lunes, 23 de noviembre de 2015

MUERTE, CLÍNICA Y SUBVERSIÓN DEL SUJETO EN EL VIII ENCUENTRO DE SEMILLEROS DESDE EL PSICOANÁLISIS

Por: David Parada Morales

          
Pues no basta decidirlo por su efecto: la Muerte.
Se trata además de saber qué muerte, la que la vida lleva o la que lleva a ésta.”
 (Lacan; 1960)

Más que hacer una reseña sobre lo que sucedió en este encuentro que tuvo lugar en Villavicencio,  lo que intento es aproximarme por vías del discurso puesto en juego allí, a lo que he intentado denominar dentro del grupo Psicosis y Psicoanálisis como el encuentro con el significante. Tal Tyche, aún, a mi manera de ver, parece ser el efecto de todo este automatón que gira entorno a estudiantes y profesores que quieren decir y aproximarse a lo indecible. Si bien en la experiencia cotidiana apreciamos el saber del extranjero, del colono que nos dio espejos para condenarnos a la captura imaginaria de lo que no es, de ese yo que busca siempre a su prójimo para reconocerse en él y poder así huir al encuentro de su real y su verdad, también es cierto que uno mismo lo llega hacer porque se siente extranjero a eso que el Otro me dice que soy. A pesar de los esfuerzos de las comunidades indígenas por recuperar la identidad, hay otra identidad que no emerge allí y que se asemeja más a un espantapájaros vestido con traje Wayuu y converse.  Lo que  reflejó ese espejo que los españoles nos dieron fue una magia oscura que me recuerda algunas experiencias del  bebé autista en relación con su madre, una de ellas decía a propósito de su hijo “Él me miraba, pero a los seis meses él desvió sus ojos y los dirigió a otra parte”, el niño no quiso reflejarse allí, haciendo honor al título del libro de  Donna Williams ¡Aquí no hay nadie! una autista que dice desde su experiencia haber podido salir del mutismo y escribir lo que ella creía que era. Si pudiera suponer  que en este país ¡no hay nadie!, diría que el encuentro desde el psicoanálisis es una forma de bordear ese vacío, aquel que leí en el seminario VII de Lacan y que pone en el lugar de la Cosa, de Das Ding; dice allí   que la religión respeta ese Das ding, la ciencia lo forcluye y el arte lo organiza. También Lacan  formula en este seminario  la definición de sublimación como  Elevar un objeto a la dignidad de la Cosa.

Con lo anterior quiero decir que en el encuentro una de estas tres posturas frente a la Cosa estaba presente, la que forcluye, pero en el sentido de su tratamiento, es decir partiendo de la idea del delirio y la psicosis como un intento de curación. Me pregunto si lo que el encuentro produjo fue un trato a esa que Lacan diría entonces es “La Loca Ciencia” y que siendo sus secretarios,  es a esa psicótica a la que el grupo apunta para dirigirle un tratamiento, por eso  algunos compañeros del grupo y los que apostaron por decir lo que querían,  ahondaron en temas que los concernían como sujetos, podría pensarse sujetos de una ciencia que los inscribe en un Otro llamado Universidad; inevitable entonces no aproximarse a ella con temas como: la producción en Colombia, la clínica como un concepto a reevaluar, el suicidio en los indígenas, el lugar de los niños en el conflicto armado, el asunto de qué es la realidad en un contexto colombiano, la ley y el deseo en la infancia y sí allí podría haber leyes de otro orden no necesariamente jurídicas; también el lugar de la poesía como medio de posicionarse en un vivir colombiano, de ahí que canciones como “ Llamarada” de Jorge Villamil lograra poner a una ponente en el cuestionamiento del olvido y la me-moría. ¿Por qué no cuestionar a Freud desde la docta ignorancia?  siendo importante para algún ponente dirigirse a Don Freud preguntando por una historia de vida con la que se  refunfuña y se  intenta reconciliar. Desde Popayán se esperó la palabra de ese germen ya incrustado allí llamado psicoanálisis, siendo un caso sobre el duelo en transferencia lo que diera lugar a repensar prácticas psicológicas.

Sólo una asociación libre tengo en el momento: La ciencia es la psicótica que nos puso a hablar en aquel encuentro con los significantes que gravitan entorno al discurso académico, falto del significante nombre del padre, pero con una bocanada de palabras por estructurar como suplencias a la falla que allí se instaló en la razón. Pero además, percibí un intento porque esta suplencia sea obra y se convierta en ese objeto de la psicosis elevado a la dignidad de la Cosa, por eso  me parece importante destacar el campo de la belleza y su otra cara la fealdad, mostrar aquellas marcas sobre el cuerpo que producen otra consistencia imaginaria del sujeto en el tatuaje, o jugar con Cervantes y la literatura para dar vida  a retazos que unidos como collage, producen otra obra de teatro que quizá sea la búsqueda por la tragedia de la psicosis, así como Edipo  fue para la neurosis.

Posiblemente estas ideas no tengan nada que ver con lo que realmente cada ponente se planteó como objetivo de su ponencia, pero, fueron los  restos que quedaron en mí y los intento atar como significantes en este escrito. Lo que intento es escuchar a una pintura que va tomando la forma de una palabra por decir, de un significante que haga función de corte entre el sujeto y el objeto. En ese sentido escucho a los ponentes en calidad de sujetos, que se encuentran en un encuentro (Tyche), y que en su núcleo tiene por una de sus caras el  rostro de un cadáver; digo cadáver porque no es la calavera de Holbein que Lacan rescata del cuadro Los Embajadores para dar lugar al objeto mirada lo que me evoca el encuentro desde el psicoanálisis, sino algo con carne aún, en descomposición, que en su gesto tiene una apuesta por devolver al sujeto lo que dice del crimen que cometió sobre ese cuerpo, el suyo. La mortificación del significante en la realidad colombiana continúa su curso, no sé si en espejo o en la sombra, pero parece que aún damos pataditas de ahogado cuando se intenta poner en acto lo que se piensa desde lo inconsciente, dependerá de cada uno quedarse con la estructura ósea del cadáver que somos o con la nada que queda cuando el cuerpo se hace polvo y revela su vacío.  La subversión del sujeto está pues pasando el espejo de Alicia, en un país lejos de las maravillas, pero cerca de una sociedad enferma del supuesto saber.