enseñanza universitaria significaría una satisfacción moral para todo psicoanalista, pero no es menos evidente que este puede, por su parte, prescindir de la universidad sin menoscabo alguno para su formación. En efecto, la orientación teórica que le es imprescindible la obtiene mediante el estudio de la bibliografía respectiva y, más concretamente, en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, así como por el contacto personal con los miembros más antiguos y experimentados de estas. En cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y la guía de los psicoanalistas más reconocidos.

Dichas asociaciones deben su existencia, precisamente, a la exclusión de que el psicoanálisis ha sido objeto por la universidad. Es evidente, pues, que seguirán cumpliendo una función útil mientras se mantenga dicha exclusión.

2. En lo que a la universidad se refiere, la cuestión se reduce a verificar si, en principio, está dispuesta a reconocer al psicoanálisis alguna importancia en la formación del médico y del hombre de ciencia. De ser así, tendrá que resolver la manera de incluirlo en el conjunto de su enseñanza.

La importancia del psicoanálisis para la formación médica y universitaria se basa en lo siguiente:

a. Con justa razón, en los últimos decenios se ha criticado la formación del médico por orientar unilateralmente al estudiante hacia la anatomía, la física y la química, dejando de señalarle, en cambio, la importancia que poseen los factores psíquicos en las manifestaciones vitales, en la enfermedad y en el tratamiento. Tal laguna de la formación médica se hace sentir más tarde como un flagrante defecto en la actuación profesional, que no sólo se expresa en la falta de todo interés por aquellos problemas que son, precisamente, los más interesantes en la existencia del ser humano, sea sano o enfermo, sino que también entorpece la acción terapéutica del médico, al punto de que el enfermo se mostrará más susceptible a la influencia de cualquier curandero o charlatán.

Tan sensible defecto de la enseñanza indujo, hace ya bastante tiempo, a incorporar cátedras de psicología médica en los planes de la misma, pero mientras los cursos dictados se basaron en la psicología escolástica o en la experimental -dedicada a un enfoque sólo fragmentario-, no podían satisfacer las necesidades planteadas por la formación del estudiante ni podían librarle acceso a los problemas de la vida y de su profesión. Por tales razones, dichas formas de psicología médica no lograron mantener su plaza en los planes de enseñanza.

La creación de una cátedra de psicoanálisis, en cambio, bien podría responder a estas demandas. Antes de exponer el psicoanálisis mismo, sería necesario un curso de introducción dedicado a tratar las relaciones entre la vida psíquica y la somática, fundamento de cualquier tratamiento psíquico, a enseñar todas las formas de la terapia sugestiva, demostrando que, en última instancia, el psicoanálisis constituye el término y culminación de toda psicoterapia. En efecto, comparado con todos los otros sistemas, el psicoanálisis es el más apropiado para trasmitir al estudiante un conocimiento cabal de 1a psicología.

b. Otra de las funciones del psicoanálisis consiste en ofrecer una preparación para el estudio de la psiquiatría. En su forma actual, esta tiene un carácter meramente descriptivo, pues sólo muestra al estudiante una serie de cuadros clínicos y lo faculta para distinguir, entre ellos, los que son incurables o los que revisten peligrosidad social. Su única vinculación con las demás ramas del saber médico reside en! la etiología orgánica y en las comprobaciones anatomopatológícas, mientras que no facilita la menor comprensión acerca de los hechos observados. Sólo la psicología profunda puede suministrar tal comprensión.

En la medida de mis informaciones, en Estados Unidos ya se ha reconocido que el psicoanálisis -primer ensayo de psicología profunda- aborda con éxito dicho sector aún irresuelto de la psiquiatría. Por consiguiente, en muchas escuelas médicas de dicho país díctanse cursos de psicoanálisis como introducción a la psiquiatría.

La enseñanza del psicoanálisis habría de desarrollarse en dos etapas: un curso elemental, destinado a todos los estudiantes de medicina, y un ciclo de conferencias especializadas, para médicos psiquiatras.

c. Al investigar los procesos psíquicos y las funciones mentales, el psicoanálisis se ajusta a un método particular, cuya aplicación en modo alguno está limitada al campo de las funciones psíquicas patológicas, sino que también concierne a la resolución de problemas artísticos, filosóficos o religiosos, suministrando en tal sentido múltiples enfoques nuevos y revelaciones de importancia para la historia de la literatura, la mitología, la historia de las culturas y la filosofía de las religiones. Por consiguiente, dicho curso general habría de ser accesible asimismo a los estudiantes de tales ramas de la ciencia. Es evidente que la estimulación de estas últimas por las ideas analíticas contribuirá a crear, en el sentido de la universitas literarum, una unión más estrecha entre la ciencia médica y las ramas del saber que corresponden al ámbito de la filosofía.

En síntesis, cabe afirmar que la universidad únicamente puede beneficiarse con la asimilación del psicoanálisis en sus planes de estudio. Naturalmente, su enseñanza sólo podrá tener carácter dogmático-crítico, por medio de clases teóricas, pues nunca, o sólo en casos muy especiales, ofrecerá la oportunidad de realizar experimentos o demostraciones prácticas. A los fines de la investigación que debe llevar a cabo el docente de psicoanálisis, bastará con disponer de un consultorio externo que provea el material necesario, en la forma de los enfermos denominados «nerviosos», mientras que para cumplir la función asistencial de la psiquiatría deberá contarse además con un servicio de internación.

Cabe atender a la objeción de que, con la enseñanza aquí esbozada, el estudiante de medicina nunca podrá aprender cabalmente el psicoanálisis. Efectivamente es así sí encaramos el ejercicio práctico del análisis, pero para el caso bastará con que aprenda algo del psicoanálisis y lo asimile. Por otra parte, la enseñanza universitaria tampoco hace del estudiante de medicina un cirujano diestro y capaz de afrontar cualquier intervención. Ninguno de los que por vocación llegan a la cirugía podrá eludir, para su formación ulterior, el trabajar durante varios años en un instituto de la especialidad.




miércoles, 18 de noviembre de 2009

S(IN VALIDEZ)

S(in Validez)

Rosendo Rodríguez Fernández

Para un blog subversivo, sin citas, sin recursos a la autoridad.


Saludo, con beneplácito, a quienes se atreven a escribir desde sí mismos, para los demás, estén o no dispuestos a escuchar o a leer.


Después de un buen recorrido, llego, junto con otros, a la conclusión de otros: lo que tenemos entre manos, y entre pecho y espalda, además de colonizar nuestro pensamiento, es el discurso del Amo. Sin más, digamos que todos los discursos, situados desde S1, significante Amo, o primordial, se instauran con la fuerza de lo afectivo en lo real. Así que, anestesiados o no, estamos librados al mundo de las justificaciones, problemas, objetivos, métodos, técnicas, mediciones, resultados y análisis que aportan a las discusiones, que son propios de la autoridad de la ciencia o de la filosofía, o ahora, con un disfraz de humildad, de algún saber. No quiero citar a nadie, si bien el pensamiento que estoy esgrimiendo no se originó en las estrechas nebulosidades de mi mente. Quiero solamente decir, como texto y pretexto, que todo cuanto vemos se sostiene en la fe. Fe en la ciencia y la metodología, fe en la filosofía, fe en el saber. También, por otro lado, fe en la religión, la política o la economía, así, como son concebidas, como doxas. Se sostienen por la propaganda, se sostienen como mensajes, se sostienen como sentidos que proporcionan sentidos a la vida de los mortales, que nos proporcionan horizontes, que nos dicen incluso porqué causa hay que vivir y porqué reverso de la misma causa hay que morir. Con sangre o sin sangre, con víctima o victimario, o sin ellos, en la oscura soledad de la montaña, la búsqueda de sentido tiene todo su sentido puesto en la propaganda que hace creer en una ideología que es capaz de llenar, y ser consistente, como cosa en sí que a la vez es para sí, con toda una profundidad ontológica.


Como dicen por allí, la ilusión es que la cosa tenga status ontológico, que la ideología se funde en las cosas, y que sea la expresión de la plena verdad. Si bien toda la crítica se va lanza en ristre, en palabras típicas de un amigo, contra este principio de autoridad, y contra sus variaciones, sus petitio principii, sus tautologías, sus lógicas aristotélicas, contra lo perverso que resulta el principio de autoridad, el asunto termina siendo cuestión de honor, porque no es otra cosa lo que está al final de juego. Se trata en últimas de la vanidad del poeta, vanitas vanitatis et omnia vanitas, vanidad que podemos traducir en ciencia sostenida en principios de validez y confiabilidad; filosofía sostenida en lógicas y paralógicas; saber sostenido sobre la correcta interpretación de la experiencia, si bien ya la experiencia engaña, y se reconoce que engaña. Tan extraño se ha vuelto el horizonte de la lógica matemática, de los razonamientos productores de realidades, de las realidades productoras de interpretaciones, que no se puede superar, al parecer, el límite señalado por los filósofos que llaman de cierto modo, según la escuela, o la parroquia de proveniencia. Así que resultamos metidos en algo absolutamente contradictorio, que está en el lenguaje, y que a la vez está proscrito del lenguaje. Pero no pienso, de todos modos, meterme de nuevo en el pensamiento de otro para terminar sancionando en un referente de autoridad lo que quiero decir. Por supuesto que a los sabios, y a mis amigos debo estas palabras, pero también son propias, y tal vez incluso sean pensadas para la ocasión. Así que digamos de buena gana que este escrito, dirigido a una revista No Indexada, es para No-Ser-Válido, y para No-Ser-Confiable, y también por supuesto, para decir desde mí mismo que soy capaz de escribir una idea sin requerir de la autoridad para sancionarla. Es más, me interesa decir que la validez y la confiabilidad, bien se pueden recoger. A pesar de los metodólogos que no voy a citar, la validez es un engaño, una ilusión, equivalente a la confiabilidad. Con el método científico, se busca darle seriedad y prestigio al discurso que se precia de ser lo más excelso del pensamiento humano. ¿Qué es válido y confiable? Válido, sin citas, es que el resultado obtenido de una medición se consigue a partir de un instrumento que en efecto mide lo que se pretende medir. Si esto es así, peor para el objeto que se somete a la medición, puesto que la medida del objeto es S1, arbitraria, impuesta. Es discurso del Amo. De la confiabilidad, entendida como consistencia de los resultados obtenidos con un instrumento, vamos a decir lo mismo. Confías en tus inventos, homo sapiens.

De antiguo se sabía que la ciencia no descubre, sino inventa. Tiene que inventar el modo de ver la realidad, la cual obedece a lo que se pueda pensar. La teoría determina lo que podemos observar, decía un sabio, sabiamente, pues vemos lo que nuestras concepciones nos permiten ver, o en otras palabras, hacemos el mundo de palabras. Dos telares: significantes y significados, son lo que nos hace incluso. No solo nos hacen ver, sino nos hacen ver a nosotros mismos. Amo, histérica, universitario, analista... discursos todos basados en uno solo, el Amo, por cuanto se instaura el S1 inapelablemente. Otro anarquistas ya lo dijeron claramente, antiedípicamente. Todo surge de S1... Nombre del Padre, padre de los nombres. Preferimos, en efecto, ser eruditos a ser pensadores. Casa de citas, reza un antiguo chiste que versa sobre lo mismo: no decir, o decir sobre los hombros de otros. S2, significado que proporciona sentido, que, para tenerlo, sin embargo, requiere un S1. Discurso que requiere de un Otro para emerger con sentido. Así que la cita, tanto como la validez, y la confiabilidad, entre otras lindas cosas que provee la ciencia, aparte de dejar en inautenticidad al hablante, afirma la autoridad de la ciencia, haciendo desaparecer al sujeto. Pues bien, sin citas, sin datos empíricos, e incluso, sin problemas, vamos a proponer de nuevo, un segundo elogio de la locura, en forma de elogio de lo que no tiene importancia. Harto ya estoy de lo importante, lo radical y lo trascendental. Harto de decir la Verdad, que es la máscara de la Verdad. O de decir cosas que parecen importantes. Lo más importante es lo que no es importante: fíjense que lo que andamos buscando es reconocimiento, para poder (sobre)vivir. Reconocimiento como eruditos, como repetidores. De ese modo, de acuerdo con un aporte de por allí, se estructura la sociedad: los de abajo, son aquellos seres en falta, que por realismo de su esclavitud, no desean. No pueden alcanzar nada de lo que propaga el sistema, así que con lo poco se conforman. Los de en medio, son aquellos seres deseantes, que en efecto, con mucho esfuerzo, nunca podrán alcanzar los ideales y objetos de consumo que producen los comerciantes. Nunca, por más que quieran, lograrán estar en la cima. Serán... ¡Nosotros! Probado el whisky, saboreado largamente, pero nunca en la suficiencia de la cima. Eruditos, esclavos de los hijos de los señores, a quienes venimos a enseñar “el saber”, con la erudición como la máscara que hace posible toda la validez y confiabilidad de cuanto decimos, sabiamente. Los otros, son los que son. Cultos, si quieren, producen la sociedad para los demás. Son los amos del juego, con la sartén por el mango. Por supuesto, todo lo hacen a su medida. No consumen lo que producen los demás, solo lo que ellos mismos producen. Quizá su síntoma sea bien contradictorio... tal vez, siendo doctores honoris causa, lleguen a anhelar la miseria de los pobres o el deseo de los de medio pelo. Pero en cualquier caso, así hagan la revolución lite, siempre pueden volver a ser (é)lite. Es posible que lo consigan, como por ejemplo como lo hacen en Hollywood. Allí siendo rico, se puede ser pobre; o en Europa, donde la pobreza es una neurosis, y no un laberinto, como en América Latina. En fin, erudición antes que saber, validez y confiabilidad antes que inteligencia, antes que pensamiento, discurso. Poder e ideal, milagrosa combinación que hace la felicidad de unos y otros, que mataron a Dios y pusieron a la Ciencia, y luego revivieron a Dios para que le diera sentido a la Ciencia, y ahora andan con Dios y Ciencia debajo del brazo, diciendo palabras bellas cuya verdadera importancia a lo sumo puede radicar en el ingenio. La bella frase sirve para abrir puertas... para abrir piernas.

Pero para que no se me acuse de amargado, diré como palabra final, broche de oro, que lo aparente, la ideología, lo que llena el vacío constitutivo del ser, el síntoma contradictorio y sin esencia en el fondo, es aquello sin lo cual no se vive. No se ensaya mucho vivir sin ideología, no se ensaya mucho vivir el vacío, ni aún entre los monjes tibetanos, ni aún siendo como un conocido escritor de la nada. Profundos, radicales, superficiales, inconscientes... sabios grandes de grandes instituciones que dictan la ley, hay un lugar donde no llegan esas reglas...
Hay un vacío en vuestra esencia, malditos!


Noviembre de 2009.

martes, 17 de noviembre de 2009

EL SEMBLANTE DEL LAZO SOCIAL EN EL PSICOTICO

EL SEMBLANTE DEL LAZO SOCIAL EN EL PSICOTICO

Jairo Báez

El lazo social que puede hacer el psicótico ha sido puesto en entredicho desde la institución hegemónica que asume como única salida, para el sujeto, la normalización por parte de la psicología y la neurotización desde la postura del psicoanálisis del yo. Esto conlleva una práctica centrada en su reconstrucción evolutiva en procura de restablecer un Edipo al cual se le aducen infinidad de anomalías en su origen, cuando no hacer del psicótico un ser funcional que responda a las expectativas de un modelo de producción neoliberal. No obstante, Lacan (2009), propone una alternativa a la condena del psicótico en lo social: el sinthome y la posición activa del analista, con respecto a la psicosis, tendrían aquí un asidero mucho más consecuente con una clínica de lo real y menos trágica para cuando se propone una intervención en la psicosis desde un ideal institucional.

Premisa básica para comenzar a ubicar el semblante del lazo social en el psicótico: el significante representa al sujeto ante otro significante (Lacan, 2000). ¿Qué se puede extractar de esta sentencia lacaniana en tanto nos interesa saber cuál es la posibilidad de nexo qué pueda instaurar un psicótico con el Otro? Un significante no muestra una potencialidad en su capacidad significativa unívoca y en cambio sí en su capacidad vinculante con el Otro. Un significante no tendrá sentido más que en una cadena significante y, en tanto el otro es, por antonomasia, un significante, el lazo social solamente puede ser concebido como el síntoma que detiene, contiene, sostiene y retiene el goce idiota (Lacan, 1981).

Otro objeto, que funge como significante, no tendrá más opción que no significar nada, no esperar nada, que no venga de la cadena significante del psicótico, quien le irá a dar un sentido, a pesar de su precisar delirante. No es el otro quien le da el significado al sujeto; es justo refrendar de nuevo la idea lacaniana: es el sujeto quien le da el sentido al otro, en cuanto lo ubica como un significante más que queda incrustado en la cadena significante. Esto alecciona al otro acerca de su lugar, donde la omnipotencia de la comunicación queda reducida al máximo evento de dar por bien servido el parte de recibido del mensaje; no obstante, ignorar la forma como el mensaje se acomoda en la cadena significante, iniciada mucho antes de este nuevo acontecer.

En la medida que el mensaje se recibe invertido, y solamente el punto de capitón, esto es, el significante último, da el sentido a la cadena significante (Lacan, 2007), el lugar del otro no permite más que el corte que aferrará el goce y ya nunca la pretendida acción instructiva de la acción comunicativa. Si un significante puede ser cualquier algo, ubicable por el sujeto, en la troika que conforma el real, el simbólico y el imaginario del anillo de la realidad psíquica, ya es suficiente con la presencia del otro objeto, en el campo pulsional del psicótico, para que empiece a funcionar como significante que encadena y vira el sentido, en cualquiera de los términos reales, simbólicos o imaginarios en la realidad del psicótico.

Así, no es posible plantear una clínica de la enseñanza con el psicótico; la pretendida clínica del enseñar a vivir bien y actuar bien no va con el psicótico en tanto, siempre, se va a tener incompatibilidades de código y de mensaje. Con el psicótico, el aprender la experiencia cede su lugar al aprehender un significante a una cadena significante de por sí precaria, cuando no totalmente paranoica, y no obstante, posible de sostener un lazo social. Como tal, el lazo social se torna primero, una relación con el cuerpo del ser mismo del sujeto psicótico, luego con los espacios y los tiempos, para finalmente emprender el enganche con los otros objetos inanimados y aquellos, animales y humanamente vivientes.

El cuerpo del psicótico, concebido, algunas veces, como enjambre de significantes sueltos o como cadena significante, más o menos fragmentada, es el lugar de inicio del lazo social; cuestión que es, fuera de la teoría analítica lacaniana, con frecuencia ignorada. La mutación, mayor o menor en la obstinación con una parte del cuerpo, es ora prueba de la modulación del lazo social; igual, la certificación del abandono de un espacio físico o imaginado de permanencia habitual, hacia otro u otros espacios, medidos en pequeños o grandes intervalos de tiempo, es garantía de que el lazo social toma otro semblante; con la misma convicción, el tiempo que pase el psicótico enunciando ante otro y aceptando el en enunciado del otro es, también, lazo social. El nombrarse en un deseo aunque pobre, el hacerse a un cuerpo, el catectizar significantes objetos nuevos, hasta crear una nueva o implementar una cadena significante ya alienante de por sí, es la apuesta cuando se enuncia la posibilidad de que el psicótico haga lazo social.

No obstante, lo anterior no es sinónimo de haber logrado plena comunicación con el psicótico y, a partir de allí, asumir que el acto alienante lo llevará a responder al deseo del Otro. Si no es posible que el otro de la actualidad logré romper la tiranía del significante amo en el neurótico, mucho menos se podrá pensar tal proeza con el psicótico que ha quedado preso de la forclusión de un significante esencial. Los recortes y anudamientos en la cadena significante vienen a ser la salida del terapeuta que decide tomar un lugar en el mundo del psicótico.


Lacan, J. (1981). Seminario 3. Las psicosis. Paidos. Buenos Aires

Lacan, J. (2007). Seminario 5. Las formaciones del inconsciente. Paidos. Buenos Aires

Lacan, J. (2009). Seminario 23. El Sinthome. Paidos. Buenos Aires

Lacan, J. (2000). Seminario 12. Los problemas cruciales para el psicoanálisis. Escuela Freudiana de Buenos Aires. Buenos Aires




ENTREVISTA A ERIC LAURENT

Entrevista a Eric Laurent

Por Emilia Cueto

Publicadada en:
http://www.elsigma.com
11-12-2006

Durante su paso por Buenos Aires mantuvimos una extensa entrevista con Eric Laurent, actual Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Refiere como el análisis personal con Lacan ha incidido en su devenir psicoanalítico y en su inclusión en la Escuela. Desarrolla entre otros enfoques su posición frente a las terapias comportamentales, y nos habla de las consecuencias que los cambios en la civilización producen en la expresión del padecer psíquico y sus formas de abordaje.


-¿En qué momento de su vida y a partir de qué tomó contacto con el psicoanálisis?

-Fue hace mucho tiempo. Mi contacto con el psicoanálisis se produjo en dos tiempos, primero el contacto con Freud, su obra, la lectura en un momento de crisis en la adolescencia en el cual tuve la experiencia de abrir La interpretación de los sueños y encontrar allí algo que respondía a una inquietud y que no estaba dentro de lo que se enseñaba en la currícula de los estudios de la época. Eso fue un descubrimiento. Después hubo otro encuentro cuando me gradué, no sabía bien a donde dirigirme y que hacer exactamente. Tuve la urgencia subjetiva de entrar en análisis, fue allí cuando encontré a Lacan, esto era en 1967, un año antes de lo que tuvo lugar en el ’68 en París. Era un momento movido de la cultura en general, participaba de esta efervescencia -si se puede decir-. Necesité entrar en esta experiencia que me permitió orientarme en lo que eran esas transformaciones profundas en la sensibilidad de la época. Decidí en medio de ese largo análisis con Lacan dedicarme al psicoanálisis de orientación lacaniana. Así hice mi formación de manera tal que pudiera dedicarme a esto.

-¿Usted ya tenía decidido dedicarse al psicoanálisis antes de su encuentro con Lacan o diría que ese análisis produjo un analista?

-Eso es, fue un producto del análisis, antes podía hacer muchas cosas y en la variedad de las cosas que se presentaban, que me generaban algún interés no me decidía de manera acertada por ninguna.

-¿Por qué Lacan?

-Porque era un cruce en esta época. En el ’67 ya había sido publicado el artículo de Althusser que llamaba la atención sobre la reformulación del psicoanálisis de parte de Lacan. También se habían publicado desde el ‘66 los Escritos de Jacques Lacan, que surgieron como un aerolito dentro de la atmósfera cultural de la época. Asimismo se habían publicado en 1966 los Cahiers pour l’Analyse –“Cuadernos para el análisis”–, una publicación del círculo de epistemología de la Escuela Normal Superior que era una publicación de Jacques-Alain Miller, Jean-Claude Milner, François Regnault, Alain Grosrichard, una pandilla de jóvenes de la época que insistían sobre la reformulación de lo que era el estructuralismo tal como Levis-Strauss lo había establecido. Era una transformación y ayudaban a interrogar los fundamentos de este movimiento estructuralista que desdibujaba la atmósfera de la época, pero que era una profunda transformación que anunciaba el post estructuralismo de Foucault, desde Lacan.

Lacan o el nombre Lacan era un punto de intersección de todos estos interrogantes de la época. Por un lado interrogar el saber formal de la lógica, pero al mismo tiempo estos desplazamientos libidinales que se producían en la cultura, la renovación que supuso en las identificaciones de la época, la ruptura de una manera de vivir que se anunció en los acontecimientos del ’68, en todo esto el punto de encrucijada tenía el nombre de Lacan. Para alguien como yo que era un joven interesado por estos movimientos, interesado por el psicoanálisis era Lacan el lugar al que dirigirse y fue una decisión personal, pero también fue una decisión de una generación. El éxito Lacan en la juventud de la época, en la que tuvo un impacto especial era sobredeterminado por la posición que él había tomado como intersección de estos discursos que entraban en una dinámica muy especial en ese momento de crisis en la cultura.

-Haberse analizado con Jacques Lacan ¿qué connotaciones ha tenido para usted dentro del movimiento psicoanalítico?

-El análisis con Lacan es la fuente de lo que luego fue mi relación con el psicoanálisis, lo vivo de mi relación con el psicoanálisis es mi análisis propiamente dicho. Después está la relación con lo escrito, el saber, la lectura, el trabajo, etc. Creo que las intuiciones fundamentales que tuve sobre lo que es el psicoanálisis las obtuve dentro del análisis. La manera en que uno dentro del análisis pasa por la caída de viejas identificaciones, de lo que hasta ese momento lo soportaba, lo guiaba más o menos en la vida, los ideales, los significantes principales, es fundamental. Los significantes Amos que lo conducían por la vida, se aíslan, se desplazan, caen y lo que surge es algo nuevo a través de este movimiento que si se quiere se puede llamar destructivo. Se habla de caída de identificaciones, pero este movimiento destructivo es solamente una cara de lo que ocurre. Hay algo mucho más positivo, porque no se trata de la caída de los cuerpos como lo experimentó Galileo en la Torre de Pisa, si no que cambian de estatuto. Pasan de imperativos al nivel de semblantes. Entonces uno ve la trama de ilusiones, de falsas perspectivas con las que ha ordenado su vida y lo que surge detrás de manera muy insistente es la presencia de lo que se llaman fantasías que rigen mucho más profundamente la vida de uno y que se desdibujan de manera más precisa a medida que los falsos semblantes desaparecen.

Es este aislamiento de la dimensión fantasmática que después permite una vía de entrada dentro de lo que es el corpus de saber, la literatura analítica. Esta entrada se hace a partir de lo vivo de la experiencia de uno, de cómo se encontró, cómo se topó con este aislamiento, este surgimiento, esta precisión del aislamiento del fantasma. También por el hecho de que al salir del análisis encuentre cómo compartir con otros lo vivo de esta experiencia, en discusiones con compañeros de saber, de estudio, de amistades para hablar de esta experiencia. Para mi fue un hallazgo particular encontrar alrededor de Jacques-Alain Miller y dentro de la escuela de Lacan con quienes compartir y orientarme en todo esto. Es por ello que fue normal que después del gran desarrollo de la escuela de Lacan que llevó a su disolución (porque con la extensión que había tenido no se podían sostener juntos después de la muerte de Lacan, entonces se produjo la disolución y la aparición de distintas corrientes) me haya mantenido con mis amigos de esta época, con quienes seguimos el desarrollo institucional de la escuela de Lacan. Esto llevó a la constitución de una escuela en Europa, al despliegue de las consecuencias del encuentro de Lacan en los ‘80 con sus lectores latinoamericanos en Caracas, especialmente argentinos –por supuesto– y el impacto que la obra de Lacan había tenido en la cultura argentina que Germán García cuenta muy bien. Como así también el trabajo hecho por Oscar Masotta había producido efectos. Luego, el contacto con todo esto permitió desarrollar lo que iba a conducir a la fundación de la Escuela de la Orientación Lacaniana en la Argentina, consecuencia institucional que ahora tiene 15 años de existencia. La decisión que en un momento dado tomó Jacques-Alain Miller de fundar la Asociación Mundial de Psicoanálisis tuvo su consistencia en el hecho de que ya habían surgido consecuencias institucionales de un lado y otro del Atlántico con su forma particular, por lo tanto se imponía la necesidad de constituir un cuadro general para las escuelas tanto europeas como latinoamericanas y así surgió la Asociación Mundial.

-De la cual usted en estos momentos es el Delegado General, lugar que primero ocupó Jacques-Alain Miller y luego Graciela Brodsky. ¿Cuáles son sus objetivos fundamentales?

-La AMP está compuesta actualmente por ocho escuelas, cada una de las cuales tiene su configuración, sus tensiones propias, cada una es una formación social con sus particularidades. La AMP como tal –en general– tiene sus propios objetivos que existen a través de todas estas escuelas y a un nivel propio de incidencia tiene que encarnar la relación del psicoanálisis de orientación lacaniana sobre el conjunto de las consecuencias institucionales del psicoanálisis en general. De manera tal que como Delegado tengo que vigilar estos distintos aspectos y niveles, tengo que ocuparme de facilitar la existencia de cada escuela, su desarrollo propio, las particularidades que le conciernen. Tengo también que ocuparme de lo que se puede llamar la Escuela Una, lo Uno que hay a través de esta multiplicidad y tratar de dar una voz a este Uno dentro del contexto general de la inserción del psicoanálisis en la cultura en general. Por ejemplo, este año se ha festejado el 150 aniversario del nacimiento de Freud, por supuesto en tanto tiempo evolucionó la posición del psicoanálisis, su relación con la cultura, con la ciencia en general, con la inserción global. Entonces lo esencial de la función del Delegado General es tratar de facilitar en todos los niveles que se hagan escuchar, entender las propuestas sobre las distintas facetas del psicoanálisis.

El psicoanálisis como experiencia a nivel de lo puro –si se puede llamar– de la cura analítica como tal, sus conclusiones, el final del análisis, qué es lo que se puede llamar hoy día hacer la experiencia de un análisis, cómo se finaliza, cómo uno puede hablar al salir de un análisis de lo que fue, eso es el nivel de la experiencia como tal. Hay también un nivel de aplicación del psicoanálisis a los malestares y las patologías de la época en su multiplicidad y de que manera el psicoanálisis fue inventando sus formas de aplicación en estos distintos niveles.

También hacerse escuchar en las orientaciones de los poderes públicos sobre temas que tocan a la subjetividad. Frente a todo esto, felizmente, el Delegado General no está en una posición de soledad si no que por el contrario es más bien un facilitador de que todos los miembros de las escuelas, de las distintas instancias que elaboran cosas puedan hacerse escuchar. Veo a mi función dentro de la orientación de la política lacaniana como la de ser un facilitador para que a todos estos niveles se hagan escuchar los aportes de la orientación lacaniana dentro de la cultura

-En las palabras de apertura de la IV jornada de la Nueva Escuela Lacaniana plantea que conforme a la modalidad de nuestro tiempo cada día se exige más confirmación de la eficiencia pública del psicoanálisis, ¿de qué manera los psicoanalistas podemos dar cuenta de esa eficiencia sin ser arrasados por el Amo?

-La utilidad pública es hacer un cierto paso al costado a la problemática de la eficiencia. No somos los psicoanalistas los únicos que decimos que el supuesto énfasis en la eficacia, siempre a corto plazo arruina la perspectiva del largo plazo. En la economía hemos visto como todo el acento puesto en considerar los efectos a corto plazo, el rendimiento supuestamente eficaz, produce efectos de destrucción a largo plazo que después necesitan, por ejemplo, la invención de conceptos como el de desarrollo durable. La necesidad de reintroducir el largo plazo, es el resultado de esta ideología ciega de considerar la eficacia en términos de poca duración. Efectivamente nuestra época pragmática pide dar cuentas de lo útil de algo, lo útil es el valor que aparece en primer plano, pero al mismo tiempo nuestra época construye industrias de lo fútil de muchas cosas. Vemos como hay toda una zona de lo inútil, de lo que sirve solo para gozar que se multiplica. La industria del show-bussiness en todos los aspectos, de la moda, son industrias que sirven a lo que no tiene utilidad, sino para gozar con todo lo que hay de inutilidad fundamental en el gozar. No sirve de nada gozar, pero es una exigencia. El psicoanalista –desde que Freud nos introdujo a la dimensión de lo que llamó pulsión de muerte– sabe que todos los discursos sobre el bien, sobre lo útil, sobre la búsqueda de bienestar tienen debajo lo que puede tomar la forma de una voluntad mala que actúa contra las buenas intenciones del sujeto. Todo lo que quiere hacer bien al final encuentra un caos total como podemos encontrar en muchos aspectos de nuestra civilización, fundada en lo pragmático, lo útil, etc., y con todo esto nos fabrican un Irak para sorpresa general. Todo estaba muy bien calculado, habían aprendido todas las lecciones de Vietnam, de como no se iba a repetir eso y de pronto se ingresa en una catástrofe. Es la razón por la cual cuando frente a los discursos sobre estos cálculos fantásticos de la utilidad se ven los quiebres en los mercados, se observan derrumbes fatales en las economías de países enteros, se ven guerras, surgimientos de amenazas mortíferas como el terrorismo que apareció como sorpresa dentro de la civilización aparentemente unificada después de la caída del muro de Berlín, con todo esto tenemos la idea que la civilización de lo útil produce monstruos extraños. Entonces demostrar la utilidad pública del psicoanálisis no es correr a someterse al sueño cientista y decir: “¡si, si, por favor que vienen a medirnos en nuestra eficacia!”. ¿Cómo podemos demostrar que lo hacemos bien y que en cuarenta sesiones ya hemos solucionado todo en la vida de alguien? Podemos hacerlo, pero no hay que perder de vista que todo eso es un semblante, es un significante Amo de esta civilización. Participa del sueño de que frente a estas amenazas reales que se han producido en el siglo XXI (distintas de las catástrofes del siglo XX que tuvieron su peso, que nos preparan aún algo más terrible).

Para enfrentarnos a estos acontecimientos reales que se producen, el discurso de la utilidad se apoya especialmente en la retórica de la evaluación. Esto no alivia al sentimiento que todo el mundo tiene que de la globalización hay algo que se va de las manos de los que están a cargo. Hay cosas que van mucho más allá de lo que podían calcular, imaginar, prever en eficacia a corto plazo y que los resultados de la bolsa del próximo trimestre probablemente no nos digan mucho sobre lo importante de lo que va a surgir el año que viene. Sabemos que podemos construir dispositivos para dialogar con los que se sienten obligados a encarar la exigencia de lo útil –que no pueden dar una subvención a un centro de atención analítica si no demuestra su utilidad– pero sin perder de vista que esto es un semblante, que la retórica autoritaria de la evaluación más bien testimonia de la angustia de los que nos dirigen, que hacen lo que pueden pero con el sentimiento de que las cosas se les escapan.

La esperanza nueva no es en la salvación ahora, no creemos mucho en esto, pero es ahora la ciencia que da la buena noticia que puede salvarnos. No es la primera vez que la ciencia se vuelve esperanza, ya tuvo lugar a finales del siglo XIX, por ejemplo donde el cientismo parecía aquello que iba a ordenar una civilización. El cientismo tuvo un gran éxito hasta la Primer Guerra Mundial que produjo un derrumbe de estos ideales, de la racionalidad de la acción que permitía las ciencias. De la misma manera, especialmente en sus trabajos Jacques-Alain Miller, Jean-Claude Milner, han mostrado como a partir de lo que nos enseña el psicoanálisis podemos sostener que esta retórica de lo útil y el sueño cientista es un modo de retórica, es una retórica del management moderno. Lo esencial que está en juego escapa a esas tentativas de establecer una transparencia evaluativa de toda actividad humana. La evaluación en su ideal sería poder tener frente a cualquier actividad humana una descripción tal que sería completamente transparente a un cierto cifraje, pero esto es un sueño. He visto en el diario La Nación que un argentino ganó la beca de los genios, sin embargo lo esencial de cómo se hace para obtener un genio no se sabe bien. Se pueden evaluar todos los procedimientos pero esto no garantiza que al final surja esta extraña figura de lo excepcional. Esto escapa a procedimientos, protocolos, rutinas, etc. Todo esto va bien en lo técnico pero lo técnico es una parte de la actividad humana, hay toda otra parte en la que esta retórica no entra, o más bien entra o trata de entrar pero lo esencial de lo que está en juego se le escapa.

-Usted tiene una posición muy crítica respecto de las terapias cognitivo conductuales que se refleja en algunos de sus libros y publicaciones, ¿considera que constituyen una amenaza para el psicoanálisis?

-Creo que las terapias comportamentalistas no son una amenaza para nadie porque son esencialmente una reformulación de la psicología, son una figura de la retórica de la evaluación aplicada al comportamiento humano. Se intenta una disección del comportamiento humano en pequeños segmentos que se pueden medir, observar, trastornos que se pueden evaluar y mejorar cada día con ejercicios de autoconciencia. Tomar conciencia de lo que uno hace, transformarse en una cosa transparente a si mismo, observarse a si mismo como si fuera una máquina que funciona, todo esto es solo tratar de traducir la subjetividad en los términos técnicos de la época. Es un ideal, reducirse a una maquinaria que pudiera funcionar. Me parece que esto no es más que un efecto de superficie. Antes la psicología de otras épocas se interesaba más en otras cosas, ahora tiende a proponer traducciones del comportamiento sobre esta base comportamentalista, más una dimensión subjetiva que el primer comportamentalismo, el behaviorismo –digamos– de los años ’50 que también soñaba con transformar todo. Como decía Skinner en su libro, la libertad es un lujo que no podemos ofrecernos, hay que transformar todo en comportamientos observables, modificables, etc. Efectivamente cuando se ven las malas costumbres que hay en esta civilización tales como violencia, adicciones, frente a este bienestar que se propone como ideal, cuando se ven las catástrofes que se producen, que el hedonismo contemporáneo se carga de dosis mortales a muchos niveles, entonces genera una presencia inquietante la idea de domesticar estos malos instintos. Domesticar la pulsión de muerte con una regulación artificial así me parece un esfuerzo que no tiene y no tendrá mucha importancia. Es como los movimientos profundos en economía, el econometrismo de la utilidad a corto plazo, que se observa que genera un efecto de superficie.

-Esta sería su evaluación de la tendencia a nivel mundial ¿qué inserción real tienen hoy en Francia?

-En Francia como en Argentina pero de otra manera, una parte de la excepción francesa es la importancia que tiene el psicoanálisis que es muy particular en Europa. En este sentido Francia es la Argentina de Europa. En los ideales de algunos sectores de los administradores de la Salud Mental existe la idea de que se podría hacer economía y ahorrar mucho dinero, si todo el mundo pudiera ser incluido en protocolos terapéuticos a corto plazo que pudieran garantizar economía a la seguridad social, porque la gran cosa en Francia es la seguridad social, que es una de las condiciones del funcionamiento del equilibrio social allí, pero cuesta mucho. El discurso técnico seduce a los responsables políticos.

-En el año 2003 el Diputado Bernard Accoyer, presentó ante la Cámara de Diputados de Francia una enmienda a la Ley de Salud Pública que apunta a reglamentar el ejercicio de las psicoterapias y el psicoanálisis en ese país. Esto suscitó una serie de movimientos de protesta desde los psicoanalistas y distintos sectores y nuevas disposiciones por parte del Ministerio de Salud. ¿Cuáles han sido las consecuencias de esas medidas y cuál es la situación hoy en el 2006?

-La situación hoy en el 2006 es dúctil, es una situación que dialécticamente se transforma. En el 2007 tenemos elecciones presidenciales en Francia y eso es el horizonte que ocupa y rige todas las decisiones políticas.

En esta perspectiva tenemos que después de las protestas que supieron hacer escuchar los psicoanalistas, fueron considerados como una categoría excepcional dentro del campo de las psicoterapias. Los psicoanalistas hubieran podido contentarse con esto, pero es una perspectiva a corto plazo. El campo de los psicoterapeutas como tal que no son médicos, no son psicoanalistas ya inscriptos, se evaluó en unos 7500 profesionales, frente a los cuales el Estado oscila entre dos posiciones. Una aceptar una cierta evaluación por parte de las organizaciones profesionales mismas de estos terapeutas, un tipo de auto apreciación, un juicio sobre la formación de esos terapeutas por las instancias mismas de profesionales de ellos. La otra sería confiar todo esto solamente a diplomas universitarios y no tomar en cuenta la formación profesional, el trabajo personal sobre sí mismo del psicoterapeuta. Por el momento el decreto que en el año 2003 tuvo una primera versión no fue publicado, estamos a finales del 2006 y a seis meses de las elecciones presidenciales, entonces hay distintas versiones que varían cada tres meses. Por el momento ningún decreto ha salido y probablemente esto será remitido después de las elecciones presidenciales. Pero todo este debate es excelente en el punto en que es una manera de hacernos escuchar.

-Evidentemente ha tenido un peso importante la voz de los psicoanalistas por cuanto detuvo algo que parecía inminente.

-Por lo menos la voz de los que dijeron que no, especialmente la voz de Jacques-Alain Miller que dijo de manera contundente que no a este proyecto, cuando algunos psicoanalistas que no se dieron cuenta exactamente lo que pasaba pensaron que al entrar en una categoría excepcional se podían salvar de esto.

-En un momento en el cual –y desde algunos años– se viene hablando de nuevas patologías usted sitúa en el final de Psicoanálisis y Salud Mental que el psicoanálisis es el destinatario de las epidemias histéricas de nuestro tiempo. También nos dice allí que ya no contamos con las antiguas señales luminosas, ¿cuáles son esas nuevas señales y cómo debemos reconocerlas?

-A lo que aludo en la perspectiva que desarrollo en el libro es que las patologías nuevas son especialmente nuevas en que son fenómenos de masa, epidemias. Drogadictos hubo mucho antes que en nuestra época, los hubo desde que se conoció el uso de drogas pero el nivel de masa, de industrialización, eso si es propio de nuestra época. La conformización de los deseos en prácticas de goce conformizadas e industrializadas. Un solo país puede producir automóviles para el planeta entero, pero también puede producir cocaína para el planeta entero, con un modo de producción industrial. Los modos de drogadicción de la época están vinculados a esta producción, a este régimen nuevo que tenemos, tanto sean los fármacos como otro tipo de drogas son productos que entran en la reconfiguración de manera conformista de las figuras del deseo moderno. Las epidemias modernas son la conformización que alcanzan un nivel inédito en la historia, ahora una campaña de publicidad es global. En el mundo entero se van a comprar los productos de L'Oréal gracias a las excelentes publicidades y las piernas extraordinarias que se ven, como aquí en la 9 de Julio con ese inmenso afiche que hay y que fascina suficientemente para después vender L'Oréal por todo el planeta. Los productos de lujo también se estandarizan de manera excepcional, pocas marcas se difunden de esta manera. Esta conformización a un nivel masivo produce patologías de conformización de las formas de goce, formas mortíferas que se estandarizan también. Entonces estamos enfrentados a patologías que se pueden definir como globalizadas. Por ejemplo, epidemia de cómo destruirse con cocaína, crack, heroína, etc., todos estos instrumentos producen efectos que tienen por un lado un rasgo de conformización y por otro de exceso que es muy de la época. Algo que no para, uno puede matarse con drogas, puede matarse con el trabajo, puede matarse con el juego y nadie lo puede parar. Se puede pensar que con la ley se va hacer desaparecer el juego, o el alcohol, o drogas pero la prohibición produjo efectos catástroficos al nivel de las mafias. Hoy en día se introducen las prohibiciones en nombre de Salud Publica, y no de la moral. Pero la prohibición del tabaco en Estados Unidos produce también catástrofes a nivel del consumo de azucar, la diabetes, por ejemplo. El exceso, es algo imposible de parar en el sujeto moderno solo con la ley y las prohibiciones.

-Una exigencia pulsional

-Una exigencia pulsional que precisamente produce efectos inéditos y que se pueden calificar de patologías nuevas. Son los efectos nuevos que produce la voluntad de contención de la exigencia pulsional una vez que las viejas tradiciones que señalaban como comportarse en la vida caen. Por supuesto cada tradición es absurda y Voltaire en el Siglo de las Luces supo mostrar lo absurdo que tiene toda tradición. Pero después hay que inventar una nueva respuesta a la exigencia pulsional. Esto es más complicado que la sola contención.

-Digamos que la exigencia pulsional nunca se puede detener, frente a la prohibición surgen otros canales como el mercado paralelo que se inicia a partir de la prohibición que Estados Unidos impuso frente al alcohol, pero cuando las prohibiciones se reblandecen la pulsión no encuentra un cause para su desarrollo sino que aparecen los fenómenos que tenemos hoy en día, sea como sea la pulsión siempre sobrepasa cualquier cálculo.

-Eso es así. Sea como sea el cálculo de un bienestar ideal es imposible, pero la idea de pensar que solo con la represión se va a encontrar una solución es ir a lo peor. Mejor la negociación con lo peor. Esto no significa tener una posición laxista. No hay que abandonar a los sujetos a su suerte, no hay que mirar para el otro lado, ni destruir el aparato de ayuda a los adictos. Es necesario tener la idea que sí es un problema, pero también que no solo con dispositivos de represión o de desconocimiento es como vamos a solucionarlo.

-¿Cómo sería la negociación que usted propone?

-Esto es lo que hacen los profesionales todos los días, es decir que alguien que tiene un problema de adicción pueda encontrar un profesional con el cual va a poder enfrentar su demonio y no con una perspectiva angelical suponiendo que hay soluciones a corto plazo para un problema que es difícil, a muy largo plazo, al plazo de una existencia. Efectivamente esto supone la formación de profesionales tales que puedan acoger este tipo de demanda y no las soluciones de quick fix, de pensar que con una propuesta rápida y técnica uno va a librarse de esto o proponer como solución entrar en un dispositivo en el que en veinte sesiones se cura de su adicción al tabaco y después hay una sanción. Este es el tipo de modelo que piensa que el psicoanálisis es demasiado laxista y entonces hay que reemplazarlo por un dispositivo de evaluación-observación, después terapia comportamentalista a corto plazo y luego sanción fuerte. Constituye una perspectiva que ya ha producido en la historia efectos catastróficos y va a seguir produciéndolos si se repite.

-En Lost in cognition (El lugar de la pérdida en cognición) en relación al trauma y los acontecimientos que ha experimentado la civilización en los últimos años (atentados, guerras) postula el pre-traumatic stress disorder, ¿en qué consiste?

-Primero es una ironía sobre el post-traumatic stress disorder. En un ideal de regulación técnica del mundo, en la perspectiva de describir todo en términos de procedimientos que tengan una ley de funcionamiento, lo imprevisto tiene función de trauma a partir de lo cual, luego, se puede generalizar la causa como un trauma. Vivir es un trauma, la sexualidad es un trauma, vivir la sexualidad es un post-traumatic stress disorder permanente. La extensión de la clínica o de la perspectiva del trauma fuera de lo que es o en lo cual ha tenido su auge o tiene su pertinencia –después de los traumas de guerra o de terrorismo– pierde su interés. Cuando se hace una extensión general a todos los malos encuentros posibles de la vida, de la categoría de trauma, se lleva al sujeto a vivir en una angustia permanente de lo que puede surgir como acontecimiento imprevisto a lo cual uno al mismo tiempo se prepara y se defiende en una espera angustiosa. En este sentido es vivir en el pre-traumatic stress disorder. Cuando uno se traslada a un aeropuerto y ve todas las medidas de vigilancia, cámaras por todas partes, filas de seguridad, examen de todo lo que uno lleva consigo, uno ve la presencia de algún tipo de amenaza mortífera que no tiene cara, que no tiene nombre, que justifica procedimientos de seguridad cada vez más invasores, es la sociedad de vigilancia y seguridad en la cual estamos metidos cada día más.
En Inglaterra, que es ahora el país en el cual sueñan de manera muy destacada con reducir todo a comportamientos. Esperan mucho de una terapia comportamentalista general, aplicada al país, esta perspectiva se ha desarrollado mucho más, incluso mucho más aún que en Estados Unidos. También, con millones de cámaras para preparar la seguridad de los juegos olímpicos, tenemos la idea que esta sociedad, esta cultura de vigilancia es más bien el fracaso del ideal previo que era el supuesto éxito del multiculturalismo inglés. Deja lugar a un modo de civilización muy inquietante, en el cual la presencia angustiosa diaria de una amenaza que no tiene cara y que se trata de fotografiar a todos los niveles se hace parte de nuestra atmósfera, vivimos en ella al modo de un pre-traumatic stress disorder.

-Al modo de la presencia de un Otro controlador, vigilador.

-Ese Otro es el panóptico.

-Un especie de retorno de los Dioses que podrían estar viéndolo todo.

-Exactamente, el retorno de un Dios inquietante, porque no es un Dios que tiene sus profetas y que precisamente al afirmarse como Dios significa –como el Dios de Israel– que ningún hombre es Dios, que ningún ídolo es Dios. Mientras que este retorno extraño de este Dios muy humano que podría vigilarnos a todos trata de afirmarse como un Dios demasiado humano y es mucho más inquietante en lo que puede producir. La sociedad de lo útil precisamente. Al fin el panóptico fue inventado por Bentham que inventó la radicalización del utilitarismo, en este sentido es lógico que un espacio en el que solo se reconoce la dimensión de lo útil se transforme en una cultura de vigilancia permanente.

-Donde todo lo persecutorio se exacerba, se incrementa.

-Así es, se realiza.

-En nombre de elSigma le agradezco la disposición que ha tenido durante esta breve estadía en Buenos Aires para facilitar el presente intercambio. Muchas de sus consideraciones dan lugar a la apertura de nuevos interrogantes que permiten seguir trabajando en función de la transmisión del psicoanálisis.

Eric Laurent es psicoanalista y Delegado General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Algunas de sus obras destacadas son:
Ciudades analíticas
Concepciones de la cura en psicoanálisis
Entre transferencia y repetición
Estabilizaciones en las psicosis
Hay un fin de análisis para los niños
Los objetos de la pasión
Las paradojas de la identificación
Psicoanálisis y Salud Mental
Lost in cognition